Cabras montesas 'aprenden' a 'saltarse' las vallas de las autovías

Un grupo de cabras montesas cruza la N-340 tras haber saltado las vallas de la A-7/Juan Enrique Gómez
Un grupo de cabras montesas cruza la N-340 tras haber saltado las vallas de la A-7 / Juan Enrique Gómez

El incremento de sus poblaciones las convierte en habituales de carreteras de Granada y Almería, donde intentan recuperar sus pasos tradicionales a pesar del tráfico

JUAN ENRIQUE GÓMEZ y MERCHE S. CALLE

Miran el horizonte desde los puntos más altos de un talud artificial. Son tres cabras montesas que forman parte de un nutrido grupo que ha hecho suyo el territorio de los montes situados en la línea costera entre Castell de Ferro y Albuñol (Granada) y que en ocasiones llega hasta Adra (Almería). Frente a ellas discurre una interminable barrera de tela metálica que intenta impedir la entrada de animales en la Autovía del Mediterráneo, pero que también les corta el camino para bajar en busca de los acantilados más cercanos al mar. Cuatro de sus compañeras de manada les esperan al otro lado de la valla, descansando sobre una cornisa de rocas cortadas por retroexcavadoras.

La imagen muestra la forma en la que las cabras montesas logran rebasar las alambradas
La imagen muestra la forma en la que las cabras montesas logran rebasar las alambradas / J. E. GÓMEZ

¿Cómo han logrado superar la barrera de protección vial? Con un mínimo de observación es posible comprobar que estos animales han descubierto fórmulas para superar los obstáculos en sus recorridos habituales entre los acantilados costeros y zonas de interior. Caminan despacio junto a la valla hasta encontrar un hueco entre los alambres y sus anclajes al suelo. Han aprendido a agacharse, a levantar la valla con sus cuernas, y en un ejercicio impensable para un animal de su tamaño: arrastrar el vientre sobre la tierra hasta deslizarse al otro lado de la barrera. Lo hace una detrás de otra y se lanzan en una frenética carrera entre las piedras sueltas, hasta encontrarse con sus compañeras. Pero unos metros más abajo, otra carretera, la N-340 vuelve a suponer una nueva barrera que han de superar con precaución. Miran a un lado y otro de la calzada, pero el rugir de varias motos les provoca una reacción incontrolada. Corren por el interior de la calzada hasta que comprueban que los motoristas han disminuido la marcha ante la presencia de los animales, lo que aprovechan para cruzar la carretera y perderse bajo los roquedos del acantilado costero.

Estos animales, que han visto su territorio cruzado por numerosas vías de tráfico y reducido por la proliferación de urbanizaciones y cultivos, se han visto en la necesidad de aprender, de desarrollar comportamientos que les permitan sobrevivir en un ecosistema cada vez más alterado. Pero ese aprendizaje implica también un grado de peligrosidad creciente en la relación con el ser humano, ya que el incremento de las poblaciones de Capra pyrenaica hispanica, la subespecie de cabra montés que habita en las provincias de Granada, Jaén y Almería, ha provocado una mayor presencia de animales en las carreteras, sobre todo en vías que no tienen protección contra fauna que pueda ocupar las calzadas. De hecho, en los últimos meses, los responsables de la autovía A-7 han aumentado el número de señales de peligro por animales sueltos instaladas en los bordes de las calzadas, en concreto en zonas de La Garnatilla, Torrenueva, Castell y La Mamola.

El sureste ibérico es donde se registran las mayores poblaciones de Capra pyrenaica, con alrededor de 17.600 solo en Sierra Nevada, de las 23.000 que se estiman existen en las provincias de Granada, Jaén y Almería.

La observación demuestra que pueden superar las barreras. El recorrido que realizan entre la playa y puntos de interior es habitual, diario, y cada vez que lo hacen cruzan las carreteras e incluso la autovía, donde esperan pacientemente en sus cunetas hasta que creen que no hay peligro. Pero las cabras montesas, como otros animales, no pueden detectar la alta velocidad a la que se acercan algunos vehículos, por lo que se pueden generar accidentes graves.

El desarrollo de las poblaciones de cabra montés, generado tras las medidas de protección de la especie puestas en marcha después de que los estudios científicos la catalogasen como 'vulnerable' a la extinción en Andalucía y en regresión en el resto de España, ha generado problemas de convivencia con el hombre y los usos del entorno natural. Especies de fauna que siempre han mantenido la distancia con los núcleos urbanos, carreteras y cultivos, se ven abocados a estrechar la cercanía puesto que sus espacios son ocupados y alterados. La vuelta a una relación de sostenibilidad con el entorno y la puesta en marcha de sistemas de protección animal efectivos en infraestructuras y núcleos urbanos, podría paliar, al menos en parte, un problema que crece día a día. Los usuarios de las infraestructuras viarias en zonas de riesgo deberían ser conscientes del peligro, tanto para ellos como para los animales, y al menos reducir la velocidad e incrementar la atención en zonas sensibles.

Cabra montesa joven
Cabra montesa joven / J. E. GÓMEZ
Proteger la biodiversidad

Estudios científicos sobre la mortandad de animales por atropello en carreteras demuestran que donde existen pasos para fauna, las cifras bajan de forman considerable. El hecho de que las cabras montesas logren superar las barreras avala estudios impulsados por la Fundación Biodiversidad del Ministerio de Agricultura y pesca, alimentación y Medio Ambiente, para diferentes especies, coindicen en la necesidad de ubicar pasos de fauna. La realidad de la A-7 indica que los pasos de fauna son insuficientes.

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