Educación ambiental, más allá de «ir de excursión»

Un grupo de estrudiantes durante una clase en el campo /J. E. GÓMEZ
Un grupo de estrudiantes durante una clase en el campo / J. E. GÓMEZ

La Asociación Nacional de Educación Ambiental reivindica la necesidad de formación y no solo entretenimiento

IDEAL

Ante el día internacional dedicado a la formación en materia de medio ambiente, que se celebra el 26 de enero, la Asociación Nacional de Educación Ambiental considera que aunque la preocupación ambiental se ha introducido ya en todas las agendas y, paralelamente, se ha tomado conciencia de la importancia de que la educación ambiental debe llegar a todos los sectores sociales. Sin embargo, no está resultando fácil aceptar los compromisos que el medio ambiente hoy demanda, por lo que la educación se ha dirigido especialmente a los niños, y las actividades han girado sobre conocimiento del medio, visitas a granjas, excursiones, etc. Sin duda, son iniciativas necesarias, pero no suficientes.

En primer lugar, la educación ambiental debe llegar a los adultos igual o más que a los niños, porque son aquellos los responsables, por acción u omisión, de los daños ambientales, y porque los niños aprenden de sus comportamientos y mensajes. Entendemos que el sistema prefiere dirigir los programas a los niños, cuyo contexto parece más aséptico e inofensivo, pero no basta. Niños y adultos deben ser sujetos educativos, pues de poco valdría una escuela ideal en una sociedad hostil o indiferente.

En segundo lugar, las actividades de conocimiento del medio (sembrar, ordeñar, recolectar) tampoco son suficientes. Se las considera educación y no siempre son así, por su realización puntual y desconectada de propuestas integradoras, temporalizadas y evaluables Las salidas al medio deben estar insertas en programas con objetivos a corto y largo plazo, y donde la práctica comunitaria sensibilice y conciencie. Como lo verde vende, muchas empresas ofrecen servicios en la naturaleza, que no ayudan a descubrirla, ni cuestionan el modelo económico y social que la maltrata y explota.

«Por ello, proponemos una educación ambiental dirigida a todos los públicos, con la metodología adecuada en cada caso, que permita la reflexión, el debate y la participación como instrumentos de conocimiento de la realidad y de transformación de la misma. El cambio climático o los tóxicos en la vida diaria, entre otros desafíos, requieren respuestas que cuestionen nuestro modo de vida, y aunque la educación ambiental no tiene la última palabra, su concurso es imprescindible para que los ciudadanos comprendan, actúen y acompañen las medidas institucionales. Y esto sólo será posible con una educación ambiental que enfatice el sustantivo: educación, valores, responsabilidad y compromiso».