Río Dúrcal, el cauce escondido

Las aguas del río Dúrcal se remansan bajo el puente de Lata, en la zona de los molinos./J. E. GÓMEZ
Las aguas del río Dúrcal se remansan bajo el puente de Lata, en la zona de los molinos. / J. E. GÓMEZ

El río Dúrcal deja las cumbres entre desfiladeros y muere entre densos bosques de ribera

JUAN ENRIQUE GÓMEZ y MERCHE S. CALLEGRANADA

Gruesos tapices de musgos de color verde intenso crecen sobre frágiles piedras de esquistos y viejos troncos de álamo negro. Alzan sus filamentos coronados por cápsulas de esporas en busca de la luz y a la altura suficiente para expandirlas en aras de la reproducción. Generan un micropaisaje excepcional, un universo de vida que se desarrolla en ecosistemas ocultos, escondidos, donde la luz del sol llega de forma tímida cuando el invierno desnuda las ramas de los árboles y arbustos.

Entre los musgos se mueven moluscos terrestres y de agua dulce, crecen hongos y se desarrollan larvas de invertebrados, parte fundamental de una red trófica que aprovechan micromamíferos, aves y reptiles para alimentarse. El invierno hace posible observar la biodiversidad de espacios que la exuberante vegetación de ribera convierte en inexpugnables durante primavera y verano.

Ahora, en el inicio del invierno, es posible caminar junto a las riberas, por viejas sendas de animales, entre frondosas masas de hiedras por el corazón del bosque de ribera que oculta el paso del cauce de uno de los ríos más característicos y caudalosos de la alta montaña nevadense, el río Dúrcal, que nace en las cumbres de Sierra Nevada, en los Nacimientos, y desciende a través de la cara sur entre desfiladeros, algunos de ellos tremendamente encajonados entre rocas y tierras dolomíticas, con parajes increíbles como la cascada de los Bolos y captaciones de aguas para viejas centrales hidroeléctricas.

Pero se puede conocer la esencia del río Dúrcal sin necesidad de caminar por veredas de alta montaña ni a través de cañones de roca bañados por aguas bravas. Bajo los puentes de Dúrcal, el conocido puente de Lata, la estructura metálica creada por el estudio de Eiffel en Francia y los antiguos y modernos viaductos de la carretera de la Costa, el río discurre entre un bosque de galería que en invierno desvela sus secretos junto al puente romano (realmente nazarí construido sobre una base posiblemente tardorromana). Un corto recorrido que parte a la derecha de la primitiva carretera N-323, tras pasar bajo al puente de Lata, baja hacia el cauce a través del antiguo camino que buscaba un lugar para vadear el río. Desde el puente romano, aguas arriba, surgen veredas que se internan en las riberas y ascienden hacia territorios más profundos, senderos bordeados por alamedas naturales, sauces y fresnos, incluso con la presencia de grandes albercas de distribución de las aguas captadas del viejo río.

Aguas abajo, tras el puente medieval, el cauce discurre junto a caminos que acceden a espacios recreativos, molinos y se oculta entre nuevos desfiladeros que le conducen al encuentro de los ríos Torrente e Ízbor, que formarán juntos el pantano de Béznar y, más abajo, la presa de Rules.

Bajo los puentes de Dúrcal

El río discurre bajo las antiguas y moernas estructuras viarias, desde los viejos puentes de la carretera N-323 al vial de la A-44, y bajo el puente de hierro contruido en el estudio de Eiffel, conocido como puente de LataVídeo, fotogalerías y biodiversidad en Waste Magazine