Maíllo: «No me la quiero jugar, no me lo perdonaría»

Antonio Maíllo, durante su comparecencia/E. P.
Antonio Maíllo, durante su comparecencia / E. P.

Confiesa que el estrés de la política tras haber superado un cáncer es la razón personal para dejar todas sus responsabilidades en IU y el Parlamento

María Dolores Tortosa
MARÍA DOLORES TORTOSA

Antonio Maíllo Cañadas (Lucena, 52 años) ha comparecido ante los periodistas «aliviado» como un «niño con zapatos nuevos» para explicar las razones «personales» por las que ayer comunicó de forma oficial que deja la política con todos sus cargos, el de coordinador general de IU Andalucía, el de portavoz de Adelante Andalucía y el escaño en el Parlamemto. Vuelve a sus clases de Latín en el instituto de Aracena (Huelva) y a retomar sus aficiones, entre ellas el aprendizaje de idiomas. Habla inglés, francés e italiano y ahora quiere aprender portugués. Esas razones de dejar la política activa de primera línea -no renuncia a la militancia en IU y el PCA asumida en los ochenta- guardan relación con la grave enfermedad a la que se enfrentó a finales de 2015, cuando le diagnosticaron un cáncer de estómago del que felizmente se recuperó. Pasa sus revisiones y sigue en forma, pero ahora reconoce que la enfermedad le supuso «un punto de inflexión» para tomar la decisión de ahora. «No me la quiero jugar, no me lo perdonaría». Maíllo ha aprovechado la comparecencia para reivindicar el ejercicio de la política como algo normal que permita a quienes la ejercen «conciliar la vida humana, la salud y el bien vivir». En su opinión, la política ha adquirido en los últimos años un grado de alta tensión tal que en su caso puede costar una factura que no le merece la pena. «Se puede luchar contra el sistema, pero no contra la biología», ha afirmado. Por ello llama a la reflexión para que estar en un puesto de responsabilidad política «no suponga estar en la tensión permanente o en vivir del susto o muerte».

Maíllo confiensa que el momento elegido para decir adiós ha sido adrede, aunque la decisión la tomó hace meses. Quería dejar los deberes hechos en la medida de lo posible. Tomó la decisión en febrero cuando se adelantaron las elecciones generales y se dio cuenta que el ciclo electoral terminaba con las municipales y europeas del 26 de mayo. «No me habría ido sin haber terminado el ciclo electoral, por responsabilidad». Ha defendido su dedicación a destajo en unos años «vertiginosos» en la política nacional y andaluza. «Me he dejado la piel y algo más», afirma para también recordar que siempre apeló a la política como «algo temporal». Por ello se siente consecuente con su filosofía de «no vivir de esto y regresar al sitio donde uno venía».

Maíllo fue elegido coordinador general de Izquierda Unida un 16 de junio de 2013; ha hecho este domingo seis años. Sustituía a Diego Valderas y se le consideró el «aire fresco» que necesitaba Izquierda Unida para afrontar el cambio generacional sin rupturas internas. Ante los periodistas ha confesado su satisfacción por haber dejado una organización «cohesionada» y haber «resistido en 2015 donde por poco desaparecemos».

También contará en su trayectoria haber sido el promotor junto a Teresa Rodríguez de una confluencia de su formación con Podemos «en igualdad de condiciones», a diferencia de la alianza nacional. Como batallas ganadas apunta la cruzada de Izquierda Unida en Bruselas para salvar Doñana de las amenazas de los pozos ilegales y el almacenamiento de gas natural. También menciona el haber conseguido como cabeza de lista por Sevilla cuatro diputados en el Parlamento, la cifra más alta en la historia de IU.

Han sido seis años «vertiginosos» en los que la política ha dado varios tumbos imprevistos. Cuando él asumió el liderazgo de IU esta formación era parte del Gobierno de coalición con el PSOE en la Junta de Andalucía, Podemos no existía, Cs era un partido catalán y el PP de Rajoy era hegemónico en España. Maíllo defiende la confluencia con Podemos, aunque advierte de que esta es «irreversible, pero no se ha consumado». Tras avisar de que estaba locuaz e iba a responder a todo lo que se le preguntaba sin tapujos ha confesado no estar de acuerdo con que Podemos entre en el Gobierno del PSOE. Ha utilizado su experiencia en la Junta, si bien ha acotado a continuación su máximo respeto a Pablo Iglesias por la decisión que tome. «Me merece toda la confianza», ha dicho.

Esa asignatura pendiente la deja para sus sucesores. Maíllo asegura que no tutelará el proceso para la elección del nuevo líder de Izquierda Unida en Andalucía, aunque en una respuesta ambigua ha dejado caer que le gustaría que fuera una mujer. «Prefiero alguien que sea inteligente y estupenda», ha respondido. Por lo pronto el consejo andaluz de la formación elegirá a un sucesor o sucesora transitorio. El secretario general del PCA, Ernesto Alba, asume las riendas del proceso. Aunque su nombre es uno de los posibles sucesores, también suena el de la diputada gaditana Inmaculada Nieto.

Maíllo se ha ido quedando bien con todos. Orador de verbo afilado en el Parlamento ha tenido palabras de agradecimiento para todos sus adversarios políticos, desde el presidente, Juanma Moreno, a Susana Díaz, con quien nunca tuvo buena relación, hasta Juan Marín y, por supuesto a su compañera de confluencia, Teresa Rodríguez. Todos ellos han despedido a Maíllo con palabras de elogio y comprensión. También el presidente de Vox, Francisco Serrano,se ha sumado al glosario de elogios a quien se va.