«La situación en Gaza es difícil, pero tememos que lo peor esté por llegar»

Simpatizantes de la causa palestina recibieron ayer al activista Manuel Pineda en la estación María Zambrano de la capital./
Simpatizantes de la causa palestina recibieron ayer al activista Manuel Pineda en la estación María Zambrano de la capital.

El activista andaluz Manuel Pineda regresa a Málaga después de actuar como escudo humano en la Franja durante la última ofensiva israelí

AMANDA SALAZARmálaga

Manuel Pineda regresa a Málaga con muchas imágenes grabadas aún en su retina. Y, según explica, tardará mucho en olvidar todo el horror que ha visto en la Franja de Gaza. El activista y coordinador de la Asociación Unadikum ha actuado en la zona como escudo humano durante la última ofensiva israelí y vuelve ahora para dar testimonio de la situación que está sufriendo la población palestina.

La Asociación Unadikum lleva desde el año 2011 trabajando en la Franja para proteger con la presencia de civiles internacionales -identificándose con chalecos amarillos- a los campesinos y pescadores palestinos de los ataques del ejército Israelí.

Con el recrudecimiento de la violencia, Pineda y otros cuatro activistas que estaban en la zona han estado en la primera línea de los bombardeos tratando de velar por los heridos en hospitales y ambulancias. No es la primera vez que Pineda pone en peligro su vida para apoyar la causa palestina pero, según explica, nunca había pasado momentos tan duros como los de las últimas semanas. «Hemos tenido que recoger restos de niños de entre los escombros; uno nunca está preparado para algo así pero entendemos que nuestra presencia allí es ahora más necesaria que nunca», dice.

Sin embargo, Pineda reconoce que, como escudo humano, la labor de los ciudadanos internacionales ha cambiado en esta última ofensiva. «Hasta ahora, nos poníamos entre los soldados israelíes y los palestinos sabiendo que como mucho iban a disparar al suelo o al aire porque para Israel la vida de un internacional vale más que la de un palestino; pero esta vez han bombardeado infraestructuras a pesar de saber que estábamos allí», indica. Pineda explica que tuvieron que trasladar a 17 heridos del hospital de Wafa que el ejército israelí atacó pese a que había internacionales dentro alegando que Hamas escondía en él armamento y a miembros de la resistencia. «El director del hospital hizo un llamamiento a la prensa internacional para que fuera a revisar el hospital y pudieran desmentir esas declaraciones», según relata Pineda.

A pesar del riesgo que conlleva esta labor, el activista asegura que volverá a Gaza en cuanto finalice su labor de concienciación en España. Su objetivo ahora es dar a conocer el drama que vive la población y hacer un llamamiento para que los ciudadanos de los países desarrollados se manifiesten también contra sus Gobiernos, «que permiten la venta de armas a Israel y se ponen así del lado de los verdugos». Además, Unadikum colabora con otras ONG que trabajan actualmente para trasladar a niños palestinos heridos a hospitales españoles para tratarlos aquí.

Una treintena de simpatizantes de la causa palestina recibieron ayer a Pineda en la estación María Zambrano de la capital, donde volvió a recordar la gravedad de la situación. «La cifra de muertos asciende ya a 2.000 y hay otras 10.000 personas heridas graves; Israel ha bombardeado hospitales, ambulancias, colegios de la ONU donde se encontraban refugiados desplazados, centros geriátricos. La situación es realmente dramática», afirmó. Y opina que lo peor está por venir si en los acuerdos que se están negociando en El Cairo no se levanta el bloqueo a la Franja y solo se pacta un alto el fuego. «Actualmente entran víveres y medicamentos a cuentagotas, no hay combustible y los bombardeos han destruido la única central eléctrica que quedaba en pie; si todo sigue igual, lo que ha pasado hasta ahora será una anécdota y podría morir mucha más gente», argumenta.

Los más desprotegidos

Pineda también llamó la atención sobre la realidad que están viviendo los niños. «La mayor preocupación para los palestinos no es que les mate una bomba, es dejar solos y totalmente desprotegidos a sus hijos», afirma. De hecho, continúa, muchas familias «duermen en un mismo cuarto para minimizar las opciones de que una bomba les afecte ante un posible ataque»; pero, en el caso de que les toque a ellos, «prefieren morir todos juntos».

«No hay zonas seguras en Gaza y no pueden salir de allí; Amnistía Internacional definió la Franja como la mayor cárcel del mundo al aire libre, pero creo que más bien se ha convertido en el mayor campo de exterminio que existe», sentencia Pineda.