Granada presumió de versos por el Día Mundial de la Poesía

La 'Espiral Poética' dibujó palabras y sentimientos en el patio del Palacio de Carlos V./MARÍA DE LA CRUZ
La 'Espiral Poética' dibujó palabras y sentimientos en el patio del Palacio de Carlos V. / MARÍA DE LA CRUZ

Granada se vistió de versos en un día en que casi 60 autores leyeron obras propias y ajenas en 25 establecimientos

JOSÉ ANTONIO MUÑOZGRANADA

Con la primavera, como viene ocurriendo desde hace tres años, llegó a Granada el Día Mundial de la Poesía, una celebración auspiciada por el ente 'Granada, Ciudad de la Literatura Unesco', y que ofreció como resultado un traje a medida para la ciudad, cortado con tela de versos. Casi 60 poetas se repartieron por 24 librerías y centros culturales de la ciudad para recitar de viva voz letras propias o ajenas, pero siempre con el objetivo de acercar un género literario que no destaca por su volumen de ventas, pero sí por su profundidad y el poso que deja su lectura en quien accede a él con la mente abierta.

Muy pronto, poco después de las seis de la tarde, comenzaron las lecturas para niños en diversos establecimientos por los que pasaron autores como Jesús Amaya, Ana Aguilera o Manuel M. Mateo. Yuna hora después, el Centro Lorca acogió el acto principal, protagonizado por tres de las voces más en boga de la literatura hecha en Granada: Trinidad Gan, Andrés Neuman y Ángeles Mora. En el edificio de la plaza de la Romanilla se pudo observar una de las constantes de la tarde, que no fue otra que el lleno en casi todos los actos. Muchas personas se quedaron en la calle, pero pudieron derramarse hacia otros lugares de la ciudad.

Andrés Neuman leyó algunos fragmentos de dos de sus títulos, 'Década' y 'Vivir de oído', mientras que Ángeles Mora hizo lo propio con una amplia selección de sus obras, entre ellas 'Ficciones para una autobiografía', ganadora del Premio Nacional de Poesía, aunque también hubo tiempo para versos de 'La canción del olvido' o la antología 'Las mujeres son mágicas'. Por su parte, Trinidad Gan comenzó su intervención con el primer poema de 'El tiempo es un león de montaña', su más reciente obra editada por Visor, y presentó varios poemas y prosas inéditas.

Pocos minutos después se inició el recital en El Corte Inglés de la Carrera del Darro, donde Javier Gilabert, Gerardo Rodríguez Salas y Fernando Jaén ofrecieron un recital muy variado, con versos y prosa poética. Jaén leyó versos de 'El corral de las cuatro esquinas', 'Las reapariciones' y 'Las orillas difíciles' entre otros títulos, y comentó el papel de la poesía como arma de defensa contra el miedo. También hubo espacio para lecturas antológicas de nombres como Teresa Gómez. Emocionante fue la declamación de 'Manadas', con una carga de reivindicación de la libertad de la mujer, y otros versos de apoyo a colectivos como el LGTB. Granada estuvo también presente con la antología 'Caballo del alba. Voces de Granada para Federico'.

Ahogados y náufragos

En Agapea, a las 19:30, el aire evocó historias de ahogados narradas por José Miguel Gómez Acosta, y textos en prosa dedicados a Antonio Jiménez Torrecillas, extraídos de un libro con dibujos de secaderos de Francisco Carreño. Le acompañaron Jesús García Calderón y y Pedro Luis Casanova. Y de ahí a Reciclaje, donde Antonio Mochón dio «una patada tras otra a un balón lleno de piedras», mientras que Teresa Gómez leyó 'Equilibrista', un poema de muy reciente factura, que recrea un diálogo de la autora con la poesía. Cielo, mar, esperanza, palabras que llenaron el éter, con referencia a Camille Claudel, y su más reciente creación, un poema sin título que comienza: «Aunque pares y pares de zapatos hacen corro en torno a mí...».

En la tarde de ayer fue fácil gastar zapatos de lectura en lectura. Entre pilas de libros de coleccionista en la librería Atlas, Olalla Castro desgranó sus poemas de 'Bajo la luz el cepo', casi cantando: «Siento cómo se desprenden de mi frente las palabras...». Muy cerca, en la Librería Babel de San Juan de Dios, el acento sibilante de Ioana Gruia recibía al visitante con 'Summertime en el Pont des Arts', recuerdo de un verano tórrido en París. Tras sufrir el 'mal del poema perdido', la búsqueda infructuosa de esos versos que se quieren leer y no se encuentran, terminó con 'Granada', precedido de una cita de Luís García Montero, canto a una ciudad vestida con piel de tango. Junto a ella, F. David Ruiz y Javier Bozalongo.

La Picasso también estuvo muy animada a las ocho y media para escuchar a Álvaro Salvador, que leyó 'Pizarra negra' de 'La canción del outsider', con ecos de una casa soñada que el poeta no consigue ubicar, perfecta. De 'Fumando con mis muertos', leyó '8 de marzo', donde recordó a su madre fallecida. Ytambién hubo tiempo para algún inédito, como 'Marca España', un paseo por una playa cualquiera donde el cuerpo femenino se contrapone al hedor de la contaminación real y moral. En definitiva, versos que fueron aire, y al aire fueron, en una tarde primaveral.

Espiral de poetas y versos en el patio del Palacio de Carlos V

El patio del Palacio de Carlos V se convirtió, a la caída de la tarde, en un marco privilegiado para disfrutar del arte, en este caso, del arte poético. El acto, aunque fuera del programa municipal, fue sumamente interesante, tanto por su concepción estética como por el resultado final.

Nombres como los granadinos Marina Tapia, Javier Cobos, Pedro Enríquez, José Luis Gärtner, Ivonne Sánchez Barea, Ayes Tortosa, Antonio Enrique, Javier Seco, Marina Tapia o Marcos Jiménez, formaron parte de la VI Espiral Poética por el Mundo, en la que estos poetas y varios invitados de otras provincias españolas se colocaron en forma de concha de nautilus en torno al patio del Palacio, leyendo 36 textos escritos por poetas procedentes de diferentes lugares del mundo en un recital que concluyó con dos poetas granadinos del siglo XIV, Abu Ishaq Ibrahim al-Sahili, conocido como Es-Sahili, y el poeta de la Alhambra Ibn al-Yayyab, con el que terminó la lectura.

El evento estuvo acompañado de la intervención musical de la violinista granadina Marta Iglesias. Distintas épocas, distintas sensibilidades, se dieron cita sobre el empedrado creando un efecto único.