«El ginkgo biloba del Jardín Botánico»

En torno a la pintura están todas las cosas que me gustan. Los edificios de viviendas que aparecen en mis cuadros, los espacios que la contienen (el Palacio de Carlos V) los libros (Color y Cultura de John Gage) o las conferencias (Cuarenta pinturas en busca de voz, del Centro Guerrero).

Joaquín Peña Toro, libro en mano, disfruta de la quietud y frescor del arbolado del Jardín Botánico./RAMÓN L. PÉREZ
Joaquín Peña Toro, libro en mano, disfruta de la quietud y frescor del arbolado del Jardín Botánico. / RAMÓN L. PÉREZ
JAVIER F. BARRERAGRANADA

Viene de asomar la nariz a un listado que le revelará si ha aprobado o no las oposiciones a las que se ha presentado. Y viene contento, lo que es buena noticia. Y viene completamente vestido de azul, con sus tonalidades ajustadas.

-¿Cuál es tu sombra favorita?

-Este ginkgo es un buen árbol al que arrimarse. Luego llegaron los que están en la Gran Vía pero el del Jardín Botánico es un veterano que he ido viendo en muchos momentos de mi vida: camino del colegio o tomando cervezas al otro lado de la verja, en el otro Botánico, el café.

-¿Cómo ha ido tu trabajo en este curso?

-Intenso. Simultanear los asuntos académicos y artísticos implica hacer malabares con el calendario y, en mi caso, muchos kilómetros. Es literal que me muevo mucho porque intento llegar a todo lo que puedo. Una de las satisfacciones ha sido pronunciar el discurso de recepción del cartel de este Corpus.

-¿Qué proyectos tienes?

-Tengo un año por delante para preparar mi participación en la serie 'La colección del Centro vista por los artistas'. La exposición abrirá en el Centro Guerrero a mediados de julio de 2019. Parece mucho tiempo pero no lo es en absoluto así que, después de dos semanas de descanso, me encierro en el estudio a trabajar.

-¿Qué planes tienes para este verano?

-Este año toca Italia. Una amiga mía dice que Italia debería ser peregrinación anual obligatoria. Voy a escuchar los grillos en la Toscana en un viaje inspirado por la película 'Call me by your name'. Me llevo el libro en el que se basa y 'Fractura' de Andrés Neuman. No hay nada más planeado.

-¿Chiringuito en la playa o tienda de campaña en el monte?

-Soy mucho más de chiringuito. Especialmente los motrileños, que disfruto cada año, ya sea después del baño o con el relente de madrugada. Beber así sabe diferente. Me gustan, incluso, los menos sofisticados: un chiringuito no debe dejar de ser un chiringuito.

-¿Por qué el arte es la vanguardia?

-La afirmación de partida ya sería cuestionable, pero eso es lo que hace el arte: cuestionar y plantearse nuevos modos de abordar la realidad. Como su principal arma, a mi entender, es la intuición, sus procesos son muy poco domesticables. Hay quien llama a esto vanguardia.

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