Iberos: escultores y constructores

Muralla Ciclópea de Ibros, durante una de las últimas intervenciones, en la que se realizaron labores de limpieza . /IDEAL
Muralla Ciclópea de Ibros, durante una de las últimas intervenciones, en la que se realizaron labores de limpieza . / IDEAL

Porcuna e Ibros arrojan pistas sobre sus facultades para trabajar la piedra. El conjunto de Cerrillo Blanco y la Muralla Ciclópea son dos recursos emblemáticos en el 'Viaje al tiempo de los iberos'

ANTONIO ORDÓÑEZ JAÉN.

La escultura ibérica no se podría entender sin Cerrillo Blanco, al igual que la Muralla Ciclópea de Ibros aporta importantes datos sobre los métodos constructivos-defensivos de esta cultura. IDEAL continúa con la serie de reportajes que diseccionan el 'Viaje al tiempo de los iberos', que impulsa la Diputación Provincial de Jaén, y que en esta ocasión se detiene en dos enclaves singulares por sí mismos y que han dado interesantes pistas para conocer la manera de vivir de esta civilización en el Alto Guadalquivir.

Cerrillo Blanco es considerado como uno de los lugares más emblemáticos de la cultura ibera y sin duda uno de los grandes focos de estudio para comprender su escultura, las técnicas empleadas o la funcionalidad con la que se creaban estas piezas. Esta parada del 'Viaje al tiempo de los iberos' comienza en esta necrópolis de inhumación datada en el siglo VII a.C. Allí fue enterrado, en el siglo V a.C., el impresionante conjunto escultórico más importante de toda la cultura ibérica. En el sitio arqueológico y en su Centro de Visitantes se encuentran las claves para comprender este grupo escultórico y ampliar la visión sobre el significado de la muerte en el mundo ibérico.

Cerrillo Blanco es un túmulo funerario de época tartésica (s. VII a.C.) con 24 sepulturas individuales en fosa y 1 megalítica en la que se enterraron dos individuos. Como se ha indicado, hacia el s. V a.C., se depositó en zanjas cubiertas con grandes losas un conjunto escultórico ibérico destruido de forma intencionada. Tanto por la cantidad de piezas (1.400 fragmentos aproximadamente), como por su calidad artística, es el más importante de la escultura ibérica. Este conjunto narra la historia de cómo un grupo de aristócratas adquirió poder y llegó a gobernar la importante ciudad de Obulco en Porcuna. En esta joya escultórica se diferencia un grupo de guerreros frente a otro grupo de figuras más heterogéneas. Dentro de los guerreros se distinguen ocho estatuas mayores de bulto redondo: guerrero de la armadura doble, guerrero inacabado con casco, guerrero de la espada larga, jinete desmontado y caballo junto a guerrero atravesado por una lanza, guerrero caído con ave, guerrero con caetra colgada al hombro y guerrero asido por la muñeca. Pero tampoco hay que olvidar la griphomania, el toro o el águila, que aportan igualmente particularidades propias de este soberbio conjunto.

Canteras de S. de Calatrava

Teresa Chapa Brunet (Universidad Complutense de Madrid) afirma en el artículo 'Artistas ibéricos en el siglo V a. C.' (publicado en la revista Andalucía en la Historia, en un especial titulado 'Iberos, 600 años de historia de Andalucía'), que el taller de Porcuna del que salieron estas piezas «contó con diversos escultores trabajando en un proyecto común que ensalzaba las creencias de la aristocracia contemporánea. El estudio detallado de las piezas revela un nivel extraordinario, tanto en el diseño de los grupos escultóricos como en la técnica de su manufactura. El trabajo debió de ser largo y costoso, teniendo en cuenta las necesidades de cantería, transporte y proceso de talla. Algunas obras muestran marcas muy finas que pudieron identificar a sus autores o referirse a su destino final». Al respecto, Chapa Brunet asevera que «existe la convicción generalizada de que fueron las canteras de Santiago de Calatrava, hoy abandonadas, las que suministraron la materia prima para las esculturas de Porcuna (...). Esto añadiría la dificultad del transporte, puesto que este yacimiento de calizas se encuentra a 18,5 kilómetros de distancia del Cerrillo Blanco. La preparación y conservación de un camino apto para carros o soportes de madera, en los que pudieran llevarse los bloques, no era una de las menores tareas implicadas en el proceso. La presencia del escultor en la cantera resultaba imprescindible, ya que debería asegurarse de que los bloques que iba a emplear no tenían grietas o 'pelos' que pudieran arruinar el trabajo una vez comenzado. Además, el inicio del trabajo en la propia zona de extracción permitiría aligerar la piedra y facilitar su traslado».

Respecto a las causas de la destrucción, la experta de la Universidad Complutense de Madrid destaca que se barajan diferentes teorías, «desde ataques externos en épocas conflictivas, como la Segunda Guerra Púnica, al desarrollo de procesos internos de conflicto social que llevarían a rechazar los símbolos más característicos de la ideología dominante, al estilo de la 'damnatio memoriae' que conocemos para la época romana. En el caso de las esculturas del Cerrillo Blanco la incógnita permanece, ya que tras su fractura, las piezas se introdujeron cuidadosamente en una zanja, una costumbre que se extiende en otras zonas del Mediterráneo cuando un edificio sagrado cambia de emplazamiento o renueva su construcción», concluye.

La visita al yacimiento se completa con el Museo de Porcuna que está ubicado en la Torre de Boabdil del siglo XV, en pleno centro histórico de la localidad. Este museo cuenta con una importante colección de esculturas ibero-romanas. Desde el museo se ofrecen visitas guiadas con cita previa y programación de actividades durante todo el año que se pueden encontrar en su web: www.museodeporcuna.com.

Muralla de Ibros

Continuamos con el viaje, que nos lleva hasta Ibros para contemplar su singular Muralla Ciclópea. Respecto a esa denominación -que hace alusión a esos seres mitológicos de un único ojo y que eran considerados grandes constructores y artesanos-, parece ser que durante la Edad Media se empezaron a descubrir murallas de grandes bloques trabajados, como esta de Ibros, y que empezaron a llamarse 'estructuras ciclópeas', llegando a la conclusión de que solo los cíclopes reunían la habilidad y la fuerza necesaria para poderlas construir.

Fue Manuel de Góngora en su viaje por la provincia de Jaén allá por el 1860 quién descubrió esta magnífica muralla, afirmando por primera vez que era de fábrica ibérica. Aquel catedrático de Historia Universal e inspector de Antigüedades hizo un descubrimiento espectacular, pues fue el pionero en identificar los pueblos Iberos del Alto Guadalquivir. En estudios más recientes, este tipo de estructuras ciclópeas se ha identificado con torres y recintos fortificados que abarcarían una cronología comprendida entre los siglos II y I a.C. En esos momentos tardíos de la cultura ibérica, los romanos ya se encuentran en tierras del Guadalquivir y se imponen nuevos modelos de ocupación del paisaje, en los que parece que estas grandes estructuras defensivas se corresponden con sitios estratégicos que delimitan y controlan territorios, caminos, fuentes de agua, e incluso campos de cultivo.

La muralla ciclópea de Ibros, que hoy aparece integrada en el caserío, ha perdurado hasta nuestros días como un importante elemento arquitectónico de la cultura ibérica. Sus grandes piedras, que en origen estaban unidas sin argamasa, enseñan muchas cosas de aquellas gentes: miedos, avances tecnológicos, luchas y guerras, conquistas, transformaciones sociales... Se localiza en la zona norte del casco histórico, en el barrio conocido como 'el Señorío'. Tiene un emplazamiento lógico desde el punto de visto estratégico, ya que defendía la zona más vulnerable y más cercana al cauce del río.

Se trata de uno de los monumentos prehistóricos más célebres de la provincia de Jaén. Una gran construcción, formada primitivamente por un recinto cuadrangular que rodeaba el perímetro del poblado del que hoy solo se conserva una esquina de 12 y 13 metros de largo. Sus enormes sillares están ensamblados sin mortero y poseen unas dimensiones de 3,60 metros de longitud por 1,70 metros de ancho. La web castillosyfortalezasdejaen.com indica que esta muralla presenta características similares a otros oppida ibéricos construidos en márgenes fluviales (Puente Tablas junto al Guadalbullón o Larva, junto al Guadiana Menor). Su tipología recuerda a la muralla de Cerro Miguelico, en Torredelcampo, e incluso algunos estudiosos la comparan con las míticas construcciones de Boecia, Samos y Micenas.

Como se ha indicado, la Muralla Ciclópea de Ibros tenía una función defensiva militar. El asentamiento estaba dotado de una defensa natural en la zona superior y posterior del poblado. Constituye un elemento valiosísimo, no sólo por su valor histórico y su antigüedad, sino porque desde el punto de vista constructivo constituye un ejemplo interesantísimo de una forma de construir que dentro de su aparente sencillez y brutalidad constituye un complejo y sabio sistema de atado y acuñamiento realizado con una precisión impecable.

 

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