El cardenal Carlos Amigo Vallejo ofició la misa de Pascuamayo en Santisteban del Puerto

Saludo del cardenal y el alcalde santistebeño. / J. A. G-M.
Saludo del cardenal y el alcalde santistebeño. / J. A. G-M.

JOSÉ A. GARCÍA-MÁRQUEZJAÉN.

La ermita del Ejido, templo de culto que acoge una parte significativa del Pascuamayo santistebeño, se llenó ayer domingo de forma absoluta para asistir a la misa de Pentecostés, momento clave en el ritual festivo del municipio condatense. La expectación era máxima, en gran parte porque la misa la oficiaba el cardenal franciscano y arzobispo emérito de Sevilla, elector en los cónclaves de 2005 y 2013, monseñor Carlos Amigo Vallejo.

Silencio solemne en el templo, que siguió con atención una homilía cargada de humanidad, reflexiones afectivas y consideraciones religiosas. El oficiante, que hizo un canto a la amistad, el amor, la bondad y la concordia, realizó un símil entre la pasión de Cristo y las bendiciones de la Virgen; bendijo el retablo de la ermita en la que, según la tradición, se apareció la Virgen del Collado; destacó la coronación canónica de la patrona y ensalzó Pascuamayo. «Esta fiesta de la primavera, que me ha cautivado tanto que bien podría ser considerado ya un santistebeño más», dijo. Los asistentes estallaron en un aplauso que se prolongó hasta que el cardenal alcanzó la calle, acompañado por otro eclesiástico de Santisteban del Puerto, Rafael Higueras, prelado de honor de Su Santidad, canónigo magistral de la Santa Iglesia Catedral de Jaén, y por el alcalde, Juan Diego Requena.

Hoy, lunes

La programación festiva sigue en Santisteban y hoy, lunes de Pentecostés, no se celebrarán espectáculos taurinos y estará íntegramente dedicado a la Virgen del Collado. Por la mañana, fiesta en la ermita. Los hombres visten en general de oscuro y las mozas, de color y con mantilla blanca. Comen en la Mayordomía y, por la tarde, procesión de la Virgen desde la ermita a su iglesia de Santa María. A su llegada, el cuadro de la Mayordomía deberá de ser tomado por una familia. El ritual establece que, al término de la salve, el vecino que coja más alto la vara central del estandarte se convierte en mayordomo.

Es la gran interrogante de las fiestas de Pascuamayo: ¿Querrá alguien hacerse con la Mayordomía? En años precedentes hubo incluso tensión porque fueron varias las personas que incluso forcejearon por hacerse con ella. En ediciones más lejanas, en cambio, las fiestas terminaron con expresiones de dolor, pesadumbre y hasta llanto sin consuelo porque nadie se prestó a perpetuar la tradición y el cuadro acabó en casa del alcalde.

Los mayordomos contraen la obligación de custodiar en su casa el cuadro de la Virgen, mantener la casa abierta al pueblo durante todo un año, participar en todos cuantos rituales se organicen, ofrecer una lumbre el día de la Candelaria y dar cenas y comidas en momentos claves de las fiestas.