El roscón más dulce

Siete personas acababan ayer por la mañana el roscón gigante de Quevedo en el obrador de la compañía, junto al Paseo Marítimo. /M. C.
Siete personas acababan ayer por la mañana el roscón gigante de Quevedo en el obrador de la compañía, junto al Paseo Marítimo. / M. C.

La panadería Quevedo elabora un roscón de 75 metros para colaborar con A toda vela | La cafetería, en el Paseo Marítimo, organizó actividades infantiles y recopiló comida para el Banco de Alimentos

Miguel Cárceles
MIGUEL CÁRCELESALMERÍA

En el obrador de Quevedo, siete pares de manos trabajaban, a falta de cinco horas para la gran cita, a destajo. Uno de esos pares de manos, el de Francisco Trujillo, era la primera vez que se afanaban en una tarea de este calibre. «Me está encantando», decía sincero, tras haber dado cobertura a uno de los enormes trozos de roscón que ayer sumaron espíritu navideño y solidaridad. «Si el jefe me contrata, me vengo aquí a trabajar». La iniciativa la lanzó Quevedo, una panadería y pastelería familiar con obradores en El Ejido y en Almería, el pasado año. Y de seguida se les sumó A toda vela, una organización que trabaja en la inclusión de personas con discapacidad intelectual en materia de ocio. Daniel Quevedo y su hermano Emilio dirigen esta gran empresa. «Él se encarga de la pastelería y yo de la pastelería», narra el propio Daniel, que ayer llevó la batuta del segundo gran roscón solidario de Quevedo en Almería.

En total, 150 'panes' de roscón de reyes de cerca de medio metro. Unos 50 kilogramos de harina, 75 metros de dulce que se repartieron ayer al módico y solidario precio de dos euros por porción con chocolate incluido. «Cuando decidimos abrir esta cafetería queríamos que fuera más que un lugar donde tomar algo. Pretendíamos que tuviera actividad cultural, solidaria, música», relataba ayer Daniel, con las manos en la masa. «Y después de haber conocido iniciativas solidarias como esta en un viaje a Barcelona, decidimos montarla aquí en Almería. Un año participé en Jerez en un acto así y fue genial», rememora.

A la vuelta de Cádiz, contactaron con A toda vela y surgió el evento, que ayer cumplió su segunda edición. «Esperamos tener éxito», decía ilusionado Daniel.

Daniel y Emilio son la segunda generación de Quevedo, un negocio que montó su padre en el barrio de Calahonda, en El Ejido. Ahora, heredando un modo de vida que les lleva a trabajar a deshoras -ya se sabe, los panaderos son casi los que estrenan el nuevo día- han ampliado y han llegado al barrio de El Zapillo de Almería, un lugar privilegiado en la calle Sorrento desde cuyos ventanales se disfruta como en pocos lugares de las magníficas vistas de la Bahía de Almería y el apacible y casi siempre soleado Paseo Marítimo de la capital.

Para terminar de redondear la jornada -no sólo el roscón tiene forma circular- Daniel planificó con A toda vela actividades infantiles y en su cafetería también se recogieron bolsas de comida para donar al Banco de Alimentos.

«Queremos que la gente vea qué es lo que hacemos día a día, el por qué nos sacrificamos, el por qué nos levantamos cada mañana. Que hacemos todo de forma artesanal, que no hay ningún tipo de congelado, aquí se va haciendo todo sobre la marcha. El panadero que amasa por la mañana es el panadero que cuece por la noche utilizando ingredientes, masas madre», relata Daniel.

En el obrador se acumulaban cajas y cajas con 'barras' de roscón rellenas de crema, brillantes y con la nieve de azúcar sobre su cobertura. Un lujo para el olfato que, desde las cuatro de la tarde, fueron endulzando los paladares de una Almería que, animada por el espectacular día de sol de ayer, se echó en masa a pasear y disfrutar del aire libre. Frente al mar, un trozo de roscón y un vaso de chocolate. Un lujazo espectacular que, además, lleva consigo la generosidad del espíritu navideño.