Granada, 1966: «Una de las mayores ilusiones de toda esposa, complacer a su marido»

Miguel Ángel R. Pinto, presidente de los publicistas andaluces, explica la imagen de la mujer en la década de los años sesenta mientras la directiva de la Red de Mujeres del Zaidín comparte su lucha por la igualdad

Distintas campañas de publicidad publciadas en el diario IDEAL en la década de los sesenta en las que se otorga a la mujer un trato que hoy en día está completamente desfasado./R. I.
Distintas campañas de publicidad publciadas en el diario IDEAL en la década de los sesenta en las que se otorga a la mujer un trato que hoy en día está completamente desfasado. / R. I.
Javier F. Barrera
JAVIER F. BARRERAGranada

Granada, 1966: «Una de las mayores ilusiones de toda esposa, complacer a su marido», es un texto que se podía leer en una campaña publicitaria publicada en el diario IDEAL a lo largo de la década de los años sesenta. El texto dice: «Marido satisfecho. Después del delicioso menú preparado con su cocina Bru. Esta es una de las mayores ilusiones de toda esposa. Complacer a su marido y a sus hijos con una mesa atractiva y bien servida que le permitirá, incluso, lucirse ante sus invitados». ¿A que chirría? Mucho. No en vano ha pasado medio siglo. Ha sido la larga noche de las mujeres de papel, donde el reflejo de su identidad se circunscribía al hogar, a la familia, a coser y cantar, a la cocina.

Unas religiosas enseñana a un grupo de jóvenes a manejar la máquina de coser en la década de los años sesenta.
Unas religiosas enseñana a un grupo de jóvenes a manejar la máquina de coser en la década de los años sesenta. / Torres Molina

En cinco décadas se ha llegado hasta tal día como hoy, 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, en el que está convocada una huelga general a la que se suman las movilizaciones en toda España convocadas por los colectivos feministas. Tras el éxito increíble de la protesta global del año pasado, España será hoy uno de los puntos de referencia internacional en la lucha por la igualdad.

El tono de las campañas de la época era similar. También la información que se publicaba. Una de ellas, por ejemplo, destacaba en titulares que «la mujer española tiene más sentido hogareño que la inglesa» y criticaba en los sumarios que «las esposas británicas prefieren trabajar fuera de casa para ser más independientes», que «es normal y corriente que el marido comparta totalmente con su mujer las tareas domésticas», y que «en casi ningún hogar inglés se planchan las sábanas, toallas, paños de cocina y ropa interior». Otra información destacaba que «La Asociación de Amas de Casa quiere defender los intereses de todo hogar». Temáticas todas, ciertamente alienantes.

Miguel Ángel R. Pinto mantiene que la publicidad refleja a la sociedad pero también ayuda a cambiarla.
Miguel Ángel R. Pinto mantiene que la publicidad refleja a la sociedad pero también ayuda a cambiarla. / Ramón L. Pérez

El reflejo de la publicidad

Lo explica Miguel Ángel R. Pinto, director de la ESCO y presidente de la FAEPA, la Federación de Publicistas de Andalucía y fundador de Alternativa Comunicación, que este año ha cumplido veinte años. «Al final, la publicidad es un tira y afloja. Intenta rescatar las tendencias de la sociedad, los esquemas, los tópicos, los clichés alrededor de la marca y el producto. Trata de ser un reflejo de la sociedad para conectar con ella y luego marca tendencia para liderar», explica.

Para explicar estas campañas publicitarias de los años sesenta, describe que «pasan dos cosas. La primera es que el mercado se abre. Están los tecnócratas en el poder. Se abren a las marcas y multinacionales y la economía de mercado empieza a abrirse. En los años sesenta, el 60% del consumo era la alimentación. La autarquía. Es un 'vamos a comprar lo suficiente'. Ahora en los sesenta se rompe la autarquía y empieza a crecer la clase media. Yse pasa al 'vamos a darnos un capricho'. Entonces hay que empezar a diferenciar las marcas. Piensa que el 70% de los coches que se vendían eran SEAT y había lista de espera. La publicidad era entonces informativa. Ahora hay que diferenciar. Llegan los Mad Men de Madison Avenue de los 50-60. Nos empapamos de estas ideas. Son ideas renovadoras. Muy creativas».

Miguel Ángel R. Pinto, respecto a la imagen de la mujer de antaño, es taxativo: «Ahora acabas en la cárcel. Pero antes, era una España donde para abrirte una cuenta corriente necesitabas el permiso de tu marido. Y, en ese contexto, la publicidad reflejaba esa situación».

Las mujeres de la red del Zaidín creen que hay que seguir luchando por la igualdad.
Las mujeres de la red del Zaidín creen que hay que seguir luchando por la igualdad. / Alfredo Aguilar

La Lucha continúa

En un local de Granada cae la tarde lentamente y las componentes de la Red de Mujeres del Zaidín se preparan para la manifestación del 8M. Son unas cuarenta mujeres y la directiva está formada por la presidenta, Antonia Jiménez Moya; la secretaria, Vanessa Montoro Bravo; la tesorera, Remedios Requena;y dos vocales, Encarni Bravo Marcos y Mari Carmen. Ellas recuerdan estas publicidades perfectamente. De hecho, iban dirigidas a ellas. Pero se rebelaron, lucharon y se independizaron.

«Siempre estamos reivindicando y ahora nos parece más importante que nunca. Hay que apoyar más por todo lo que está pasando (se refieren al resultado de las elecciones en Andalucía). Tenemos miedo a perder todos los derechos que hemos adquirido. Por no decir mucho miedo», coinciden todas ellas. «Tenemos que seguir manteniendo por todo lo que hemos luchado», insisten.

Otra de ellas explica que «personalmente me da un poco de miedo con lo que ha pasado en Andalucía, que otra vez tengamos que salir, que nos miren siempre a las mismas. Y tenemos una cierta sensación de cansancio, porque parece que está todo conseguido, y pensar que igual hay que empezar de nuevo es agotador. Pero no hay que rendirse. Es difícil, pero hay que seguir».

Respecto al 8M, también tienen sus propias ideas:«Pensamos que no debería existir, lo que supondría que todo se ha logrado, que hubiera realmente igualdad, que no tuviéramos que salir a la calle, que no hubiera ni hombres ni mujeres, sin etiquetas, todas somos personas con los mismos derechos». Y para la jornada de hoy viernes, lo ven «como que el año pasado fue un exitazo, lo que no se había visto nunca. Qué menos que sea igual porque el año pasado fue muy ilusionante. Había mucha gente».

Ainhoa tiene 27 años y es la más joven. Cree que la movilización «está bien porque están las cosas mal y hay muchas cosas que hay que arreglarlas. Por ejemplo, que hay los mismos trabajos y que las mujeres cobren menos».

En la Red de Mujeres del Zaidín se han preparado a fondo para la jornada del 8M.
En la Red de Mujeres del Zaidín se han preparado a fondo para la jornada del 8M. / Alfredo Aguilar

«Nací para obedecer»

Ahora recapacitan sobre los avances logrados. «Se han roto muchos techos de cristal, se han logrado cosas», dice una. «Psssss», rechaza inconformista otra. Recuerdan entonces que «en los ochenta y los noventa todo era muchísimo más participativo, dónde va a parar». Ahora, «nosotras trabajamos todos los días, pero algunos se movilizan solo para el 8M». Respecto a la imagen de la mujer y la vida que le deparaba aquellos años sesenta y setenta, responden tajantemente y de forma muy ilustrativa: «Depende de con quién te casaras». Poco más que añadir.

«Éramos unas mujeres muy guapas muy pintadas sentadas en tu casa», describe una. «Yo era la mujer perfecta, tenías que tener a los niños arreglados y a tu marido perfecto. No te podías realizar. Eras un adorno. A los cuarenta y tantos me pude separar y liberarme. Tenía que hacer lo que quería él».

«Nunca me he conformado con el trabajo en la casa y el marido y los niños. Y me ha costado como a todas salir de la casa, pero una vez fuera, ya no hubo quien nos metiera dentro. Teníamos y tenemos inquietudes y objetivos», relata otra. Otra cree que le fue mejor: «Yo me he sentido siempre muy a gusto siendo una mujer de mi casa. Pero también estuve en la lucha, llegué a aprender corte y confección y empecé a ver otras cosas. Y me apunté».

Queda un último testimonio, desgarrador y valiente. Tomen nota:«He vivido muy reprimida toda la vida entera hasta que empecé a salir porque iba a aprender a coser y cortar. Me reprimieron no solo porque me casara sino desde mi madre, porque las niñas teníamos que quedarnos en casa, y si salías rebelde lo pasabas muy mal. Yo simplemente tenía que estar dentro de la casa. No tenía amigas. Íbamos al cine, pero con mi hermano y mi madre. Y a él le vino de perlas porque era celosísimo. Cuando empecé a venir al centro a aprender a coser empezaron los problemas. Y al final me separé».

«Yo estaba acostumbrada a obedecer. Nací obediente, era como te criaban, lo que tú veías que era lo más normal del mundo». «Mi madre me ha estado diciendo toda la vida hasta cómo me tenía que sentar». «Es que había nacido para obedecer. Yno me dio la gana». Yolé.