Lourdes Verdes-Montenegro: «Granada es ciudad de la ciencia, lo que falta es saberlo»

Esta ciudadana del universo, como ella se define, coordina desde Granada la participación española en la construción del radiotelescopio SKA, la mayor infraestructura científica de la humanidad

Lourdes Verdes-Montenegro, junto a una de las antenas del Parque de las Ciencias (aunque, aclara, con los radiotelescopios no se escucha nada)./Ramón L. Pérez
Lourdes Verdes-Montenegro, junto a una de las antenas del Parque de las Ciencias (aunque, aclara, con los radiotelescopios no se escucha nada). / Ramón L. Pérez
José E. Cabrero
JOSÉ E. CABREROGranada

Una niña mira las estrellas con su familia, todos tumbados en el césped de un chalet de Madrid. Asombrados por el poderoso firmamento, coinciden en que si pasara una nave extraterrestre se subirían sin pensarlo. Esa divertida curiosidad infantil se convirtió en una imparable vocación científica. Aquella niña, Lourdes, con ojos orientales y pelo del color de Escocia, que nació en Suiza, creció en Madrid, se formó en Huelva y aterrizó en Granada por amor a la astrofísica. Un amor con el que se colaría en el observatorio de Sierra Nevada, durante dos semanas, sin llamar la atención, porque era donde debía estar.

Lourdes Verdes–Montenegro (este Universo, 1964) es investigadora en el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA–CSIC) y coordina, desde Granada, la participación española en la construcción del radiotelescopio SKA, la mayor infraestructura científica creada por la humanidad.

–Leo que te dedicas a investigar el medio 'interestelar' y el 'origen' de las galaxias. Pareces el personaje de una película de Christopher Nolan.

–Sí (ríe), de hecho me encanta el cine. Con Emilio García y Rafa Garrido, también del IAA, damos una charla de divulgación que llamamos 'Astrocine'. Comparábamos el estado del arte en astrofísica con lo que dicen las películas. Nos centrábamos en lo que el cine imaginaba, no en los errores.

–La imaginación y la ciencia tienen una conexión directa, supongo.

–La libertad de investigar ciencia es lo más bonito que hay. Es un privilegio que nace de la imaginación.

–¿Te va la ciencia-ficción?

–Sí, me gusta mucho. Empecé con los libros y luego el cine. Últimamente he leído los relatos de Liu Cixin y me gusta que la ciencia–ficción está volviendo a lo social, como la serie 'Black Mirror'. Esa mezcla me gusta.

–Y tu historia con el espacio, ¿cómo empezó?

–Con 12 años ya guardaba recortes de prensa que hablaban del espacio. Recuerdo aquellas noches con mi familia tumbados, viendo las estrellas, buscando extraterrestres. Mi hermano me regaló un tratado de astronomía... Me enganché desde pequeña.

–¿Cómo llegaste a Granada?

–Me enamoré de la ciudad en un viaje, cuando estudiaba la carrera de Física en Huelva. Me vine a terminar, para hacer astrofísica. Rellenando la matrícula descubrí que aquí no se estudiaba astrofísica... (ríe) Pero estaba el observatorio de Sierra Nevada. Nada más llegar aquí, me iba al Instituto de Astrofísica y me ponía a hacer como que leía revistas. Me pasaba mucho por allí. Hasta que un día pregunté si podía visitar el observatorio. Me dijeron que podía ir en uno de los viajes a llevar suministros, con la expedición, un par de días. Me llevé una mochila para tres días y me quedé dos semanas. El último día de la campaña les conté a todos que me había colado... Entonces empezaron a llamarme para que ayudara a hacer observaciones con el telescopio. Allí encontré a alguien con quien hacer la tesina. Y me quedé.

–¿Qué queda de aquella niña que buscaba alienígenas?

–Pues mira, si alguien nos puede dar esa sorpresa es SKA. Tiene capacidad para detectar una señal similar a la de una televisión en planetas que estén orbitando por las 10 estrellas más cercanas. Podríamos hacer el primer contacto, ¿te imaginas?

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–Vale. Explica qué es SKA (Square Kilometre Array ) como si estuviéramos en la barra de un bar.

–Es un proyecto de astrofísica para construir un radiotelescopio muy especial. Su particularidad es que en vez de tener una única antena, como el de Sierra Nevada, es un radiotelescopio con muchas antenas, con una longitud de onda diferente al normal, repartidas por África y Australia. Al sumar muchas antenas aumentas su sensibilidad, lo que nos permitirá observar fenómenos como el origen del universo, señales tan hiperdébiles que con una única antena sería imposible.

«Vamos a estudiar el momento en el que se empiezan a formar las primeras galaxias»

–El origen del universo... parece como si hubiera un punto del que brote todo, como una casilla de salida en un juego de mesa.

–Pues aparte de que exista ese punto, que es la teoría más aceptada, lo que vamos a hacer con SKA es estudiar el momento en el que se empiezan a formar las primeras galaxias, un momento no se ha observado hasta ahora.

–¿Qué se hace desde aquí?

–Granada coordina la participación de ciencia y tecnología en el proyecto. Ahora se está acabando el diseño y en uno o dos años empezará la construcción. En este periodo es muy importante posicionarse en el proyecto tanto científica como tecnológicamente y preparase. Para el diseño ha habido unos diez consorcios y hemos tenido contacto con ellos para que hubiera empresas españolas participando. Hay una docena, entre ellas mi centro y la spin–off de la UGR, Seven Solutions. Y ahora estoy coordinando la creación del prototipo de los centros regionales de recogida de datos para que el IAA sea uno de los centros de datos de SKA, un auténtico núcleo de ciencia.

–¿Es Granada ciudad de la ciencia?

–Granada es ciudad de la ciencia desde hace mucho, lo que falta es saberlo. Además de ser una ciudad preciosa, con un patrimonio increíble y gastronomía alucinante, tenemos a nivel científico una calidad reconocida internacionalmente. Tenemos que ser conscientes del potencial que tenemos aquí y para eso hay que salir a la calle y contar la ciencia a la gente.

«Los astrónomos soñamos cosas que parecen imposibles»

–A generar vocaciones.

–Cuando veo la cara de los niños que acuden a las charlas de Emilio me parece increíble que no salgan vocaciones científicas. Es pura ilusión.

–¿Sigues yendo a mirar las estrellas?

–Uf, muy poco... En Granada yo no veo las estrellas, veo tres. ¿Para qué apuntan las farolas hacia arriba? Y hace tiempo que no voy al observatorio. Las echo de menos.

–Sí que pareces un personaje de una película.

–En casa tengo una habitación con un techo de cristal y quiero que se abra. Todo el mundo me dice que lo tape. Pero yo quiero poner mi colchón en el suelo, abrir la ventana y ver las estrellas. Aunque sean tres.

«SKA tendrá un impacto social, por ejemplo, en energías límpias»

Las primeras pruebas del radiotelescopio SKA serán entre 2023 y 2026. Yel primer proyecto, en 2027. «Eso es poco tiempo en términso científicos», señala Lourdes Verdes.

–En la calle es difícil entender esos tiempos.

–Hay que prepararse mucho tiempo porque es un gran desafío. Los astrónomos soñamos cosas que parecen imposibles. Queremos ver cada vez más lejos, objetos más débiles y eso tiene unos desafíos tecnológicos enormes. En todo el camino desarrollaremos cosas que tendrán impacto social.

–¿Qué tipo de impacto?

–Te pongo un ejemplo retroactivo: la wifi nació porque un grupo de radioastronomía necesitaba algo para coordinar señales entre radiotelescopios. SKA aportará mucho en eficiencia energética. Hay que abaratar mucho el coste de las energías renovables y que tengan capacidad de producir la energía necesaria 24 horas al día. También me motiva que SKA va a estar en ocho países de África y va a llevar tecnología punta a las zonas del planeta que tienen menos acceso a la tecnología y a la educación.