El derribo de 'La chata'

Se cumplen 70 años de la demolición de la vieja plaza de toros del Triunfo

Bonita vista de la Plaza del Triunfo, en una imagen tomada desde la antigua aula de Dibujo del Instituto Padre Suárez./ARCHIVO DE IDEAL
Bonita vista de la Plaza del Triunfo, en una imagen tomada desde la antigua aula de Dibujo del Instituto Padre Suárez. / ARCHIVO DE IDEAL
Amanda Martínez
AMANDA MARTÍNEZGranada

El sábado 14 de agosto de 1948 comenzaron los trabajos de demolición de la vieja plaza de toros del Triunfo. La techumbre de los palcos de sombra fue la primera en caer. Había sido protagonista de buena parte de la historia de la fiesta nacional en Granada con carteles que incluían nombres como los de Salvador Sánchez 'Frascuelo', Juan Belmonte, Rafael Torres Bejarano 'Guerrita', Luis Mazzantini, Ricardo Torres 'Bombita', 'Lagartijillo Chico', Manuel Jiménez 'Chicuelo', Rafael González 'Machaquito' o Rafael Gómez 'El Gallo'. Contaba la crónica de IDEAL que su derribo dejaba «tristeza en el ánimo de todos».

En 1879, tras varios años sin festejos por el incendio de la Maestranza el 10 de septiembre de 1876, el ayuntamiento aprobó el proyecto del rico empresario cordobés Pedro Álvarez de Moya para construir la que sería la segunda plaza de obra de Granada: «el proyecto viene a colmar las aspiraciones de la creciente afición granadina, que vuelve a disponer de un coso de categoría, con magníficas y modernas instalaciones y suficiente aforo como para poder acoger grandes espectáculos», explica Francisco Martínez Perea, redactor taurino de IDEAL.

Inspirada en aquella antigua plaza, aunque adaptada a las exigencias de los nuevos tiempos, se levantó con planos del arquitecto municipal Cecilio Losada y a 150 metros de la anterior un edificio «de un piso de estilo mudéjar, en donde estaban los tendidos y encima un piso de gradas de madera y un pasillo en su exterior sostenido por columnas de hierro muy al estilo que por aquel entonces había impuesto el ingeniero francés Eiffel, encima de esta grada, una andanada del mismo estilo. En total el número de localidades era de 14.500», escribe Manuel Anguita Castillo en su trabajo 'Plazas de toros de Granada'.

Se inauguró el 3 de abril de 1880 con un cartel a la altura de las aspiraciones de la creciente afición granadina: reses de Antonio Miura para los diestros Rafael Molina 'Lagartijo', el granadino Salvador Sánchez, 'Frascuelo' y el algecireño José Sánchez del Campo 'Cara Ancha'. «La inauguración se convirtió en todo un acontecimiento -continúa Anguita Castillo- se pusieron colgaduras en varias calles, en las cuales se saludaba al empresario constructor Don Pedro Álvarez de Moya. Éste para darle realce a la corrida entregó con cada entrada de sombre un medallón de cobre con su efigie».

Historia de una plaza

El 17 de agosto de 1889 un ciclón que sembró por unas horas el pánico en la ciudad, la destruyó: «materialmente hecha añicos - cuenta la crónica de El Defensor- las tejas volaban despedidas violentamente, las maderas crujían y saltaban hecha astillas; las barandillas de hierro se doblaban y retorcían como si fuesen de cera; las columnas saltaban rebotando y haciéndose mil pedazos. Durante diez segundos creyeron las pobres mujeres (las que vivían en la portería de la plaza) que era llegado el día del juicio final». El viento se llevó las gradas y palcos, solo quedaron los asientos de piedra y, sobre ellos «rotas en miles de pequeñitos pedazos, como si después de arrancadas las hubieran triturado con una gran maza, las columnas y vigas de hierro».

Algunos autores atribuyen a los daños que provocó este temporal el apelativo de 'La Chata'; el citado Anguita Castillo, explica que era debido a las quejas del público que notaban movimiento en el piso de andanadas. Como había localidades de sobra, en el verano de 1885 se desmontó este piso, la plaza quedó más baja y de ahí el cariñoso apelativo.

En 1912 la plaza es objeto de una segunda reforma para «hacer los tendidos más cómodos, cambiar el palco de la Real Maestranza y darle una salida más vistosa a la puerta principal. De tal calibre es la mejora, que se monta una corrida de reinauguración con toros de Félix Urcola para Lagartijillo Chico, Paco Madrid y Joselito 'El Gallo'. El toro encargado de romper plaza, de nombre Barbero, marcado con el número 25, muy bravo, mata cuatro caballos antes de ser sometido y estoqueado por Lagartijillo Chico», explica Francisco Martínez Perea.

Muerte en el ruedo

Como no podía ser menos, la muerte también hizo acto de presencia en aquel albero. El primer percance no lo sufrió un profesional del toreo, si no un modesto aficionado de apenas 19 años, José Zarco Garrido, que se lanzó al ruedo la tarde del 8 de mayo de 1927. El aspirante a figura tuvo mala fortuna y fue volteado por la res sin que los médicos de la plaza pudieran hacer nada por salvarle la vida.

El 2 de septiembre de 1934, un toro berrendo, grande y manso de la ganadería sevillana de Rufino Moreno Santamaría hirió de muerte al granadino Miguel Morilla 'Atarfeño'. Iba a tomar la alternativa en unos meses y con aquella encerrona quería despedir su etapa de novillero ante sus paisanos. 'Estrellito', como se llamaba el astado, le corneó la vena femoral cuando toreaba de muleta. 'Atarfeño' expiró en la escueta enfermería del coso capitalino.

Después de acoger a los más variados espectáculos taurinos, la noche del 14 de agosto «quedó para la historia del toreo granadino como un hito triste- explica Francisco Martínez Pera- 'La Chata' cerró sus puertas con un festejo poco acorde con la brillantez de su historia. A las 1.05 de la madrugada, con la muerte de una vaca burriciega y mansurrona de la ganadería de Hidalgo Hermanos a manos de Diego García Molina, se extinguió la vida del popular circo del Triunfo». No faltó el público, pero acudió más atraído por los premios que se anunciaban que por despedirse de la plaza, al fin y al cabo, estaba el coso de Frascuelo que competía con la del Triunfo desde 1928. Una novillada nocturna, anunciada como gran concurso regional de matadores, con el premio de una oreja de plata reunió a Enrique Bernedo Bojilla, Antonio Quesada Rubito de Churriana, Antonio Quijada y Diego García Molina, en el epílogo de la historia de 'La Chata del Triunfo'.

Su demolición se debió a motivos urbanísticos «superiores». Estaba proyectada la construcción de cuatro grandes bloques de viviendas con una plaza circular en el centro donde se instalaría el monumento de la Inmaculada. Unos días antes de su derribo, este mismo periódico publicaba un artículo de Curro Castañares elogiando las singularidades del coso del Triunfo: «Granada gana un nuevo recinto urbano, pero pierde un trozo importante de sí misma. La Plaza del Triunfo pasa a ser, como el poema de Adolfo Burkhardt Pérez, en sus Caireles en el Cielo, la Plaza del Recuerdo».

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