La aventura de medir la Tierra desde el Mulhacén

El pico más alto de la Península Ibérica y la Tetica de Bacares fueron testigos de una de las mayores hazañas científicas del siglo XIX

El campamento del Mulhacén publicado en la revista 'La Ilustración Española y Americana'./IDEAL
El campamento del Mulhacén publicado en la revista 'La Ilustración Española y Americana'. / IDEAL
Amanda Martínez
AMANDA MARTÍNEZGRANADA

En septiembre de 1878 el coronel Fernando Monet pudo apreciar desde el Mulhacén la cumbre del monte argelino del Filhaoussen. Unos días más tarde, desde la Tetica de Bacares, en Almería, se observó la cima africana de M'Sabiha. Aquellos relámpagos fugaces, que provenían del otro lado del Mediterráneo, eran la prueba de que la geodesia española estaba preparada para abordar una de las mayores hazañas científicas del siglo XIX que permitió conocer con mayor precisión el tamaño y la forma de la Tierra y que tuvo entre otros protagonistas a la montaña granadina.

Carlos Ibáñez e Ibáñez de Íbero recibió la noticia desde su puesto como director general del Instituto Geográfico y Estadístico. Hacía veinte años había medido la base central de Madridejos, básica para que se pudiera llevar a cabo el mapa topográfico nacional, y la precisión y la meticulosidad con la que llevó a cabo el trabajo le valió la atención de Francia que a principios del siglo XIX había conseguido medir el arco de meridiano comprendido entre Dunkerque y Formentera. Anhelaban desde entonces prolongar esa medición enlazando Europa y África lo que, por otro lado, permitiría fijar definitivamente las distancias y posiciones que separaban los dos continentes. Para hacerlo posible, geógrafos franceses y españoles debían trabajar unidos y sus respectivos gobiernos delegaron en Ibáñez y en el teniente coronel Perrier la coordinación de los equipos.

Pero antes era necesario precisar los vértices sobre los que hacer las mediciones. Perrier comentó que, en sus campañas geodésicas por el norte de África había logrado ver las cumbres de la Penibética pero sobre todo, sobresalía una cima, la más alta de todas, el pico del Mulhacén.

Allí permaneció Monet desde el día 4 de agosto al 29 de septiembre de 1878, una labor que estuvo a punto de dar por fracasada cuando, en la mañana del 28 de agosto, vio la señal heliotrópica que cruzaba los 270 kilómetros que separaban las dos cimas. El punto elegido era acertado y el enlace geodésico era factible. Faltaba todavía madurar, despacio y con tino, la aventura que estaban a punto de emprender y que suponía todo un reto entre otras cosas porque carecían de aparatos con la potencia necesaria, había que transportar todo el material científico, pesado y delicado al mismo tiempo, hasta la cumbre de una montaña que carecía por completo de comunicaciones (la carretera de Santa Cruz no se construyó hasta 1935), y había que lidiar con las inclemencias meteorológicas del terreno.

Crónica de un viaje

Unos meses antes del inicio de la misión el capitán de ingenieros Juan Borrés ascendió al Mulhacén para construir las barracas «de tosca mampostería, mal trabados con barro, cal, arena y techos de pizarra» que servirían de laboratorio y alojamiento para los miembros de la comisión geodésica (sobre sus restos, vecinos de Trevélez construirían en 1919 una ermita) y trazó el que sería primer camino de subida al Mulhacén. El trabajo lo describió el general Ibáñez en las notas que presentó a la Real Academia de Ciencias Exactas reproducidas por Antonio Rubio en el libro 'Del Mar al Cielo' publicado en 1881. Habla de las terribles jornadas en las que se emplearon en el ascenso todas las horas de sol, acampando entre breñas donde sorprendía la oscuridad «al extraño convoy compuesto de larga fila de carretas, arrastradas por bueyes» que cargaban las potentísimas lámparas de petróleo y eléctricas que emitirían las intensas señales luminosas producidas por potentes generadores movidos por máquinas de vapor.

La subida de este material a la cumbre del Mulhacén fue en sí una hazaña. Manuel Titos la cuenta en su libro 'Mulhacén' (editorial Andalucía, 1993). La comitiva partió en los primeros días de agosto de 1879 de Vélez de Benaudalla, remontó el cauce del Guadalfeo hasta el Barranco del Poqueira «que pasan con enormes dificultades sobre unos puentes de madera. Los bueyes que tiraban de los carros tenían que ser ayudados por sesenta hombres tirando de cuerdas», subiendo por Pitres hasta el Chorrillo y, de ahí, a la cima de Sierra Nevada.

Una vez allí «las penalidades que hubo de aguantar el personal acampado, casi no tienen nombre –continúa Carlos Ibáñez– la temperatura oscilaba enormemente y tras la puesta de sol, comenzaba a descender y no paraba hasta señalar el termómetro 8, 10 y 12 grados bajo cero». Los vecinos reclutados, mal alimentados y sin ropa apropiada, fueron abandonando al grupo que aún hizo frente a una violenta tormenta eléctrica que dañó parte del instrumental. Tras noches de observación, el 9 de septiembre se hicieron visibles las señales y el 2 de octubre pudo concluirse con éxito el enlace geodésico, el más grande de los conseguidos en el mundo hasta ese momento.

Marqués de Mulhacén

El éxito de esta expedición le valió a Carlos Ibáñez el título de Marqués de Mulhacén que le otorgó la reina regente María Cristina en 1889. Nacido en Barcelona en 1825 fue militar y geógrafo y uno de los principales promotores de la geodesia (la ciencia que estudia la forma y dimensiones de la Tierra) en nuestro país.

Mario Ruiz Morales, ingeniero geógrafo, trazó un perfil de este personaje en un artículo publicado en este diario ('El primer marqués de Mulhacén, IDEAL, 5 de octubre de 2006). Director General del Instituto Geográfico, su prestigio internacional lo alcanza con su nombramiento como primer presidente de la AsociaciónInternacional de Geodesia y, más tarde del Comité Internacional de Pesas y Medidas. Es una figura clave en la ciencia española de la segunda mitad del XIX

Más información

Almería y Granada, provincias pioneras en los campos de la astronomía y de la geodesia. Serie de tres artículos publicados por Mario Ruiz Morales en IDEAL los días 5, 6 y 7 de enero de 1984

Mulhacén: vida y leyenda de una montaña. Manuel Titos Martínez. Editorial Andalucía, 1993

La aventura de Sierra Nevada: 1717-1915. Manuel Titos Martínez Editorial Universidad de Granada. Diputación 1990

Sierra Nevada: una gran historia. Manuel Titos Martínez. Editorial Universidad de Granada, 1997

El primer marqués del Mulhacén. Mario Ruiz Morales. IDEAL 5 de octubre de 2006

Del mar al cielo. Crónica de un viaje a Sierra Nevada. Antonio Rubio. Almería 1881

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