Los 11 concejales del primer Ayuntamiento democrático de Granada

Aquel Consistorio de 1979 recuerda el esfuerzo por construir una institución democrática en la capital granadina

La Quinta del 79 entre los retratos de los alcaldes Fernández Montesinos, Camacho y Jara, todos ellos elegidos de forma democrática. / Ramón L. Pérez
Javier F. Barrera
JAVIER F. BARRERAGranada

Hay abrazos que duran cuarenta años de luz cuando se viene de otros cuarenta años de larga oscuridad. Son abrazos de Juan Mata (Partido Comunista) con Ricardo Avivar (UCD), como si ahora Antonio Cambril (candidato de Podemos) se tirara en brazos de Onofre Miralles (candidato a la alcaldía por Vox). ¿A que parece que no sería posible sin tensiones? Son los saludos efusivos de Antonio Pipó (UCD) en cuanto ve a Pepe Olea (PSOE), los besos que se cruzan Fermina Puertas (PSA-Partido Socialista de Andalucía), Conchita Fernández Píñar (PSA)y Mariló García Cotarelo (PSOE) con todos y cada uno de los que fueron concejales, compañeros de viaje en el mandato municipal de 1979. El que recuperó la democracia para el Ayuntamiento de Granada.

De los 27 –muchos de ellos ya han fallecido; terrible es siempre el paso del tiempo pero no va a ser hoy–, este periódico ha logrado reunir a once miembros del equipo de gobierno municipal de 1979, el año de la restauración municipal democrática. El que fuera alcalde, Antonio Jara, excusó educadamente su presencia la misma mañana de la cita «por motivos familiares», pero se aseguró de transmitir un afectuoso saludo «a todos los corporativos». Migue Aceytuno o Rafael Estrella no pudieron acudir por problemas de agenda, y los demás, simplemente, no pudieron ser localizados a tiempo.

La Corporación democrática del mandato que se inició en 1979 en una de las procesiones del Corpus.
La Corporación democrática del mandato que se inició en 1979 en una de las procesiones del Corpus. / R. I.

Mirando hacia atrás se parten de risa. Están sentados en el Salón de Comisiones, aderezado con la parafernalia municipal granadina de mazas y pendones, frente por frente al Salón de Comisiones, y encadenan todos ellos anécdotas y carcajadas. Unas sentidas, otras que recuerdan viejas peleas, las más son las que explican de dónde venía Granada y España y la dirección que esta generación quería darle. Yle dio.

El dictador Francisco Franco había fallecido tan solo cuatro años antes y la democracia española estaba por construir desde todos los puntos de vista. El institucional y el municipal era uno de ellos. Yentre medias había ruido de sables por todas partes. Esta corporación municipal de jóvenes barbudos las pasó canutas el 23 de febrero de 1981 cuando lo del golpe de estado de Tejero, pero también la lió parda cuando el 28 de febrero los andaluces le dijeron a toda España que «Andalucía es una comunidad histórica». Aburridos no estaban precisamente.

Cobertura del periódico IDEAL de la constitución del Ayuntamiento de 1979.
Cobertura del periódico IDEAL de la constitución del Ayuntamiento de 1979. / R. I.

Las anécdotas

Abre el fuego Castillo Higueras, el único junto a Arturo González Arcas que ha venido con encorbatado, aunque la del otrora edil comunista tiene el diseño picarón en el envés, para ser mostrado a voluntad. «El culo –no podía empezar de otra forma–, que primero se sentó en el sillón del alcalde en el salón de plenos fue el de Eva Perón, que precisamente hoy se cumplen cien años de su nacimiento», recuerda este caballero andante del mundo. Sus compañeros, se parten de risa y juegan a ver quién recuerda la anécdota más trastornada.

«¿Y lo que nos pasó con la reina Margarita de Dinamarca?», se ríe ahora Pepe Olea (PSOE), aunque reconoce que aquél 25 de octubre de 1983 lo pasaron fatal, fatal, fatal. La reina Margarita de Dinamarca, acompañada por su esposo el rey Enrique, expresó en el transcurso del banquete que se le ofreció en la Casa Consistorial de la Plaza del Carmen:«Visitar esta famosa y bella ciudad siempre ha sido mi gran deseo. Eran grandes mis esperanzas referentes a Granada y, sin embargo, han sido superadas porque ¿a quién puede decepcionar Granada?», se preguntó minutos antes de saber «que no había ningún lavabo en todo el ayuntamiento», desvela Pepe Olea.

«Ella con su bello vestido de volantes –y hace un gesto envolvente con sus manos por su propia cintura–, y toda la corporación, de gala, buscando un servicio para que su majestad orinara. Al final, descubrimos un retrete en el cuerpo de guardia...». Cuando dicen que estaba todo por hacer es que estaba todo por hacer. Baños incluidos. Valga la anécdota de la real micción real como paga y señal.

Acudieron a la cita once corporativos, entre ellos los portavoces de los cuatro partidos.
Acudieron a la cita once corporativos, entre ellos los portavoces de los cuatro partidos. / Ramón L. Pérez

Lo de las visitas reales a la ciudad de Granada está dando mucho de sí, y es Pepe Olea el que abre el baúl de Karina, el de los recuerdos:«Venía de nuevo no-sé-qué rey de visita oficial. Yo era concejal de Tráfico y me preguntaron qué plan habíamos diseñado. Les respondí con un escueto 'lo de siempre'. Y 'lo de siempre' era cortar el tráfico en toda la ciudad ¡desde la mañana hasta las tres de la tarde! Menudo follón se lió». Una vez más, todo por hacer, por cambiar, por abrir las ventanas para que entrara la democracia.

Porque la larga noche del franquismo seguía presente por todos los rincones. El recuerdo del último alcalde democrático de Granada, Manuel Fernández-Montesinos fusilado en 1936 por los sublevados tras el comienzo de la Guerra Civil española, estaba tan fresco como una mañana de primavera. Lo recuerda Eladio Fernández Nieto (PSA), cuando comparte que «descubrimos que estaba guardada como oro en paño la colcha de la cama que le habilitaron al general Franco para la noche que pasó durmiendo aquí en el Ayuntamiento». Ytodos asiente con la cabeza porque recuerdan de golpe y porrazo la anécdota. Estaban así las cosas en el mandato que comenzó en 1979, calles cortadas todo el día para disfrute de las visitas oficiales, ni un solo baño o aseo y colchas de Franco.

La Quinta del 79 en uno de los numerosos actos protocolarios.
La Quinta del 79 en uno de los numerosos actos protocolarios. / R.I.

«Tampoco había ni un solo papel», continúa Eladio Fernández Nieto. «Ni un balance, ni una nota, ni un asiento, ni una factura, nada de nada». «Pero si no teníamos ni cajones, ni mesas ni despachos», alienta la conversación Pepe Olea una vez más. «Nos repartíamos las esquinillas del Salón de Plenos para recibir a las visitas porque no había despachos», cuenta Juan Mata. «En mi concejalía teníamos un solo funcionario», prosigue Eladio. «Siempre estaba de pie, completa Arturo González Arcas, marcialmente estirado. El día que le dije que se sentara me respondió 'no, que se me arrugan los 'pantalones'». «Esa era la Granada oficial de dónde veníamos».

El compromiso y el consenso

Fermina Puertas, Conchita Fernández Píñar (ambas PSA) y Antonio Bravo (UCD) ponen sobre la mesa «lo bien que nos llevábamos todos». Antonio Pipó pone pimienta: «Había discrepancias, pero se solucionaban. Había mucha generosidad, la ilusión del cambio». Arturo González Arcas reconoce que «vivimos tiempos convulsos». Castillo Higueras aporta que «no había interés. Había generosidad. Los debates eran entre antagonistas no entre enemigos. Manteníamos una relación personal y en nuestra memoria y en nuestro corazón sabemos que ha merecido la pena». Juan Mata aporta también que «no hay ninguna lección que podamos dar cuarenta años después. Cada época afronta su desafío y el nuestro fue el de poner en marcha un Ayuntamiento desde cero».

Ese 'desde cero' vuelve a aparecer. Ycón él el alcalde PacoCuenca, que ha querido acercarse a saludar a los antiguos concejales. «Supisteis abordar el reto de una ciudad en transformación, igual que lo afrontamos nosotros ahora. Fusiteis ambiciosos», reconoce el primer edil quien remata:«Y os tengo pendiente un homenaje». Los concejales agradecen el gesto del alcalde y la conversación se anima. Toca el Corpus, donde pasaron mil sucedidos. «Yo discutía con Castillo Higueras por todo», suelta Fermina Puertas, «y le decía a Antonio Jara que no. Por ejemplo cuando em decía que tenía que salir en la procesión del Corpus y yo me negaba. Entonces, se metía conmigo y me decía:'Fermina que te tienes que quitar ya el anorak de la clandestinidad'», y todos en el Salón de Comisiones se ríen porque Fermina, cuatro décadas después, sigue llevando un anorak como prenda de abrigo.

Los once concejales de 1979 se retrataron en el Salón de Comisiones bajo el cuadro del Rey Felipe.
Los once concejales de 1979 se retrataron en el Salón de Comisiones bajo el cuadro del Rey Felipe. / Ramón L. Pérez

El Corpus dio para mucho. Castillo Higueras les 'obligó' a seguir a la Custodia a doscientos metros de distancia.Es decir, primero la Custodia y detrás, bien separados, los concejales, «para que se os vea bien vistos, que si no no se va a fijar nadie», explica ahora. Arturo González Arcas no lo recuerda con tanta gracia: «En la procesión nos decían de todo menos bonicos. Recuerdo que, sobre todo, cuando entramos por la calle Marqués de Gerona a la Plaza de las Pasiegas que desde los balcones nos insultaron salvajemente. Éramos los rojos. Era duro».

Duro de verdad. Pepe Olea revela los momentos sufridos en el cuartel de Capitanía (actual Madoc) durante la celebración de la Pascua Militar. «Ahí estaban formados todos los mandos militares. Había nuchos y apenas quedaba un pasillo para que pasáramos la Corporación municipal. Y nos cuchicheaban lindezas como 'Os vamos a rapar las barbas' 'Os vamos a cortar el pescuezo'. Acojonaban. Pero ahí estábamos con Antonio Jara al frente».

«Como cuando el 23-F, recuerda Eladio, que llamé por teléfono a Capitanía y me cogió mi ex suegro. Ya es casualidad». Pero fue la noche de la libertad. Antonio Jara les citó en el Ayuntamiento y acudieron todos. Yrecuerdan su frase: «A mí no me van a pillar corriendo de espaldas a las instituciones democráticas». 1979 fue el Año Cero del Ayuntamiento de Granada. Democrático. Digno. De todos. Que no se olvide.