El médico de Granada que nunca se retirará cumple años

José Rodríguez López celebra hoy 89 años, lleva ejerciendo su profesión desde hace 65 años y todavía atiende a siete u ocho pacientes al día

José Rodriguez López, en la actualidad, y cuando era un joven doctor en el hospital militar de Granada./R. I.
José Rodriguez López, en la actualidad, y cuando era un joven doctor en el hospital militar de Granada. / R. I.
ANDREA G. PARRAGranada

Jubilados en activo. Eso fue lo que le dijo su familia a José Rodríguez López para que esta mañana, día 22 de mayo, fuera una sorpresa su aparición en IDEAL. Feliz cumpleaños. Hoy José Rodríguez López (22 de mayo de 1930) cumple 89 años y sigue pasando consulta. Nació en la Carrera del Darro, en la casa familiar, en la Casa del Bañuelo y cuenta que desde pequeño sabía que iba a estudiar Medicina. Así lo hizo, los cuatro primeros años en la histórica facultad y los años de prácticas, en el Hospital San Juan de Dios. Terminó en junio y en septiembre se presentó a unas oposiciones para ser médico militar y las aprobó. «He sido un especialista en hacer oposiciones», recuerda mientras cuenta que a día de hoy sigue estudiando y poniéndose al día sobre todo lo relacionado con la medicina. Las mañanas las dedica a la consulta de medicina interna, en su clínica privada en la Acera del Darro, y por las tardes, al estudio.

A los 70 años se jubiló. Eso sí, advierte que «nunca me voy a retirar». Para este granadino ir a trabajar «no es un sacrificio». Todo lo contrario, para él estudiar y trabajar es «salud». Dice que es «gimnasia para el cerebro». Hace poco que se ha comprado el Vademecum actualizado y por las tardes dedica su tiempo a repasarlo y a leer los últimos artículos científicos y novedades médicas. Su mejor satisfacción es ayudar a los enfermos. Sigue actualizándose por la vocación tan grande que tiene.

Se sigue levantando a las seis de la mañana y, antes de ir a la consulta, lee el periódico IDEAL. En la casa de sus padres también leía el periódico. Es un lector asiduo de lunes a domingo. «Me gusta el periódico, las letras, no la tablet ni cosas de esas», apostilla. «Fue un gran disgusto cuando leí que había muerto Alcántara», comenta. Y da una pincelada curiosa de que es un gran lector de este diario porque como este reportaje se suponía que era de jubilados de diferentes profesiones que siguen en activo, nos pregunta que cuándo íbamos a hacer la fotografía conjunta. En esta ocasión, el protagonista es usted solo.

Un pequeño homenaje que ha impulsado su familia, con sus nietas Amelia y Rocío Jiménez Rodríguez a la cabeza. Y por supuesto con la complicidad de su hija Mamen, con la que vive ahora José. Su esposa, doña Carmen Martín García, como la menciona cuando habla de ella, murió. «Mi abuelo ha dedicado toda su vida al servicio a los demás, su vocación siempre ha sido esa y la ha desarrollado tanto en su labor en el ejército como médico», subraya Amelia, hija a su vez de Amelia, la primogénita que estudió la misma carrera que su padre José y es catedrática en la Universidad de Cádiz.

Insignia de oro

Es una vida la de José Rodríguez que ha estado marcada «por muchos pequeños actos extraordinarios». Una vida que tiene como gran orgullo que el Foro Médico Internacional Europeo le concedió, hace unos años, la Medalla de Oro por su trayectoria médica, y a los pocos meses, el Colegio Médico de Granada le entregaba la insignia de oro por el mismo motivo. De la noticia del Foro Europa, que se publicó en IDEAL, tiene el pequeño recorte enmarcado.

La historia del doctor Rodríguez está marcada por las oposiciones y sus estancias en Madrid o en otras ciudades hasta que pudo volver a su Granada. En 1955 marchó a Tetuán y allí ejerció en el Hospital Militar Gómez Ulla, donde desarrolló trabajos como la fotoseriación y fue voluntario en la Guerra de Marruecos, en Sidi-Ifni, preparándose al tiempo las oposiciones a internista. Sacó el número 1 y eligió el Hospital Gómez Ulla de Madrid para la especialidad.

Fue destinado posteriormente al hospital militar de Mahón, y allí se encontró con un hospital casi muerto, situado en una isla (Isla del Rey) dentro del muelle de Mahón, por su ubicación y dificultad para llegar a él en barco. Con mucho esfuerzo y sacrificio, estando prácticamente todo el día en el hospital y ejerciendo todas las especialidades además de medicina interna (laboratorio, radiología, pediatría, psiquiatría, ginecología…), publicó anuncios en el periódico de Mahón, logró 'resucitar' el Hospital y que fueran, tanto a consulta como hospitalización, el personal militar de tierra y el personal de la base naval, sin tener que evacuar a nadie a Mahón, cuentan sus nietas Rocío y Amelia.

Igual ocurrió en su incorporación, ya como pediatra, al Hospital de Granada, donde también aceptó llevar el nuevo servicio de Medicina Interna. Al mismo tiempo dirigió y dio clases en la escuela de enfermeras de sanidad militar, y el Ministerio le ofreció la posibilidad de crear una escuela de ATS en colaboración con la Universidad, con la condición de que el director tenía que ser un catedrático de medicina. Así, el profesor Gonzalo Piédrola Angulo aceptó el cargo sin remuneración alguna. «Nuestro abuelo, pudo ascender a general tras el curso que realizó en el año 1984-1985, pero dado que tenía que trasladarse a Madrid porque desapareció ese año la Capitanía General de Granada, pidió la reserva transitoria por motivos familiares y se incorporó a su puesto del Hospital Militar de Granada», rememora Amelia, también médico.

Ese niño que estudió en los Escolapios, que durante su etapa de universitario acompañó a Arsacio Peña cuando llegó a Granada, que pasó consulta durante muchos años en el Hospital Militar –no ha vuelto después de su rehabilitación– y en el centro de salud de Góngora, sacó también las oposiciones de médico de familia para Cenes de la Vega y Pinos Genil. Incluso disfrutó en sus inicios de una beca con Carlos Jiménez Díaz, que dio el nombre a la famosa Jiménez Díaz en Madrid. Hoy sigue llevando la Medicina en su corazón. Por eso, insiste en que no se retirará.