La guerra del taxi comenzó en Granada

Los taxistas de Granada se manifiestan contra el intrusismo en 1985 y, de nuevo, en 1988. / González Molero
JAVIER F. BARRERAGranada

Los titulares y sumarios de la crónica de las protestas de los taxistas son los siguientes: «La guerra del taxi colapsó el Centro de Granada. Los taxistas se concentraron en en la Plaza de Isabel la Católica entre la una de la tarde y las nueve de la noche como nueva medida de presión ante el intrusismo de los taxis de la provincia y la competencia ilegal de los autocares de recorrido turístico nocturno». Son tan actuales en sujeto, verbo, predicado, denuncia y modo de actuar de los taxistas que se debe precisar que los titulares tienen ya 34 años cumplidos. Repetimos. 34 años. Era 1985

Así pasen los años, ayer lunes, ya en 2019, los taxistas y la Comunidad de Madrid se volvían a ver las caras con la administración tras quince días de huelga. El pasado mes de enero, en Barcelona, los taxistas habían desatado su ira contra la competencia que ellos denominan ilegal de Cabify y Uber. Las escenas de violencia campaban por las portadas de los medios de comunicación.

Portada de IDEAL de octubre de 1985 en la que se abre con la guerra del taxi.

El intrusismo profesional volvía como jinete de la Apocalipsis y atenazaba el futuro del taxi. Habían pasado 34 años y el conflicto seguía en el mismo lugar que lo habían dejado los compañeros granadinos, un debate sobre la concesión del servicio público, los derechos y los privilegios, el siglo XXI contra el siglo XX, según se vea en un sentido o en su contrario.

Las crónicas de 1985, recoge entonces el periódico IDEAL, cuentan que «alrededor de doscientos cincuenta taxistas de la capital bloquearon ayer, entre la una de la tarde y las nueve de la noche, el Centro de la capital al concentrarse con sus vehículos en torno a la Plaza de Isabel la Católica. La medida, que significa un peldaño más en la escalada de la llamada 'guerra del taxi', fue decidida en una asamblea celebrada por los profesionales del sector en el Polígono de Almanjáyar, en la que se decidió la concentración de vehículos como forma de protesta por el intrusismo de los autotaxis de la provincia y la competencia ilegal, de los autocares que hacen el recorrido turístico nocturno contratados por hoteles y salas de fiestas».

La valoración de los políticos tampoco distaba mucho de las respuestas que se ofrecen a día de hoy: «Tanto el delegado provincial de Gobernación, Diego Hurtado; como el gobernador civil, Pedro Temboury, mostraron su extrañeza por la actitud de los taxistas tan sólo dos días antes de que se celebre la reunión a que todas las partes están convocadas en la Delegación de Gobernación, precisamente para estudiar su problemática. En estos círculos oficiales existe la impresión de que se ha tratado de una demostración previa de fuerza o de una falta de información».

Mientras tanto, aquél mes de octubre de 1985, y tras conocer la protesta, Antonio Jara, alcalde socialista de Granada, calificaba la protesta como «el más grave conflicto de orden público ocurrido en Granada en los últimos años».

Un buen apretón de manos

Manolo González González está ya jubilado. Fue el presidente de la Gremial del Taxi en 1985. Dice que «nació en la capital de la provincia de Granada que es Motril», y se ríe de su maldad. Los taxistas que se precian se dicen por su número de taxi y si acaso cantan el modelo. El de Manolo era el 22 y llevaba un R-12 TS, «un buen coche». Jesús Quero, frente por frente a Manuel González esta mañana de febrero de 2019, le mira con franqueza y se le desprende el cariño. «Me precio de haberme llevado muy bien con Manolo durante aquellos días tan duros», recuerda hoy el actual gerente de la Fundación del Parque Tecnológico de la Salud (PTS), ex alcalde de Granada a principios de la década de los noventa y concejal de Tráfico con el alcalde Antonio Jara durante aquella época de la segunda década de los años ochenta.

Manolo González (presidente de la Gremial del Taxi en 1985) Y Jesús Quero (concejal de Tráfico en 1985), 35 años después.
Manolo González (presidente de la Gremial del Taxi en 1985) Y Jesús Quero (concejal de Tráfico en 1985), 35 años después. / Ramón L. Pérez

La escena ha tenido toques entrañables. Cuando Manolo ha llegado al aparcamiento del PTS Jesús Quero le ha recibido y, después de unas cuantas buenas décadas, se han dado un apretón de manos. Los dos están fuertes, sanos y envidiosamente bronceados. Unos chavalotes con ganas de recordar y bromear de forma que la historia se va a poder contar sola.

El 9 de octubre de 1985 Jesús Quero estaba en casa y Manolo González en la calle. «Los taxis están dentro de la Plaza del Carmen», me avisaron, dice Quero. Problemón al canto. «Llegué en coche y pedí que me dejaran en la calle Ganivet y de ahí subí las escaleras hasta llegar a la Plaza del carmen y entrar en el Ayuntamiento», recuerda con precisión milimétrica. «Llegué y estaba la directiva de la Gremial con Manolo al frente. Antes de empezar a hablar, les advertí que había que retirar los taxis de las calles de Granada, Y así se hizo. Acordamos unos puntos como por ejemplo vigilar los autocares turísticos para las salas de fiestas que iban recogiendo guiris por los hoteles, porque no era legal». El otro punto en cuestión era «lo de los pueblos, que invadían las paradas de los taxis de Granada, con puntos fijos, lo que tampoco estaba permitido».

Imágenes de las protestas del verano de 1985 en la Plaza del Carmen y en la de Isabel La Católica. De vuelta a 2019, Manolo González hace el signo de OK en aprobación de las protestas actuales de sus compañeros.

Manolo González hace memoria para enumerar que «había muchos hangares de taxis piratas por toda la ciudad, eran taxistas de los pueblos. Tenían sus paradas establecidas y eran ilegales. Por ejemplo, en el bar Rancho Grande en el Humilladero. Allí se concentraban para tirar para Motril. Otro sitio era la calle Isaac Albéniz, para la gente de Alcalá la Real. Los de Guadix paraban en la plaza de san Isidro. En la Plaza de la Trinidad se tomaban taxis para Alhama y el Poniente. Y también estaba la parada ilegal de Marín Ocete… Estaban por toda la ciudad, era intrusismo y era completamente ilegal. Había que protestar», zanja.

Quero le responde para darle la razón: «La obligación del Ayuntamiento era defender al taxi de Granada, que eran los concesionarios de un servicio público». Y añade una anécdota: «Incluso había un motorista que era el 'policía del taxi'. Creamos esa figura».

Razones de ayer y razones de hoy

Jesús Quero se vanagloria de haber tenido» unas relaciones muy buenas con los taxistas. Muy muy buenas», remarca. Manolo responde rápido: «Eso digo yo. Se nos recibía muy bien». Y entran al fondo de la cuestión de esta primera guerra del taxi: «Los problemas eran distintos, empieza Quero. Los coches de los pueblos podían traer gente a Granada, pero no llevársela», y aprovecha para contar que «una de mis obsesiones, y me moriré y no la veré, crear un servicio conjunto del taxi».

Reportaje a toda página sobre la 'guerra del taxi' publicado en IDEAL en 1985.

Manolo sabe de lo que habla Jesús Quero: «Hablé entonces con los pueblos del Cinturón. En Monachil Pepe Sevilla se quería unir. El de Cenes nos decía que podíamos ir a recoger porque el taxista no estaba nunca en el pueblo. Tengo el plano que hice entonces todavía, y la lista de todos los pueblos con los taxis que tenía cada pueblo y los que se podían incorporar a ese Cinturón. La base era que podríamos ir a recoger a los pueblos y ellos a recoger en Granada. La condición es que no podíamos quedarnos en las paradas de los pueblos y viceversa. Se inició en 1985 y no se siguió adelante». Como dice Jesús Quero, nos moriremos todos sin verlo realizado.

Pero hay razones para explicar la dificultad para llegar al acuerdo. Razones de ayer y razones de hoy». En Granada había una proporción de 1,7 taxis por mil personas, cuenta Jesús Quero, y en los pueblos no existía ese índice y los alcaldes no querían. No había apenas taxis en los pueblos de Granada». Eso, entonces. Y hoy: «Tú le puedes dar dinero al crío para ir al cine a Kinépolis o al Nevada, pero no pueden volver en taxi. El primero está en Armilla y el segundo en Pulianas, y entonces tienes que ir tú a buscarles. Un engorro».

Lo de Uber y Cabify

¿Cómo terminaron las protestas? «No se solucionó, se fue apaciguando. Los taxistas nos íbamos aburriendo de llamar a los policías y que no pasara nada. Y siguió más o menos igual. Cumplí mis cuatro años de presidente y la protesta se fue difuminando», recuerda Manolo. Quero retoma el guante y explica que «hoy, al respecto, ha cambiado el contexto. Antes había tres buses a Motril y ahora hay cada hora. También había muchos menos coches que hoy, que todas las familias tienen coche y si acaso los dos».

Respecto a los problemas de ahora con Uber y Cabify Manolo lo tiene claro: «Es lo mismo pero de diferente forma. Pienso lo mismo que pensaba antes. Es un servicio que se ha ido metiéndose bajo cuerda quitándonos a nosotros servicios con una botellita de agua y con corbata. Pero sigue siendo ilegal».

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