Atrapados en la nieve para estar más cerca de las estrellas

Los astrónomos del Observatorio de Sierra Nevada están entre una y dos semanas aislados en las instalaciones científicas situadas a casi 3.000 metros de altitud

Galería con las vistas del exterior y del interior del Observatorio de Sierra Nevada/ALFREDO SOTA
Galería con las vistas del exterior y del interior del Observatorio de Sierra Nevada / ALFREDO SOTA
Vanessa Sánchez
VANESSA SÁNCHEZGranada

A 2.900 metros de altitud se alza el Observatorio de Sierra Nevada (OSN) en el paraje de la Loma de Dílar, dentro de la Estación de Esquí, un espacio gestionado por el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC). El lugar ofrece unas características únicas para poder realizar las observaciones con mayor precisión. Dentro de las instalaciones hay dos de los telescopios a través de los cuales los astrónomos recopilan datos que son enviados al Instituto de Astrofísica de Andalucía.

Pero estos científicos no tienen horarios comunes, ni vuelven a casa después de su jornada laboral. Para poder llevar a cabo los informes y los estudios que realizan deben permanecer en el observatorio entre una y dos semanas, siempre en caso de que la nieve no les deje aislados durante más días, como ha ocurrido en varias ocasiones en el pasado invierno. Así lo relata Víctor Casanova, astrónomo asistente de noche, de 44 años, que trabaja en la estación desde hace 16. «Hay mucha gente que no puede soportar dos semanas de aislamiento», dice el científico. Las condiciones de este trabajo requieren ciertas aptitudes como la «tolerancia» para que la convivencia en la estación pueda ser viable, además «tienen que llevar bien la altitud, el trabajo nocturno y ser capaz de resolver los posibles conflictos de forma rápida y eficaz», dice el astrónomo. Los que reúnen estas características se quedan. «Hay dos personas de unos 60 años que llevan más de 40 en la estación, otros llevamos menos, 16 años».

Las tareas en el OSN se llevan a cabo en equipos de dos personas, aunque de forma esporádica y de ser necesario hay otros operarios técnicos electrónicos, mecánicos, ópticos, informáticos, además de astrónomos científicos y directivos. Pero quienes trabajan en condiciones de aislamiento suelen ser un astrónomo asistente de noche y un astrónomo supervisor que atiende a las labores del día. El primero trabaja dos semanas seguidas y descansa cuatro; el segundo, una semana y descansa dos. Además de las investigaciones científicas y la observación, hay hacer las tareas de mantenimiento, y otros cuidados más cotidianos como la limpieza y la cocina. La estación tiene 6 habitaciones con capacidad para 9 personas en total y «es bastante acogedora», dice Víctor. En la semana o dos semanas de estancia también hay tiempo para el esparcimiento aunque lo habitual es que Víctor y sus colegas trabajen desde que se pone el sol hasta el amanecer y que los supervisores trabajen de día.

Cúpulas congeladas

Este invierno ha sido especialmente duro, aunque Casanova señala que él ha sido afortunado porque en los últimos meses otros compañeros se han quedado aislados. Cuando ocurre tienen que esperar a que el personal de la estación de esquí pase con la maquinaria que despeje las vías. «Nosotros también disponemos de equipo para ello, pero ni siquiera los que saben utilizarlo pueden hacer mucho en determinados días», explica Víctor. Además, desarrollar el trabajo habitual es también más complicado porque según explica Víctor hay que limpiar las cúpulas para poder abrirlas.

Con la llegada de la primavera se acaban muchos de los inconvenientes que sufren estos científicos para hacer su trabajo. El camino de acceso suele estar cortado por la nieve entre noviembre y mayo. En algunas épocas del año, para los astrónomos del OSN alcanzar esos casi 3.000 metros de altitud para estar mas cerca de las estrellas es más complicado que acceder a la información que guarda el universo a millones de años luz de la Tierra.

 

Fotos

Vídeos