La última hazaña de El Pulgar, el héroe que descansa en la Catedral de Granada

Hernán Pérez del Pulgar protagonizó épicas aventuras en la conquista del reino nazarí. La editorial Serendipia se ha propuesto publicarlas en un riguroso y emocionante cómic: 'El de las hazañas'

Hernán Pérez del Pulgar y el Gran Capitán pasean por La Alhambra en una de las viñetas del cómic. En el círculo, el protagonista clava su espada. / R. I.
José E. Cabrero
JOSÉ E. CABREROGranada

Hernán corría por las calles de Granada con la espada y el rostro ocultos bajo la capa. Aquella noche de 1490 nadie esperaba su visita. De saber que estaba allí, en el corazón del reino nazarí, Boabdil hubiera preparado un afilado cortejo de tropas para asegurarse de que mataban varias veces al gran héroe de los Reyes Católicos. Pero no lo sabía. Nadie lo sabía. Hernán Pérez del Pulgar se había infiltrado en el corazón del enemigo, acompañado por quince valerosos soldados. En silencio, el séquito católico frenó su carrera frente a la mezquita principal de la ciudad. «¿Qué hará ahora?», se preguntaron sus hombres, ansiosos por descubrir cuál sería la última bravata de su capitán.

Unos recordaron la vez que les salvó a todos, escapando del asfixiante cerco de Alhama hasta Antequera para pedir socorro. Otros agarraron fuertemente sus armas, como cuando Hernán conquistó el enorme castillo de Salar con un ridículo ejército de ochenta hombres. Y todos, sin excepción, sonrieron cómplices al pensar en Salobreña. Unos meses atrás, El Pulgar –como algunos le llamaban– y sus hombres estaban asediados en la ciudad costera. Pero lo peor no eran las espadas que querían entrar. Lo peor era la sed. Se morían de sed. Casi no quedaba agua. Y eso lo sabía el rey musulmán, que exigió la rendición de los católicos, secos de esperanza. Con la moral por los suelos, Hernán subió a las murallas de Salobreña, levantó entre sus manos el último cántaro con agua que quedaba en la ciudad, y lo lanzó contra el enemigo. «¡Salobreña no cae!», gritaron todos. Y no cayó, claro.

A Hernán Pérez del Pulgar (Ciudad Real, 1451) se le conoció como 'El de las hazañas'. Un líder imaginativo, determinado y valiente, que protagonizó innumerables aventuras en la época de la reconquista de Granada. Su fama, en vida, le precedía. Los logros de El Pulgar, cuyo lema era 'Quebrar y no Doblar', corrieron como la pólvora, de boca en boca, creando un auténtico mito en ambos bandos de la guerra; un héroe eterno. «En manos de americanos, tendríamos ya una serie brutal en Netflix, ¿verdad?» Ángel Serrano gestiona una librería en Ciudad Real y, junto a José Luis Sobrino, organiza el Salón del Cómic de Castilla la Mancha. «Nos dimos cuenta de que estábamos rodeados de grandes historias que se perdían. Entonces pensamos ¿y si las publicamos nosotros?»

«En manos de americanos, tendríamos ya una serie brutal en Netflix, ¿verdad?» Ángel Serrano, Editorial Serendipia

Así surgió Serendipia, una editorial pequeña que nace y vive, literalmente, del impulso de la gente. Su último proyecto es 'Hernán Pérez del Pulgar. El de las hazañas', un cómic de 72 páginas, de tapa dura y edición cuidada, que narra la biografía del ciudadrealeño. Una vida cuyos episodios más épicos se sitúan aquí, en la provincia de Granada. «Es un personaje tremendo. En Ciudad Real, más allá de que haya un instituto con su nombre, nadie le presta atención», lamenta Serrano.

Pero, al igual que El Pulgar lograba sus éxitos contagiando una férrea voluntad, Serendipia necesita una tropa de valientes soldados para vencer al mercado: «Acabamos de lanzar una campaña de crowdfunding en Verkami para recaudar 8.000 euros. Es el dinero necesario para cubrir los gastos de edición y poder llevarlo a las librerías. ¿Quién nos ayuda a contar esta maravillosa historia?», pregunta Ángel Serrano con una sonrisa como la de Salobreña.

El dibujante Roberto García Peñuelas trabaja en una de las páginas del cómic.
El dibujante Roberto García Peñuelas trabaja en una de las páginas del cómic. / R. I.

El proyecto, que suma más de 3.800 euros recaudados, sería imposible sin el trabajo de Roberto García Peñuelas (Sevilla, 1993), dibujante y coguionista que lleva más de un año trabajando en las hermosas viñetas del cómic. Entre sus trabajos destaca 'Calatrava', un proyecto de ilustración sobre la orden militar fundada en 1158. La historia del cómic 'Hernán Pérez del Pulgar' está basada en la novela de la periodista Marta Castro (Ciudad Real, 1982) 'El de las hazañas', publicada en mayo de 2016 por Lacre Ediciones. Dos talentos que confluyen en una obra de orfebrería que, gracias también al continuo asesoramiento de expertos historiadores (Honorio Javier Álvarez, Manuel Molina, José Ignacio de la Torre), es una gozada narrativa. «Está prácticamente terminado. Queda el color de las páginas finales y un pequeño repaso a los textos», dice el editor.

Hernán, El Pulgar, no era el típico militar. Su ingenio y sangre fría le conferían un poder especial para controlar situaciones difíciles. Pero es que, incluso ya retirado de las refriegas, seguía siendo un personaje interesante: se metió en los gremios de Sevilla, para aprender;y el emperador Carlos V le encargó a él que escribiera las campañas de Gonzalo Fernández de Córdoba, en Nápoles, lo que posteriormente fue 'Breve parte de las hazañas del excelente nombrado Gran Capitán'. «No es un personaje lineal, con una sola cara. Es un gran personaje», dice Serrano. Y termina: «Después de todo, se ganó la eternidad».

Ave María

Los quince soldados encapuchados seguían observando a su capitán. Al fin, El Pulgar sacó un pergamino que llevaba escondido bajo la camisa y, con una fría calma, lo clavó en la puerta de la mezquita. «Ave María», se leía en la hoja, escrito con su puño y letra. «Sed testigos –seguía el texto– de la toma de posesión que realizo en nombre de los reyes y del compromiso que contraigo de venir a rescatar a la Virgen María a quien dejo prisionera entre los infieles». Envalentonados, Hernán ordenó prender fuego a la Alcaicería, lo que llamó la atención de los soldados de Boabdil. Muchos fueron a su encuentro. Pero, por supuesto, quince hombres arengados por El Pulgar eran más que un ejército. «¡Quebrar y no doblar!», clamaron.

La hazaña de la mezquita de Granada no fue la última. Pero sí fue la que le abrió las puertas de la eternidad, ya que los Reyes Católicos le otorgaron el privilegio de ser enterrado en la futura catedral de Granada. Y allí sigue Hernán, junto a Isabel y Fernando, eterno como un rey. Su historia, después de todo, merece una última hazaña. Una viñeta más.