Una increíble fábrica de efectos especiales 'escondida' en el centro de Granada

Barbatos FX es la única empresa andaluza dedicada a crear 'la magia del cine'. Entre sus proyectos, la gran apuesta de Netflix para 2020

Víctor Alcalá injerta pelo a una réplica, en el taller de Barbatos FX / Fotos: PEPE MARÍN
José E. Cabrero
JOSÉ E. CABREROGranada

Ahora sé que no era real. Ustedes, por tanto, también lo saben. Pero les aseguro que si no les hubiera avisado, no creerían lo que ven sus ojos. La magia del cine, lo llaman. Es alucinante: en la mesa hay un alma suplicando clemencia. Sus pupilas, enrojecidas e intensas, reflejan el terror al que estará sometido para la eternidad. La boca se estremece en una mueca imprecisa, irregular y levemente escorada, es decir, como la de cualquier ser humano descontrolado por el miedo. La piel brilla, las cejas vibran, la nariz palpita. Todo, absolutamente todo, es tan real que asusta. Si no fuera porque las vísceras le cuelgan del cuello, usted también pensaría que está vivo. Que es real.

El taller, junto al Palacio de Congresos de Granada, pasa tan desapercibido como aquel almacén en el que Tarantino estrujó a sus 'Reservoir Dogs'. Junto a la puerta hay una pequeña cerámica de Fajalauza en la que se lee 'Barbatos Fx' o, lo que es lo mismo, la única empresa andaluza que se dedica a crear efectos especiales. Al entrar, la vista necesita unos segundos para adecuarse al cambio de luz. Poco a poco, una ristra de cabezas perfectamente ordenadas aparece en la pared, como si fueran trofeos de caza o materia prima de algún cambia formas –valar morghulis–. Es difícil mantenerles la mirada sin sentir esa incómoda sensación de cuando alguien descubre que le estás observando en mitad del autobús.

Cuatro cabezas, sólo dos saben hablar, la de Eduardo Pérez y la de Víctor Alcalá.
Cuatro cabezas, sólo dos saben hablar, la de Eduardo Pérez y la de Víctor Alcalá.

Dos cabezas llaman poderosamente la atención, entre otras cosas, porque pueden hablar: «Bienvenidos», dice una de ellas. «Pasad, pasad», añade la otra. Son Víctor Alcalá (Granada, 1986) y Eduardo Pérez (Cádiz, 1986), los humanos que gestionan este reino de fantasía. Un reino con un poderoso aroma ochentero (hay hasta una bicicleta BH naranja aparcada junto al sofá), un portal a la 'Stranger Things' que invita a creer en los monstruos y criaturas que pululan por el local. «Pues esto es nuestro trabajo, ¿qué te parece?», pregunta Víctor, que no necesita respuesta alguna tras ver la cara de los visitantes. Después de todo, de caras sabe bastante.

Víctor y Eduardo estudiaron Bellas Artes en la Universidad de Granada. Allí se conocieron. Con un evidente amor por el cine y el teatro, ambos buscaban en la escultura algo distinto, nada de estar en los circuitos habituales de exposiciones y artistas. «Nos interesaba la parte funcional, cómo la escultura podía nutrir a un proyecto mayor», dice Eduardo. El título que mejor encuadra su trabajo es 'maquillaje de efectos especiales', algo que en el mundo anglosajón se entiende perfectamente pero que aquí puede generar confusiones. «Lo de maquillaje suena únicamente a pintar caras y esas cosas... Pero no, hacemos mucho más».

«Las réplicas suelen ser cadáveres. Pero no es lo único. Más allá del terror o la ciencia-ficción, hay muchas producciones de comedia y drama que usan maquillaje protésico»

Barbatos nació en 2012 para convertirse en una compañía única. Y, aunque hacen todo tipo de virguerías visuales, la mayor parte de su trabajo se centra en el maquillaje protésico, esto es, caracterizar a una persona con una prótesis hiperrealista, normalmente de silicona. Y también, claro, crear réplicas. «Las réplicas suelen ser cadáveres. Pero no es lo único. Más allá del terror o la ciencia-ficción, hay muchas producciones de comedia y drama que usan maquillaje protésico, pero pasa desapercibido. Esa es la magia», explica Eduardo.

Del teatro a la pantalla

Hay un enorme casco de oso colgado como un cuadro. El término 'casco' no hace justicia al artefacto: es bestial. Debajo, un pequeño anciano que parece sacado de 'La historia interminable' y otros personajes del tamaño de una mano. «Son títeres –señala Víctor–. Lo que más nos interesa es el cine, pero cuando empezamos hicimos mucho teatro». En aquella época, coincidió que la compañía Etcétera estaba investigando sobre hiperrealismo en títeres y surgió una colaboración que duró más de dos años.

El fruto de aquella relación encendió una chispa que llamó la atención de otras compañías. Desde varias obras con La Maquiné hasta una ópera con Rafael Villalobos en Jerez, pasando por, entre otras, construir veinte trajes de gorda para la chirigota del Selu en Cádiz. «También colaboramos con exhibiciones museísticas –añade Eduardo–. Al Parque de las Ciencias le hicimos réplicas de un orangután, de un homínido, de Darwin... y tenemos una escultura enorme en el Centro de Interpretación de Orce».

Pero Barbatos huele a palomitas. A Harry Hausen. A una sesión doble de 'Golpe en la pequeña China' y 'Teen Wolf'. Huele a esa incombustible pasión por cont... Un momento, ¿eso es una pata de hormiga gigante? «Sí, sí –dice Víctor–. Es de la película 'It Came From the Desert' (Marko Mäkilaakso, 2017), la primera producción internacional que hicimos. Fue muy divertido, todo en plan 'serie B' de los años 50. Marcó un antes y un después». En los últimos años, Víctor y Eduardo han creado efectos para películas como 'La Piel Fría' (Xavier Gens, 2017), 'Los Hermanos Sisters' (Jacques Audiard, 2019) y otras muchas que, lamentablemente, no se pueden nombrar. «Tenemos un problema para hablar de nuestro trabajo. Se tarda tanto en estrenar algo que no se puede mostrar... Hay que esperar. Imagina que hemos hecho una réplica para matar al prota, no podemos enseñarlo», explica Víctor.

Sus tres úlimos proyecos: 'El inconveniente', película pendiente de estrenar; la serie 'Malaka', de TVE; y 'Warrior Nun', la gran apuesta de Netflix

¿De qué podemos hablar entonces? De tres grandes proyectos: 'El inconveniente', una película dirigida por Bernabé Rico, con Juana Acosta, Kiti Manver, Carlos Areces, José Sacristán, y Daniel Grao; 'Malaka', serie negra y criminal de TVE, producida por los creadores de 'El Ministerio del Tiempo' y protagonizada por Maggie Civantos, Vicente Romero y Salva Reina; y 'Warrior Nun', la gran apuesta de Netflix a nivel internacional para ampliar su catálogo con series inspiradas en el mundo del cómic. «Acabamos de terminar el rodaje de 'Warrior Nun', en Málaga. Allí estaban los mejores técnicos de España».

Esa cara me suena...

El equipo Barbatos completa su cartera de trabajos con el diseño de criaturas originales, como alienígenas, trolls y monstruos; y con la creación de elementos que sirven a la acción: un corazón, un pecho atravesado por un cuchillo, unas tijeras muy afiladas que, en realidad no cortan nada, mandíbulas, ojos, extremidades... Un sinfín de pequeñas esculturas hiperrealistas que, espera, un momento, un momento, ¿ése es César Strawberry, de Def Con Dos? «Efectivamente. Es el molde que usamos para crear la prótesis de demonio que usó en uno de sus videoclips. También tienes por aquí a Eva Yerbabuena, Juana Acosta, Tristán Ulloa...»

El trabajo de maquillaje de efectos especiales, al contrario que la mayoría de oficios relacionados con el cine, tiene dos tiempos: uno, primero en el taller, en el que se preparan los efectos necesarios; y otro, en el set de rodaje, donde se aplican. «Podemos tardar hasta siete horas en poner una prótesis –dice Eduardo–. Y otras tres en quitarlo. Entre medias, doce horas de rodaje. Con César Strawberry necesitamos cuatro horas para ponerle todo: manos, dentadura, lentillas, prótesis de la cabeza, cuernos, pintar el cuerpo... El demonio quedó espectacular. Pero la magia cuesta».

«Podemos tardar hasta siete horas en poner una prótesis. Y otras tres en quitarlo»

Víctor asiente, haciendo memoria mientras coloca un molde en una de las mesas del taller: «Son tantas horas de maquillaje que hace que el nivel de intimidad con los actores sea grande. Compartes momentos muy especiales con ellos. Piensa que los efectos les transforman de tal manera, integrados con su propia piel, que a ellos mismos les da cosa tocarse una herida de lo bien que queda. O cuando ven su cara con efecto envejecido, se impresionan muchísimo».

Víctor y Eduardo sacan sus bártulos para trabajar sobre unos nuevos moldes. «Una vez nos llamó Brian de Palma», dice Víctor, «pero al final no salió». «Tiene que ser una pasada trabajar con Tarantino o Scorsese o Jim Jarmush –Eduardo apunta con el aerógrafo a la cabeza de un tipo que grita, vaya usted a saber por qué–, con gente que lleva haciendo cine tanto tiempo a primer nivel». «También molaría un Juego de Tronos –Víctor clava la aguja para injertar, pelo a pelo, una alborotada melena negra en una calva–. Y nos gustaría hacer un dragón o un alien. Ya sabes, una criatura de cuerpo completo –conforme gira la cabeza, aprovecha para darle un leve toque al ojo; tenía algo de serrín–. «¿Y sabes con quién nos gustaría trabajar? –Eduardo se aleja del busto para ver el efecto de la pintura– Con Alberto Rodríguez ('La isla mínima', 'La peste'), que es un director que nos encanta». «Pero vamos, que con mantener el ritmo de este año –Víctor coloca la cabeza al lado del busto que pinta Eduardo–, el sueño está cumplido». Dos más en camino. Dos caras que se perderán, entre otras reales, como lágrimas en la lluvia.

El proceso escultórico para crear una cabeza de la nada

Parecía grosero preguntar la edad, pero no me pude contener:¿La cabeza de pelo blanco que me mira con esos ojos inyectados en sangre, cuánto tarda en hacerse? «Esa, en concreto, fue una semana porque corría mucha prisa. Yqué semana...», resopla Eduardo Pérez. «El tiempo depende del proyecto –añade Víctor Alcalá–. Puede ir de un mes a unos días. Esto son procesos escultóricos que tienen su proceso claro:diseño previo, modelado, moldes, reproducción y acabado. Y todo tiene su tiempo de secado. Sus tiempos mínimos». Y, si hace falta acelerar, en Barbatos cuentan con técnicos externos que se unen a la tarea cuando hay altos picos de trabajo.

Las réplicas, como la del señor del pelo blanco o el barbas desgañitado, parten siempre de un 'live cast', una toma de impresión del actor. «Tomamos las medidas exactas del intérprete y le hacemos un molde exacto. A partir de ahí se hace la prótesis para que lleve el actor o se transforma su cabeza en un cadáver, lo que diga el guion». Un largo proceso que incluye innumerables capaz de pintura, modelado con escayola, trabajar la silicona, implementar detalles, injertar pelo... Un reto titánico con resultados de película.