Los 'monstruosos' juguetes de un granadino que triunfan en EE UU y Japón

Javier Jiménez ha hecho de su sueño una profesión. Crea desde su taller, en El Zaidín, figuras exclusivas y artesanas de sus propios personajes que arrasan en todo el mundo

El artista granadino Javier Jiménez, sostiene alguno de sus juguetes que triunfan por todo el mundo / R. L. PÉREZ
José E. Cabrero
JOSÉ E. CABREROGranada

Era un niño que soñaba con juguetes. Su dormitorio, un reino de plástico en el que convivían Tortugas Ninja, G.I. Joe, monstruos y todo aquello que le permitiera hacer volar su imaginación. Para Javier Jiménez (Granada, 1989), jugar era la semilla de una vocación difícil de explicar. Ni siquiera él sabía, cuando niño, lo que significarían para él aquellas hermosas figuras de plástico; ni las horas dedicadas a rellenar libretas con garabatos y personajes imposibles. La suya es una historia de juguetes que cruza el mundo entero, a pasos de Godzilla, desde el Zaidín granadino hasta el Shibuya de Tokio.

Allí, en pleno corazón del barrio, Javier da vida a Wananeko, Dorobanii, Watari Kappa, Akita Shatei y al resto de la tropa de personajes que comparten el universo de 'StickUp Monsters', su marca personal. «Me dedico a diseñar y crear juguetes de coleccionismo para adultos. Son figuras que no suele querer un niño pequeño, porque son limitadas, difíciles de conseguir y pintadas a mano». Juguetes que se adquieren con auténtico fanatismo, sobre todo, en Estados Unidos y Oriente. No tanto aquí, en España, donde no ha llegado, aún, la cultura del 'Toy' como pieza de coleccionismo, como arte; entendiendo el juguete como una obra de autor y no, exclusivamente, como el fruto de una cadena de producción.

«Desde pequeño me gustaba coleccionar figuras de acción, juguetes de monstruos, cualquier cosa que se pudiese jugar con ella y que requiriera un pelín de imaginación. También me apasionan los cómics, el cine, los videojuegos... Y todo eso me fue marcando hasta que llegó el momento de tomar una decisión: qué quería hacer con mi vida». Javier estudió Filología Inglesa en la Universidad de Granada pero, al poco de terminar la carrera, ya era consciente de que había un mundo, extraño y peculiar, que le llamaba poderosamente la atención. «Siempre he tenido un lápiz en la mano. Dibujar es mi forma de pensar, de crear, de vivir. Y cuando descubrí que existía un mundo de artistas que usaban su talento para desarrollar sus propios juguetes, cuando vi que eso era viable, una profesión real, me lancé y empecé a hacer mis propias figuras».

1 Zaidín - EE.UU

La sensación es curiosa, sentados en su taller del Zaidín, rodeados de figuras aún sin pintar, de bocetos, de vitrinas repletas de juguetes. Es ese tipo de habitación que transpira creatividad, que invita a sentarse con un lápiz en la mano para imaginar algo nuevo. Un rincón del que están pendientes miles de personas repartidas por todo el mundo y que, sin embargo, aquí pasa casi desapercibido. «Vendo mis figuras principalmente fuera. En España muy poquito. Aquí no se conoce mucho, aunque yo estoy intentado que se conozca más a través de mi canal de Youtube. Pero sí, lo cierto es que mis clientes más estables están en Estados Unidos, China y Japón».

En el taller de Javier Jiménez, en El Zaidín
En el taller de Javier Jiménez, en El Zaidín / R. L. PEREZ

¿Y cómo consigue un granadino, desde el Zaidín, ser referencia en un mundo que parece tan lejano? «Gracias a Internet, al inglés, que es lo que aprendí en mi carrera, y a correos», dice entre risas. Pero llegar a estabilizar la profesión ha sido un camino duro. «Es un mercado con mucha gente y destacar es difícil. Mandaba diseños a blogs especializados, conseguí que algunos amigos me ayudaran con la promoción y, por el boca a boca, me fui haciendo un hueco. Claro que también fue muy importante invertir en viajes, ir a ferias internacionales de juguetes, a Asia, a Estados Unidos... Aunque las primeras veces vayas a perder dinero, es importante conocer a la gente, a los fans que vas cultivando».

Porque los hay. Auténticos fans. Miles de adultos, coleccionistas, que buscan juguetes exclusivos, únicos y de autor. «Aquí cuesta entenderlo, pero este es un mundo con muchos seguidores. En Asia, por ejemplo, la cultura del coleccionismo es diferente de la que tenemos aquí. Aquí se valora más que sea barato y conocido, como los Funko (esas figuras de cabezas grandes inspiradas en series y películas de masas), a que sea exclusivo y más caro, pagando el trabajo de una persona que lo hace a mano». Básicamente, los coleccionistas, más que seguir a personajes o franquicias, siguen a los autores, a las personas: les siguen en redes sociales, descubren en qué están trabajando, se identifican con la obra. «Vas construyendo una marca, un vínculo -explica-. Por eso hay que compartir en redes sociales un poco de uno mismo, para que la gente comprenda y se sienta identificado con lo que quieres hacer, con esa lucha por sacar adelante tu trabajo».

«Dibujar es mi forma de pensar, de crear, de vivir. Y cuando descubrí que existía un mundo de artistas que usaban su talento para desarrollar sus propios juguetes, cuando vi que eso era viable, una profesión real, me lancé»

Al principio compaginó su trabajo creando juguetes con un puesto como diseñador gráfico en una academia de Granada. «Pero, al final, cuando vi que tenía un volumen de ventas que me permitía vivir de ello, lo dejé y empecé a trabajar por cuenta propia. Llevo dos años así». Si echan un vistazo a la obra de Javier Jiménez, se darán cuenta rápidamente de que tiene un estilo personal. Un «rollo», como dice él, que se distingue con facilidad. «Mi rollo es la cultura callejera que tanto me gusta -grafiti, rap- mezclado con el folclore de otras culturas. Dicen que mis personajes parecen japoneses, pero la verdad es que me han influido más los dibujos occidentales. Sobre todo dibujos animados clásicos de Fleischer Studios (Betty Boop, Popeye, Superman) y los personajes originales de Disney (Mickey Mouse, Donald, Goofy)».

2 ¿Cómo crea sus juguetes?

Javier saca tiradas reducidas de sus juguetes. El año pasado, cada tirada era de unas 50 figuras. Pero, este año, quiere ser más exclusivo: «Haré tiradas de 15 o 20. Y voy a aumentar las obras de tirada única, a las que dedicas más tiempo, las haces más detalladas y... claro, las vendes más caras».

La idea

Lo primero es tener una idea, «algo que me viene en plan flash», y a partir de ahí empieza a esbozar en un cuaderno diseños muy preliminares. «Con esos diseños primitivos empieza a trabajar la historia del personaje, algo que me ayuda a terminar el diseño. Por ejemplo, con Wananeko, que fue el primer personaje que saltó a la fama, como es un gato que se transforma por sus poderes de Yokai (espíritu japonés), hizo que la figura tuviera manos intercambiables. Son cosas que influyen en el diseño del personaje». Cuando la historia está clara, siguiente paso.

Ficha detallada

«Dibujo todas las vistas del personaje: de frente, perfil, medio perfil... Y pongo todos los detalles que necesito para quien se encarga de esculpir la figura». Esa persona, en la mayoría de los casos, es Cristina Pineda, su pareja, también artista y diseñadora. «Le doy todas las referencias para que pueda hacer la escultura que será el prototipo de la figura».

Javier trabaja con Cristina, la escultora de las figuras
Javier trabaja con Cristina, la escultora de las figuras / R. L. PÉREZ

A Fábrica

El prototipo se manda a fábrica, bien a Japón o a China para que comience la producción de la figura si es en vinilo; o, si es en resina, en España. «Lo bueno de la resina es que se pueden hacer tiradas más pequeñas y más baratas. Si quieres sacar un diseño del que no estás 100% seguro, es mucho más fácil en resina porque el riesgo económico es mucho menor. Siempre puedes plantearte hacerla después en vinilo, que es el material por excelencia».

¡A pintar!

Una vez que la fábrica ha terminado, las envían al taller de Javier sin pintar, en blanco, amarillo o un color base sobre el que trabajar. «Yo las pinto, una a una, con aerógrafo y pincel para los detalles».

Javier, trabjando en sus figuras y diseños
3 ¿Quién 'vive' en StickUp Monsters?

El primer monstruo de Javier fue 'Don Antler', una berenjena gigante que se había hecho mutante por la radiación. Pero el que le abrió las puertas del mundo fue Wananeko, que en japonés significa 'Gato Trampa'. Wananeko es un Yokai, un espíritu japonés, que pretende concienciar contra el maltrato animal. Él convive con el resto de criaturas de StickUp Monsters.

Pero, para conocer su historia,Javier presentó al mundo así:

Luego vendría Dorobanii, un lebrílope, que, en la cultura popular americana, es una criatura mezcla de conejo, liebre y alce. «Es un personaje muy pillo, le encanta gastar bromas y... es un ladrón». Ghost Bat, el bate fantasma, que terminaría siendo el logo de la marca. Akita Shatei, un perro matón que ladra mucho y muerde poco; y Watari Kappa, un monstruo que vive en el río y que nació para promocionar Macao.

Además, hay otros personajes que ha creado para otras marcas, como 'Tiger Boss' y 'Office Cat', para Max Toy. Ellos son un tigre jefe que está a cargo de un gato muy vago. Personajes que se venden desde 30 euros, las figuras más básicas, hasta 125 euros las exclusivas.

4 7 pasos para triunfar: El camino de los monstruos

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El primer gran hito fue cuando llevó al taller de Barbatos (una empresa de impresión en 3D afincada en Granada) su primera figura. «Estaba hecha en arcilla y me causó una impresión muy fuerte. Cuando diseñas personajes, para mí, lo más bonito es sostener en tus manos lo que has creado en un papel. Esa fue la primera vez que lo sentí, hace algo más de seis años».

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Su llegada a los blogs y canales especializados en juguetes de coleccionismo le abrió muchas puertas. «Publicaron la foto de mi primera figura y empezaron a hacerme entrevistas... Las primeras veces fue algo muy especial, sentías que estabas en el camino correcto».

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San Diego Comic Con. Probablemente, una de las mecas fundamentales de la cultura moderna: cine, cómics, series, videojuegos y juguetes se dan cita en uno de los eventos que marcan la agenda anual del universo fan. «La primera vez que fui, en 2013, fue más por ver qué se cocía allí. Presenté uno de mis personajes y estuve firmando en un stand junto a Mark Nagata. Fue muy aclaratorio de que quería seguir en esto». Más tarde, también en 2013, viajó por primera vez a Japón, a la Design Festa. «Llevaba dos figuras mías y el resto era figuras 'custom' (figuras de otro artista a las que le das tu estilo). No llevaba casi nada mío, pero para mí ir a Japón por primera vez me cambió por dentro inmediatamente. Me impactó su cultura».

Javier Jiménez, en el despacho de Mak Nagata, en San Francisco. En el vídeo, Nagata habla de su relación con el granadino / J. E. CABRERO
Mark Nagata, el embajador de los monstruos en Estados Unidos

Cuando Javier habla de «los amigos que le ayudaron al principio» piensa, en gran medida, en Mark Nagata. Nagata es, por derecho, el embajador de los kaijus en Estados Unidos. Y kaijus son los monstruos japoneses más clásicos. Mark es el dueño de la empresa 'Max Toy Company', una de las marcas más reconocidas en el mundo del coleccionismo de juguetes. Y es, además, uno de los coleccionistas más importantes de todo lo que tenga que ver con Ultraman. Entrar en su casa es alucinante, un auténtico museo.

En 2013, Javier Jiménez acudió a la Comic Con de San Diego para firmar sus diseños en un stand junto a Nagata. Después de una amistad que nació a través de correos electrónicos, Nagata se convirtió en una suerte de tutor que le abrió las puertas del mundo. En aquel viaje, Javier y Mark pintaron juntos una figura de su personaje Don Antler.

«Yo hago el diseño, las pinto a mano y trabajo con otros artistas», decía Nagata rodeado de sus obras, en el enorme despacho que coloniza el sótano de su casa. «Desde que era pequeño me interesan los monstruos. Yo conocía a Frankestein, Drácula, el Hombre Lobo... Pero empecé a ver series de Japón y fue algo muy emocionante. Cuando vi Ultraman me explotó la cabeza».

Nagata apostó por Javier desde el principio, consciente de que su trabajo podría llevarle muy lejos: «Este es un mundo en el que hace falta dinero para empezar. Como en todos. Pero si tienes talento, como Javier, puedes llevarlo al mercado. Ahora hay un montón de posibilidades para hacer juguetes, algo que hace 10 años era imposible. Lo que hace Javier es muy divertido y por eso le animo a que siga. Cuanto más trabaje, más entenderá el mundo su estilo... Está claro que un trabajo normal, en una oficina o lo que sea, es una manera más segura de vivir. Pero este reto, este querer seguir creciendo, es la forma de conseguir hacer realidad tus sueños. Eso es lo que está haciendo Javi».

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En 2014 presentó a Wananeko en sociedad, también en Japón. «Lo lancé sin avisar, allí, en Japón, y fue una bomba. El 'feedback' fue buenísimo. El presidente de Medicom, una empresa de juguetes muy importante de Japón, me escribió para preguntarme cuánto costaba porque la quería. Sentí el apoyo de la gente, los japoneses venían a hablar conmigo, me saludaban con efusividad, te hacían sentir importante».

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En 2015 lanzó un proyecto de mecenazgo para sacar al mercado una importante tirada de Wananeko. «Fue brutal. El proyecto se financió en menos de un día. Sentí que la gente creía en lo que estaba haciendo». Entre la gente que le apoyó, destacaron nombres ilustres como, por ejemplo, el director de la película de animación 'Zootrópolis'.

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En 2016 a Taiwán. «Descubrí que a pesar de que es pequeño hay muchísimo público para los Toys. Y si los japoneses son más reservados, los taiwaneses son muy abiertos, les encanta escuchar las historias de los personajes y hablar de ellos. Les gusta mucho ver y entender el proceso de creación».

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Y en noviembre de 2018, Macao. Cosmos EP, una empresa china, le pidió a Javier que diseñara un personaje para representar a Macao. «Creé a Watari Kappa, un monstruo que vive en el río. Resulta que Macao está empezando a abrirse al mundo y este personaje lo que hace es viajar, llevar su cultura al resto del mundo. Alegórico de lo que está haciendo la ciudad». Además, los organizadores del Festival Internacional de Grafiti de Macao invitaron a Javier y a Cristina para que pintaran, en directo, dos figuras de un metro y medio de Watari Kappa. «Querían promover el Art Toy, los juguetes como un medio donde se puede pintar con spray. Algo así como un grafiti en 3D. La figura estaba hecha en fibra de vidrio, el material que se utiliza para cualquier parque temático. La pintamos en directo y fue espectacular».

Pintando un Watari Kappa gigante, en Macao / J. J.
5 Vocaciones 'imposibles' y un futuro real

Javier salió de su dormitorio, el cuarto de un niño que soñaba juguetes, para perseguir una vocación única. Ahora, al mirar hacia delante, descubre un año prometedor: «Llevo un mes trabajando en figuras nuevas, para sacarlas poco a poco durante el año. Y voy a viajar mucho. En marzo, una exposición en solitario en China, en Beijing. Después, en mayo, me voy a Tailandia, a una feria de juguetes. En abril, a Shanghái. En julio, a Nueva York, a una exposición dedicada a Watari Kappa. Y, a partir de septiembre, que me caso, tengo otro viaje a Japón y me gustaría ir a la DesignerCon de Los Angeles».

¿Merece la pena perseguir una vocación, por rara que sea? «Sí, siempre. Hay que arriesgar. Merece la pena, te lo aseguro».

Javier ha convertido el mundo entero en su dormitorio. Una historia de juguetes, una historia vocacional.

Javier y Cristina, junto a sus juguetes
Javier y Cristina, junto a sus juguetes / R. L. P.
 

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