Vikingo, el vigilante granadino de la Antártida

Javier Almendros dirige un equipo de investigadores de la UGR especializado en volcanes y seismos. En el estrecho de Bransfield, una zona turística con bases españolas, hay varios volcanes submarinos de los que se conocía muy poco. Hasta ahora

Javier Almendros durante su última expedición a la Antártida/J. A.
Javier Almendros durante su última expedición a la Antártida / J. A.
José E. Cabrero
JOSÉ E. CABREROGranada

Está mareado. Javier Almendros (Granada, 1970) lleva dos semanas mirando la pantalla del ordenador bajo el atento cobijo de la calefacción del despacho. Un teclado, un ratón, libretas y bolígrafos; lo habitual. Fuera, en los pasillos, hay movimiento. Sale, curioso, y sigue la corriente hasta una ventana en la que los compañeros se agolpan. Tras el cristal, una hermosa playa blanca rodeada de elefantes marinos. «Entonces te das cuenta de la suerte de estar en un sitio así». El Sarmiento de Gamboa es el sitio, un barco científico gestionado por el CSIC que navega entre las islas Shetland del Sur y la península Antártica, en el Estrecho de Bransfield. Aguas en las que confluyen el océano Pacífico, el Atlántico y el Antártico, con mucho oleaje, tiempo malencarado y borrascas continuas. La oficina.

A Javier Almendros se le conoce como Vikingo desde que entró al Instituto Andaluz de Geofísica, hace 20 años. Su correo electrónico de la Universidad de Granada, donde es profesor titular del departamento de Física Teórica del Cosmos, es vikingo@ugr.es. La explicación del mote es innecesaria: melena rubia, corpulento y una cadena colgando de la oreja. Cuando se licenció en Física conoció al profesor Jesús Ibáñez, «que fue el que empezó la movida de la investigación en la Antártida». Mientras hacía la tesis con él, en 1995, le acompañó por primera vez en una de las misiones. En 2008, Ibáñez se retiró del proyecto y Javier se hizo con el timón. Lleva ya cinco campañas en la Antártida; la última, todavía la tiene fresca.

La tripulación y el Sarmiento de Gamboa

La tripulación del Sarmiento de Gamboa, 30 investigadores internacionales liderados por Vikingo, cumple dos misiones científicas: vigilar la actividad sísmica y volcánica de la isla Decepción e investigar los volcanes submarinos que hay en las islas Shetland del Sur, en las que España tiene dos Bases Antárticas. Una zona de extensión que está dando lugar a la apertura de un rift oceánico, es decir, una fractura en la corteza terrestre por la que puede ascender material del interior.

Decepción

Decepción es el principal volcán activo del estrecho de Bransfield. Una peculiar isla volcánica en forma de anillo en donde se encuentra la base española Gabriel de Castilla. Allí se realizan numerosas investigaciones científicas y, en los últimos años, se ha convertido en una importante zona de turismo. «Hay una necesidad de conocer el entorno. Sería inconsciente no hacerlo», dice Almendros. Desde 1994, la UGR forma parte del equipo de vigilancia de la isla, haciendo un seguimiento constante a su actividad sísmica para detectar posibles alertas.

La isla Decepción
La isla Decepción

En 2011, El Hierro vivió una erupción volcánica submarina. Aquel episodio inspiró a Javier para iniciar un nuevo proyecto de investigación en la Antártida. El proyecto 'Bravoseis' nació para analizar la actividad de los volcanes submarinos que hay en el Estrecho de Bransfield, de los que se sabe muy poco. «Queremos saber cómo son esos volcanes, si tienen conductos y cámaras magmáticas, si tienen diques, si son superficiales o profundos, el grado de actividad...». La actividad de esos volcanes se refleja en el movimiento sísmico de la zona. «Toda actividad volcánica provoca cambios de presión y eso produce terremotos. Vamos a intentar relacionar los terremotos registrados en un periodo de tiempo para descubrir qué zonas de volcán están activas».

Ese periodo de tiempo es un año. El equipo de Vikingo ha pasado febrero a lomos del Sarmiento de Gamboa buscando los sitios idóneos para instalar sensores de última generación. «Hemos puesto sensores en tierra y, también, bajo el mar. Tienen su propio disco duro y, en 2020, regresaremos a por los datos». La investigación ayudará a comprender cómo funcionan los volcanes submarinos, determinará en qué momento se encuentran de su evolución y ayudará a evaluar el riesgo que estos volcanes suponen para la zona.

«Cuando un crucero con mil turistas entra en Decepción, el peligro se multiplica»

No olvidemos que esta es la Antártida más accesible. Hay una gran densidad de bases científicas y, desde hace relativamente poco, muchos turistas. Un montón de cruceros que van a la Antártida acuden a los alrededores de Decepción por el paisaje helado, porque es zona de colonias de animales exóticos y porque las bases se pueden visitar. «Cuando un crucero con mil turistas entra en Decepción, el peligro se multiplica. La isla tiene una entrada muy superficial, con cinco metros de fondo. Si entra un gran barco y cuando está dentro hay un terremoto o un deslizamiento, cualquier cosa podría cerrar la salida. Allí no se puede dar sustento a mil personas».

Iceberg a la vista

La primera vez que Javier Almendros estuvo en la Antártida se trajo miles de diapositivas que compartió generosamente con sus amigos y familiares. «Ahora ya casi no tomo fotos. Lo que no quita que siga siendo espectacular». Ver un iceberg cruzar el océano desde la base Gabriel Castilla es algo «hermoso», dice, hasta que se te pone por delante. «En el último viaje se colocó en mitad de nuestra ruta un enorme iceberg de 20 kilómetros de diámetro. No te haces una idea de lo grande que es eso. Si hubiera un barco al lado, no lo verías, sería un diminuto punto. Tuvimos que rodearlo, lo que estropeo nuestros planes». Los planes, precisamente, duran poco en una misión de este tipo. Aprimera hora de la mañana, la tripulación del Sarmiento de Gamboa se reúne para organizar la jornada. «Luego aparecían obstáculos, problemas de meteorología... mil cosas que te obligan a reaccionar rápidamente». Porque cuando tienes a tu disposición un barco científico equipado con material de última generación, lo que quieres es aprovecharlo hasta el último minuto. «El barco estaba funcionando 24 horas al día, había que amortizar el esfuerzo». De los 30 investigadores internacionales que han participado en la misión, hay 10 que pertenecen a la Universidad de Granada. «Cinco están en la misión de vigilancia de Decepción y otros cinco en 'Bravoseis'. Y yo, que soy el responsable de la campaña».

Almendros, sentado en su despacho de Granada, recorre mentalmente la línea roja que une su sillón en el Instituto de Geofísica y su camarote en la Antártida. Una línea que conoce a la perfección y que dentro de un año recorrerá una vez más. «En 2020 regresaremos a por los datos que hayan almacenado los sensores. Mientras tanto, rezaremos para que todo haya funcionado correctamente y seguiremos con nuestra vida en tierra, entre las clases de la UGR y el instituto». En la pantalla de su escritorio, entre ventanas con gráficos y datos sísmicos, la imagen de un enorme iceberg blanco, como si fuera el recordatorio de un reto, el enunciado de un problema, la aventura de un vikingo.

Bravoseis, misión conseguida

El objetivo de la última misión de Almendros era realizar tres tareas: completar una red sísmica terrestre, formada por 17 sismómetros de banda ancha situados en las islas Shetland del Sur y la Península Antártica; desplegar una red sísmica marina, formada por 24 sismómetros de fondo oceánico (OBS) y 6 hidrófonos de anclaje; y realizar estudios de geofísica marina (batimetría, perfiles sísmicos, gravimetría, magnetismo) sobre los volcanes submarinos, para entender su estructura tridimensional. Como resultado han logrado obtener imágenes de la estructura de dos de los volcanes submarinos más importantes del Estrecho de Bransfield.