El apasionante mundo de lo que no se ve

Una imagen microscópica tomada en la Universidad de Granada se lleva el prestigioso premio Fotciencia | Tres científicas granadinas descubren los increíbles paisajes de lo 'invisible'

Imagen de los acúleos de un azotalenguas realizada en el CIC y que ha obteniendo el premio Fotciencia./I. Sánchez/ D. Molina /C. Hernández
Imagen de los acúleos de un azotalenguas realizada en el CIC y que ha obteniendo el premio Fotciencia. / I. Sánchez/ D. Molina /C. Hernández
Jorge Pastor
JORGE PASTORGranada

Más allá de ese mundo real que vemos a través de nuestros ojos, también existe otro mundo tan real, el de los minúsculo, al que sólo podemos acceder a través de potentes microscopios como los que se utilizan en el Centro de Instrumentación Científica (CIC) de la Universidad de Granada. Asomarse al visor de uno de estos aparatos es asomarse a paisajes increíbles, colores impresionantes, formas singulares. Paisajes alucinantes como los 'pelillos' de una hoja de azotalenguas (Galium aparine), una planta bastante frecuente en el campo. Unas hojas que muchos identifican porque se quedan fácilmente pegadas a la piel o a la ropa precisamente por la capacidad adhesiva de esa 'pelusilla' que, mirada a través de un Microscopio Electrónico de Barrido (MEB), tiene la apariencia de ganchos (acúleos). Pues bien, una foto microscópica de una hoja de azotalenguas, realizada por Isabel Sánchez, Dolores Molina y Concepción Hernández, las tres vinculadas al CIC de la UGR, ha sido seleccionada como la ganadora en la modalidad Micro del certamen anual Fotciencia. Una imagen tan bella y tan sorprendente que prestigiosas publicaciones como la revista National Geographic la han compartido en sus redes sociales.

Isabel Sánchez, responsable de la unidad de Microscopía Electrónica de Barrido Ambiental y del Laboratorio de Isótopos Estables del CIC, explica que esta instantánea se realizó con un MEB que «usa un haz de electrones para observar la superficie de los materiales a escalas micro y nano métricas, con una profundidad de campo muy superior a la óptica de las cámaras y microscopios convencionales». Todo ello en un medio sin nada de aire, lo que se llama 'alto vacío', una técnica que se utiliza en elementos con estructuras blandas, húmedas y porosas. Esto implicó que la muestra tuvo que ser tratada de forma previa a su observación. Esta tarea consistió en la adecuada fijación de las hojas en el momento de la recolección. Luego, ya en el laboratorio, se realizó un procedimiento llamado 'punto crítico' que es «crucial» para la preservación de las estructuras más delicadas y de pequeño tamaño. El cuidado en la manipulación fue extremo para lograr la mayor nitidez. Faltaba la edición, que consistió básicamente en la aplicación de la colorimetría mediante un programa informático –las fotos obtenidas a partir de electrones son en blanco y negro–. Este último paso, según Isabel Sánchez, es el trabajo con mayor margen artístico y creativo. En este caso se creó un gradiente de colores para resaltar los acúleos, dejando las células vegetales en tonos más neutros.

Foraminífero bentónico, Gorgojo y Anisakis / CIC

Dilatada trayectoria

Las tres autoras tienen una larga trayectoria en el mundo de la microscopía y de la fotografía. Concepción Hernández es especialista en la preparación de muestras biológicas para su posterior estudio en el microscopio, mientras que Isabel Sánchez y Dolores Molina ya usaron ampliamente la microfotografía durante la elaboración de sus tesis doctorales, como una herramienta básica para sus estudios, y han seguido dedicándose a ello de forma profesional. «Sabemos que muchas de estas fotos llaman la atención y, por tanto, ayudan a difundir la ciencia», comentan. «Tenemos muy en cuenta estos aspectos –prosiguen– cuando seleccionamos muestras». Muestras que despierten curiosidad y den respuestas a preguntas dentro del ámbito científico. Para ellas, haber obtenido el Fotciencia representa «una gran satisfacción y un reconocimiento a nuestra labor de apoyo a la investigación».

«Sabemos que muchas de estas fotos llaman la atención y, por tanto, ayudan a difundir la ciencia»

A raíz de este galardón, ya les han salido propuestas muy interesantes como exponer con motivo de la Semana de la Ciencia en la iglesia de San Lorenzo de Úbeda (Jaén), uno de los espacios expositivos más prestigiosos de Andalucía por la calidad de las colecciones artísticas que se eligen para colgar de sus muros –se trata de un templo del siglo XIII, desacralizado y cedido por el obispado de Jaén, que está siendo recuperado por la Fundación Huerta de San Antonio–.

Diatomea
Diatomea

Y es que la microfotografía es un instrumento de enorme valor para la divulgación científica «al tratarse de la manera más directa de mostrar aquello que no es visible». Dada su importancia, ha habido grandes avances en este campo en los últimos años. «Cuando se requiere magnificar las imágenes en un rango de miles o cientos de miles de aumentos, se emplean microscopios electrónicos que, aunque no permiten ver los colores originales, enseñan a lo que no llegan ni las cámaras ni los microscopios ópticos», indican Isabel, Dolores y Concepción. Además de mostrar formas y volúmenes de una bacteria, un hidrogel o una nanopartícula, por ejemplo, aportan información complementaria muy útil como los elementos químicos que los componen o la orientación cristalográfica.

Un centro dedicado a apoyar la docencia y la investigación

El Centro de Instrumentación Científica de la Universidad de Granada está dedicado al apoyo a la docencia y la investigación. Alberga todos los grandes equipos para la realización de análisis químicos, físicos, geológicos y biológicos. Trabaja para los miembros de la UGR, pero también para investigadores de otros organismos y empresas privadas. Aporta asesoramiento científico sobre técnicas experimentales y participa en cursos de especialización. El CIC tiene seis sedes distribuidas en los distintos campus universitarios de Fuentenueva,Salud, Aydanamar y Cartuja.