La ruta de la fauna de piedra en Granada

Un paseo para conocer el 'bestiario' inanimado que habita en calles, puentes, jardines y plazas. Grandes águilas vuelan sobre la Gran Vía; gargolas mitológicas se asoman en las cornisas de la Catedral y un mirlo de bronce espera a los niños en Constitución

Imagen escultórica principal del PIlar del Toro, obra de Diego de Siloé, en Plaza Nueva/J. E. GÓMEZ
Imagen escultórica principal del PIlar del Toro, obra de Diego de Siloé, en Plaza Nueva / J. E. GÓMEZ
JUAN ENRIQUE GÓMEZ y MERCHE S. CALLE

Saludan cada día a miles de personas que cruzan el río Genil a través del milenario puente romano. Son cuatro leones de mármol que portan coronas y el escudo de la ciudad de Granada y que cumplen con la ancestral misión de reafirmar la condición altiva y poderosa de los habitantes de la capital del reino nazarí. Son parte de la fauna de piedra, de la representación de los mundos animal y vegetal que desde hace más de un milenio, habita en calles, plazas, edificios y jardines, que el hombre ha situado en lugares estratégicos para recordar su cercanía con la naturaleza, deleitarse con su belleza, reafirmar esferas de poder e ideas, e incluso conjurar sus miedos. Felinos, aves depredadoras, especímenes mitológicos, toros, caballos, asnos, carneros extrañas figuras emergidas de mares misteriosos, criaturas desconocidas de cuyas bocas mana agua en las fuentes, toda una guía de especies y leyendas que es posible conocer con solo observar los elementos escultóricos que pueblan las calles de la ciudad y que, en la mayoría de las ocasiones, por su inanimada presencia, se convierten en vecinos invisibles a los que se unen miles de guirnaldas, celosías, pasamanos, postigos, aldabas y contrafuertes que representan acantos, hojas de hiedra, rosas y laureles, un verdadero jardín pétreo adosado al arte y la arquitectura urbana.

Doce leones de grandes ojos y onduladas melenas ocupan el corazón de la Alhambra. Se les puede considerar como una de las grandes joyas de la fauna de piedra de todo el mundo, una singular y endémica especie nacida de los artesanos granadinos del siglo XIV, cuando Mohamed V inició la construcción de la Alhambra y decidió simbolizar con la imagen del león que el poder reside en el sultán. Doce animales semimitológicos, diferentes entre sí, con similitudes de dos en dos, que se cuentan entre las escasas representaciones animales del arte islámico.

Contemplan las yeserías, capiteles y mocárabes en los que los artistas alhambreños realizaron una representación del jardín nazarí, de las especies que crecían en huertas y parterres, con hojas de mirto, hiedras, granados, ramas de álamos, frutos, flores de naranjo, rosas y laureles. Flora de piedra que cumple con la misión de alegrar el espíritu.

En la ciudad

El paso de las generaciones deja su marca en la ciudad con simbologías enraizadas en los bestiarios medievales, la guía de fauna del medievo, y ubica representaciones animales realistas y fantásticas en espacios de especial significado. En plaza Nueva, un toro esculpido por Alonso Cano, muestra sus poderosos cuernos y ojos penetrantes mientras deja escapar el agua hacia el pilar a través de sus dos orificios nasales, y frente a este símbolo del poder de Iberia, pequeños felinos de pelo ensortijado, vigilan las leyendas esculpidas en piedra de la fachada de la Real Chancillería, donde unos extraños seres, mezcla de hombre y monstruo marino, aguantan el peso de las balconadas. Sobre ellos, una decena de pináculos decorados con representaciones florales que se repiten en casi todos los elementos de la fachada renacentista.

Una enorme águila de piedra (...)

Águila sobre el edificio de la Caja Rural en la Gran Vía
Águila sobre el edificio de la Caja Rural en la Gran Vía / J. E. GÓMEZ

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