La naturaleza se viste de Pasión

Morados, púrpuras y rojo sangre son los colores con los que numerosas especies de plantas tiñen sus pétalos en tiempos de Cuaresma

Árboles de Judas, tiñen de púrpura el entorno de la Alcazaba de la Alhambra /J. E. GÓMEZ
Árboles de Judas, tiñen de púrpura el entorno de la Alcazaba de la Alhambra / J. E. GÓMEZ
JUAN ENRIQUE GÓMEZ y MERCHE S. CALLE

Miles de minúsculas flores arracimadas crecen en las ramas de un pequeño árbol que se ha convertido en símbolo de la entrada de la primavera en jardines y espacios naturalizados de la ciudad de Granada. Esta especie originaria del Mediterráneo oriental, Cercis siliquastrum, muestra su máximo esplendor en tiempos de Cuaresma, lo que incide de forma directa en su apelativo popular: árbol de Judas, porque se dice que en uno de ellos se ahorcó el apóstol que traicionó a Cristo, o de Judea por su origen geográfico, pero también conocido como árbol del amor, porque sus pequeñísimas flores tienen forma de corazón púrpura, símbolo del amor de Cristo expresado en la Pasión. Genera una exuberante floración que inunda el paisaje de colores que tornan del morado al rosado con el paso de los días y generan líneas que remarcan la belleza de espacios como las murallas de la Alhambra, el Paseo de los Tristes y los caminos que discurren entre los grandes tilos, castaños y plátanos de sombra del bosque de Gomérez.

Espinas de Cristo, flores de la Pasión, árboles de Judas y nazarenos, suman su imagen a la iconografía que precede a la Pascua

La naturaleza anuncia la Semana Santa, la tradición adapta las formas e imágenes que ancestralmente nos rodean. Palmas y ramas con brotes de olivo para festejar el Domingo de Ramos, dalias, espinos, peonías, flores moradas, rojas y púrpuras para mostrar el dolor y la sangre e inciensos para aromatizar tiempos de Pasión. Observar jardines y campos con el avance de la Cuaresma es contemplar el tapiz de color que envolverá túnicas, capirotes, mantos bordados y motivos florales en labrados de plata de tronos y varales. El hombre ha exportado a sus representaciones la imagen de la naturaleza. La Cuaresma es época de cambio de estación, un periodo en el que a las puertas de la esperanza de un tiempo benigno perduran las lluvias y los cielos grises, donde las plantas muestran colores densos para atraer a los insectos que las polinicen. En el interior de los bosques, las peonías mediterráneas, a las que llaman Rosa de Cuaresma, aparecen como joyas rojas y moradas entre encinas y quejigos, mientras en jardines crece Euphorbia milii, que se conoce como Espina de Cristo y Corona de Espinas, por sus numerosas e incisivas protuberancias. En zonas áridas aparece un cardo al que se conoce como Azotacristos (Centaurea calcitrapa). Los bordes de caminos de espacios como la Dehesa del Generalife se llenan estos días de Nazarenos, Muscari neglectum, unas florecillas en racimos, de color morado, que parece que forman procesiones.

En territorios umbríos, el mundo de las orquídeas mediterráneas tienen sus flores de Semana Santa, Dactylorhiza maculata, a la que se conoce como Palma de Cristo, y otras como Orchis papilionácea, que visten el color de la Cuaresma. En las acequias, albercas y riberas, la flor de la viuda o flor de la Pasión, muestra grandes coronas moradas que destacan sobre la austeridad de las acequias.

El color de la Semana de Pasión tiene su reflejo también en el reino animal. No muchas aves se visten de morado, púrpura o rojo, pero en Granada es posible observar el vuelo de los machos de roquero solitario, (montícola solitarius) que tiñe con su color azul obscuro intenso los lugares que utiliza como atalayas, en esta época en acantilados costeros y en verano en las cumbres de Sierra Nevada. En los humedales vuela un representante de los ibis, llamados moritos, que despliegan un misterioso plumaje rojo obscuro y azulado.

La Semana Santa es también iconografía y color, un reflejo de la naturaleza, del entorno original que forma parte del acervo cultural e histórico de los pueblos.