'Tesoros científicos' escondidos en la ciudad

Desde Puerta Real a la Catedral, de Gomérez a la Alhambra, un recorrido para descubrir la evolución de la Tierra, un paseo de la mano de paleontólogos de la UGR en busca de fósiles

La paleontóloga Elvira Martín muestra la 'playa' de fósiles marinos en el pavimento de la plaza del Carmen /J. E. GÓMEZ
La paleontóloga Elvira Martín muestra la 'playa' de fósiles marinos en el pavimento de la plaza del Carmen / J. E. GÓMEZ
JUAN ENRIQUE GÓMEZ y MERCHE S. CALLE

Vivían entre los limos de aguas poco profundas del mar original, del enorme mar de Tetis, que rodeaba la Pangea, el primer continente del que se desgajaron las tierras de Europa, Asia y África. Eran rudistas, ancestros de los actuales moluscos, animales de concha, bivalvos como las actuales almejas y navajas aunque con sus conchas enrolladas sobre sí mismas, circulares con formas de tubo. Filtraban el agua para alimentarse de microorganismos que nadaban en aguas tranquilas. Durante millones de años, vivieron y murieron; fueron cubiertos por barros y atrapados por los enormes movimientos geológicos que elevaron sobre el mar las tierras de Iberia. Algunos de ellos vivieron en territorios que al emerger formaron las grandes sierras de Iberia. El paso de un centenar de millones de años los petrificó, los convirtió en parte de enorme rocas que el hombre moderno ha extraído de la tierra para hacer de ellas suelos, paredes y elementos de ornamentación. Colonias de numerosos individuos que habitaron mares cálidos, muestran ahora su imagen en los pavimentos rojos y negros de la plaza del Carmen, en el corazón de la ciudad de Granada. Adornan de colores pálidos, blancuzcos, las losetas de roca denominada 'Rojo Bilbao' que cubre la plaza y el área de Puerta Real, ribeteadas de otras de color negro, donde también afloran restos de rudistas nacidos entre el Jurásico y el Cretácico.

Paredes y suelos esconden 'tesoros científicos', restos petrificados de seres que vivieron hace 400 millones de años

Es una playa petrificada, la imagen más clara de la presencia de numerosísimos animales fosilizados que 'habitan' en las calles y plazas más frecuentadas, por las que pasamos a diario sin darnos cuenta de que caminamos sobre 'tesoros científicos' que aportan datos para conocer la evolución de la Tierra. Mientras en la plaza del Ayuntamiento hay moluscos, en Reyhes Católicos se observan ammonites; en las plazas, algas calcáreas; en la Catedral, conchas de peregrino; erizos irregulares en San Agustín…

Mirando fósiles en el pretil de la placeta de Alonso Cano; Conchas de gasterópodos y ammonites en la calle Reyes Católicos / J. E. GÓMEZ

Hay maneras de conocer los fósiles de la ciudad. El Departamento de Paleontología y Estratigrafía de la Universidad de Granada organiza desde hace tiempo rutas para buscar fósiles en la ciudad. Centro-Catedral, Puerta Real-Plaza Nueva, Alhambra y entre San Jerónimo y el Rectorado. «Pasear con atención, observando las losas que pavimentan las calles, los zócalos de los edificios, las piedras de la fuentes y pilares, nos puede abrir un universo maravilloso, un universo de conocimiento que nos traslada a épocas que van desde el Jurásico hasta el Cuaternario (la era geológica actual), desde 200 millones de años hasta la actualidad», afirma la paleontóloga Elvira Martín Suárez, que junto a compañeros de departamento, realizan rutas guiadas con colegios, asociaciones, con científicos y personas interesadas en conocer los elementos fósiles existentes en la ciudad.

Por el centro

Una ruta sencilla y atractiva, realizada con Elvira Martín, se inicia en los soportales de Correos. El recubrimiento del edificio, de piedra caliza (mármol de Sierra Elvira) posee restos de crinoides, denominados lirios de mar, equinodermos como las estrellas marinas. También hay algunas conchas de belemnites, similares a los calamares. Demuestran que en el territorio de Atarfe, existía un mar en el que habitaban estos seres que parece ser que aparecieron hace casi 500 millones de años. Granada está llena de piedra de Sierra Elvira, por lo que es fácil verlos en otros edificios, como la Facultad de Derecho, la Madraza, y en muchas casas particulares.

Camino del Ayuntamiento, en Escudo del Carmen, junto a la puerta del edificio de la Sevillana, la piedra 'Crema de Alicante', muestra munmulites, organismos unicelulares con formas de pequeñas espiguillas que se aprecian en los escalones. De ahí a la Plaza del Carmen para observar las playas de rudistas. En el viejo barrio de San Matías, Al extremo de la estecha calle Jazmín, en la plaza del rector Vila, en un maravilloso pilar de calizas nodulosas rojizas, aparece un ammonite de tamaño medio y muy bien conservado.

En Reyes Católicos, en la acera de la izquierda en dirección Plaza Nueva, hay dos losetas que estacan sobre las demás porque brillan. Una está junto a la puerta de entrada de las tiendas HM. En ella se observa un gran ammonite de color crema que destaca sobre el blanco marfil de la piedra. Unos 10 metros antes, otra loseta brillante muestra una concha de molusco gasterópodos (como las caracolas alargadas actuales). Los dos fósiles se salvaron de la piqueta que eliminó el pulido de las losetas para evitar que resbalasen, tras la intervención de los vecinos y un reportaje de IDEAL.

Catedral

El área de la Catedral es un mar de fósiles. El banco alargado de la placeta de Alonso Cano, frente a la entrada del Sagrario, muestra numerosos restos de crinoides, de lirios de mar, en piedras calizas de Sierra Elvira. Puede verse asociado con fósiles de algas calcáreas.

El paseo en busca de tesoros de otras eras geológicas se hace más lento en la calle Oficios, ya que estamos ante un verdadero yacimiento de fósiles que decoran las piedras calizas de los laterales de la calle, donde se pueden descubrir ammonites. En las paredes de la Capilla Real aparecen restos de moluscos. La estrella de la calle Oficios está en el interior de la Madraza. En la esquina interior derecha del patio central, una loseta muestra todo un conglomerado de moluscos gasterópodos y algún gran ammonite, en menos de un metro cuadrado.

La Catedral es de piedra de travertino y calcaricita, donde es posible descubrir conchas de peregrino en los frisos situados a la altura de las personas, con detalles como una concha muy bien conservada en la pared exterior del crucero, frente a la antigua sede de la General.

Y en el mercado de San Agustín, uno de los tesoros fosilizados se encuentra en las losetas calizas que forman el recubrimiento del edificio. En la esquina de la placeta de San Agustín, medio metro por encima de nuestras cabezas, restos de erizos irregulares, organismos que viven enterrados en los fondos y que quedaron atrapados por la evolución geológica y conservados sin fricción para mantener sus cuerpos blandos.

Pasear por la ciudad adquiere una nueva dimensión si somos capaces de ampliar nuestra mirada en lo que encierran las piedras y logramos oír lo que nos tienen que contar.