BROTES DE COLOR PARA DAR LA BIENVENIDA A LA PRIMAVERA

Las altas temperaturas del fin del invierno adelantan el renacimiento de la flora en la ciudad y espacios naturales de su entorno para mostrar el cambio de estación

Brotes de hojas y flores de castaño de indias junto al Palacio de Carlos V /J. E. GÓMEZ
Brotes de hojas y flores de castaño de indias junto al Palacio de Carlos V / J. E. GÓMEZ
JUAN ENRIQUE GÓMEZ / MERCHE S. CALLE

Ha ocurrido en solo unos días. La imagen de los bosques, riberas, jardines y llanuras, cambia casi por horas. Las altas temperaturas del final del invierno, a pesar de la escasez preocupante de lluvias, han generado el milagro de la luz y el color. La gran mayoría de las especies vegetales han modificado su fenología y comienzan a brotar unas semanas antes de lo que sería su ciclo habitual. La ciudad de Granada luce un especial momento de esplendor con el verde luminoso de las hojas incipientes de los castaños de indias en el bosque de la Alhambra, los tilos de Bibrambla comienzan a dar sombre, mientras en los almeces de la plaza del palacio de Carlos V, revolotea la mariposa del almez que ya comienza a poner sus huevos sobre las bayas tiernas de este árbol habitual en los espacios ajardinados de Granada.

Brotes de almez / Los Ginkgo bilova del Jardín Botánico ya tienen brotes / El granado de Puerta Real ya muestra sus hojas rojas / J. E. GÓMEZ

En los espacios naturales, sobre todo junto a los cursos de agua, en las riberas de ríos y arroyos, sauces, olmos, rosales silvestres, enredaderas, e incluso las higueras, muestran sus ramas cubiertas de las primeras hojas del año. Son elementos frágiles que crecen expuestos a todo tipo de ataques y peligros. De hecho muchos de esos brotes verdes no prosperan porque tienen sus depredadores y se convierten en alimento de orugas y larvas de insectos que, también en primavera, aprovechan para crecer. Algunas especies de aves tienen en las hojas tiernas la mejor comida en tiempos en los que están dedicados a reproducirse y cuidar de sus camadas.

Las jaras se adueñan de las sierras y en el matorral aparecen las primeras flores azules, blancas y rosadas del año. En los árboles surgen protuberancias de diferentes colores, moradas en los robles, ocres y verdes en los arces y puntos anaranjados en los pinos y abetos. Son las flores con las que estas especies vegetales pondrán en marcha su proceso de reproducción. En los prados situados entre encinas y matorral aparecen hojas rojas y carnosas; son el inicio de una de las plantas que se consideran la esencia del bosque mediterráneo, las peonías.

En la ciudad ocurre algo similar. En los parques y parterres, la vida vuelve a nacer sin importarle demasiado lo que ocurre a su alrededor. Un paseo por los espacios verdes urbanos es aleccionador. Las flores de invierno, que suelen crecer en troncos pelados, como el macasar, o los almendros, han dado paso a las hojas y mezclan masas de color blanco y rosado con el verde de los brotes, que en algunos casos es casi morado, como ocurre con el ciruelo rojo, una especie abundante en los parterres urbanos. En los parques, las rosaledas también comienzan a vestirse con sus mejores galas, y el jazmín de primavera muestra ya sus flores amarillas.

En los campos de cultivo, los cereales cubren de verde enormes extensiones de territorios llanos, miles de hectáreas que durante los últimos seis meses han permanecido aparentemente secas. Las huertas están cargadas. Los frutales ofrecen una visión realmente espectacular, cada árbol es como una nube blanca y rosada.