POSIDONIAS, UN 'SANTUARIO' BAJO EL MAR

Praderas submarinas convertidas en refugio final ante el cambio climático, una planta superior marina del Mediterráneo que sobrevive y acoge a decenas de especies a pesar del impacto de la pesca intensiva

Científicos estudian una pradera de posidonias /J. ANDALUCÍA
Científicos estudian una pradera de posidonias / J. ANDALUCÍA
JUAN ENRIQUE GÓMEZ y MERCHE S. CALLE

Pequeños peces de colores verdosos y azulados, ocres y rojos, según sean machos o hembras, nadan entre una tupida maraña de hojas verdes planas y muy alargadas que se mueven con el movimiento de las mareas. Son doncellas, Coris julis, una de las más de 40 especies de peces que habitan en el interior de las praderas de fanerógamas marinas del Mediterráneo, extensiones de vegetación submarina, formadas por plantas superiores como la gran mayoría de las especies de flora que crecen en tierra, y entre ellas la más abundante en aguas costeras del litoral ibérico, Posidonia oceánica, una especie amenazada de extinción que se considera como el último reducto para la supervivencia de la vida en las costas ante los efectos del cambio climático y el impacto de la acción del hombre sobre el mar y el litoral.

Salvar las praderas de posidonias, es el objetivo de una gran cantidad de proyectos y estudios que se llevan a cabo desde hace más de una década, especialmente los Life-Posidonia, y el Life-Intermares, que con financiación de la Unión Europea, el Ministerio para la Transición Ecológica a través de la Fundación Biodiversidad, y las comunidades autónomas, como la Junta de Andalucía en el sur de la península, tratan de preservar y regenerar un ecosistema que se considera clave para la estabilidad de la orografía costera y de la vida que se desarrolla en los fondos litorales, ya que las praderas de posidonias se convierten en el espacio en el que habitan numerosas especies entre flora y fauna, y en el refugio ideal para multitud de alevines de diferentes especies que más tarde, al crecer, poblarán los mares.

Según los datos aportados por los proyectos Life y los controles realizados por sus científicos, en las praderas de posidonias en el sur ibérico habitan de forma habitual alrededor de 211 especies, de las que 49 son algas, otras 41 son peces y 121 son invertebrados, pero estas cifras se pueden extender de forma considerable si se tienen en cuenta las especies que se desarrollan entre estos llamados bosques submarinos y los abandonan tras convertirse en adultos, por lo que estos bosques submarinos se pueden catalogar como la gran reserva pesquera mediterránea.

La gran amenazada

Imágenes tomadas desde el aire en el litoral almeriense (Roquetas de Mar) y granadino (litoral oriental y Cerro Gordo-Maro) muestran largas y marcadas líneas rectas que rompen el color verde oscuro del fondo marino. Son los surcos realizados por las artes de los barcos arrastreros sobre las praderas de posidonias, la señal que indica donde la biodiversidad ha desaparecido y tardará décadas en recuperarse. Es la prueba de que la pesca indiscriminada, en muchos casos ilegal, con artes prohibidas, es una de las grandes amenazas que se ciernen sobre estos ecosistemas singulares y la vida que los habitan.

Pero no solo la actividad pesquera pone en peligro la estabilidad de las praderas marinas, ya que la supervivencia del ecosistema se ve amenazada por la contaminación derivada de vertidos urbanos procedentes no solo de los pueblos, sino también de la gran cantidad de urbanizaciones que no poseen los necesarios sistemas de depuración de sus aguas residuales; hay que añadir el efecto del turismo, que cuando se convierte en masivo, provoca un fuerte impacto sobre ecosistemas tan frágiles como estos bosques submarinos, en los que habitan especies que los buceadores buscan para colecciones, como las grandes conchas de las nacras, una especie casi desaparecida ya del litoral del sureste peninsular. La proliferación de embarcaciones turísticas sobre estas zonas provoca la inmersión de numerosos buceadores, el uso de anclas que, al caer, destrozan parte de las praderas, e incluso la instalación de boyas permanentes que se anclan al fondo a base de grandes bloques de hormigón.

No parece tenerse en cuenta beneficios aportados por este ecosistema, como que el hecho de que gracias a las singulares características de estas plantas, que se extienden y fijan sobre el lecho marino gracias a sus fuertes y largas raíces, generan un espacio que se convierte en una barrera de protección del suelo y sirven para reducir de forma considerable la fuerza de las olas, y por tanto, de la erosión que el mar provoca sobre playas y acantilados.

Posidonia arrastrada por las olas a la playa
Posidonia arrastrada por las olas a la playa / J. E. GÓMEZ

No son algas verdes

El gran desconocimiento que impera en algunas instancias de gestión territorial, sobre todo en los ayuntamientos costeros, ha propiciado la destrucción de praderas de posidonias en favor de la ampliación de playas, y no llegan a entender la protección de estos ecosistemas, ya que para ellos, «no son más que algas verdes de las muchas que crecen en toda la costa andaluza», sin tener en cuenta que se trata de praderas de flora vascular, que incluso florecen como sus parientes terrestres. No quieren entender que protegen las costas y son el último refugio para la biodiversidad marina y por tanto, para el futuro del mar..

Posidonia oceanica en Waste Magazine, Datos, fotogalerías, especies asociadas, fichas científicas

 

Fotos

Vídeos