SIERRA NEVADA, AVES EN LAS CUMBRES

El cambio global modifica hábitos y distribución de la avifauna de Sierra Nevada. Una década de estudios confirma cambios en altitud, aumento de poblaciones y especies que aparecen mientras otras abandonan sus territorios

Acentor alpino, una de la aves de la alta montaña que se ha rarificado/J. MIGUEL BAREA
Acentor alpino, una de la aves de la alta montaña que se ha rarificado / J. MIGUEL BAREA
JUAN ENRIQUE GÓMEZ y MERCHE S. CALLE

Vuela entre las piedras cobrizas, ocres y grises. Lo hace a saltos, dejándose ver de forma tímida. Parece algo más grande y fuerte que un gorrión, con colores pardos, negros y rojos que le mimetizan con las rocas. Es un pájaro habitual de la alta montaña que prefiere espacios donde sobrevivir supone soportar condiciones extremas. Se llama Acéntor alpino (Prunela collaris). Sigue a una pareja de montañeros que asciende por la vereda casi vertical de la cara oeste del Mulhacén. Se mantiene a una distancia prudente, donde no se expone al contacto con el hombre pero, aunque es preferentemente insectívoro, se ha acostumbrado a aprovechar los restos de comida de los visitantes; y los insectos, larvas, semillas y frutos que el paso de las fuertes botas pueda levantar de la tierra. Estos pajarillos se concentran en los alrededores de la Carihuela y otros refugios de montaña, donde aprovechan la presencia de montañeros. El acentor alpino ha aumentado sus poblaciones en estas zonas, mientras que en otras donde era habitual casi ha desaparecido. Es una señal inequívoca de que algo está cambiando en el comportamiento de especies que generalmente huían de la presencia humana. Ciertas aves, como otros animales, se han hecho oportunistas, aprovechan lo que pueden conseguir ante la escasez que provocan tiempos de sequía, el incremento de las temperaturas, nieves y lluvias extemporáneas. Nuevas pautas de comportamiento que se derivan también de otros muchos usos de la Sierra, ganaderos, turísticos, deportivos y el efecto de las alteraciones climáticas, que en la Sierra tienen una influencia máxima ya que estamos en un territorio de una gran variedad de ecosistemas y todos ellos de alta fragilidad.

Observatorio

Era necesario conocer la evolución de la biodiversidad, cómo condiciona sus pautas y comportamientos. «Igual que se había iniciado hace unos años con otros bioindicadores, el Observatorio de Cambio Global de Sierra Nevada entendió que las aves podrían aportar datos claros para el seguimiento de los efectos de las alteraciones climáticas y la antropización de este territorio único en Europa», afirma Mariano Guerrero, técnico de la Agencia de Medio Ambiente y Agua de Andalucía y del Observatorio, implicado en los estudios sobre avifauna en la Sierra. El estudio sobre el grupo de aves paseriformes (aves de pequeño tamaño en las que se engloban la mayoría de las insectívoras y granívoras) tenía un importante punto de partida: «Por primera vez contábamos con una referencia histórica con la que poder comparar resultados: los datos recogidos a comienzos de los años ochenta en el contexto de la tesis doctoral del coordinador científico del Observatorio y catedrático de Ecología dela UGR, Regino Zamora, que nos ha permitido establecer una serie histórica de muchas de estas especies», afirma Pablo Galdo, Agente de Medio Ambiente del Parque Nacional y Parque Natural de Sierra Nevada.

Agentes de Medio Ambiente durante una observación
Agentes de Medio Ambiente durante una observación / J. M. BAREA

Los miembros del equipo de control de aves, formado por técnicos y un grupo especializado de Agentes de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía recorren de forma periódica 16 transectos lineales (zonas elegidas para el seguimiento) desde 1.600 a 3.100 metros de altitud distribuidos en cuatro ecosistemas concretos: de carácter forestal (bosques de roble); arbustivo (matorral espinoso de orla); formaciones de sabina y enebro, y de ambientes de cumbres, cada uno con aproximadamente 2,5 kilómetros de longitud. Cada uno de estos recorridos se realiza al menos una vez al mes (excepto las altas cumbres que solo se hacen en verano). Los datos poseen una alta fiabilidad ya que este trabajo se realiza ininterrumpidamente desde octubre del año 2007, un tiempo en el que se han localizado, solo en periodo reproductor, 31.223 individuos de 84 especies diferentes.

«A lo largo de los últimos diez años las aves paseriformes de Sierra Nevada han sufrido un incremento moderado de su población reproductora, con una tasa de crecimiento interanual media del 1,5%. Aunque este crecimiento no ha sido igual ni con la misma intensidad en los diferentes ecosistemas, ni para todas las especies. Las localidades de censo ubicadas en altas cumbres y robledal han sufrido un incremento moderado, ambos con tasas de crecimiento interanuales próximas al 7%. Por otra parte, los transectos situados en enebrales-sabinares han registrado fuertes incrementos poblacionales con una tasa de crecimiento interanual de casi un 10%. Por último, los puntos estudiados ubicados en zonas dominadas por matorral espinoso han mostrado una tendencia incierta de la población reproductora», afirma Mariano Guerrero.

Sierra Nevada sufre las consecuencias del cambio climático con un incremento gradual de temperaturas lo que provoca presencia de especies en altitudes superiores a las que les eran habituales. Otros cambios generados por el abandono de la agricultura y la ganadería parecen estar favoreciendo una matorralización. Al mismo tiempo, los bosques están en pleno proceso de maduración, gracias a las numerosas actuaciones de gestión que se han venido desarrollando y a la creciente antigüedad de las repoblaciones.. Esta situación favorece a determinados grupos de aves como las forestales, herrerillos, carboneros, agateadores, trepadores… que crecen en presencia de una forma considerable, al igual que las de matorral, caso de currucas y chochines. «Pero en otros casos se produce un descenso poblacional, como ocurre con las alondras, cogujadas y totovías, que necesitan zonas abiertas». Paradójicamente, la comparación de los datos actuales con los recogidos hace tres décadas muestran descensos en las poblaciones de aves forestales. También se ha detectado la mejora de espacios de robledal, una recuperación en la que interviene la capacidad dispersora de bellotas de roble de los arrendajos, cuyas poblaciones crecen en la Sierra.

Mariano Guerrero, durante una observación en Sierra Nevada
Mariano Guerrero, durante una observación en Sierra Nevada / IDEAL

Las alteraciones climáticas modifican las áreas de presencia de avifauna. Los estudios en Sierra Nevada indican que hay aves que ascienden en altitud en busca de zonas más frías, es el caso de aves de matorral espinoso, como el chochín, tarabillas y currucas que asciende hasta los enebrales sabinares. En las altas cumbres, una de las aves habituales, la collalba gris, ha entrado en un proceso de rarificación, al igual que el acentor alpino. «Esta situación podría responder a una progresiva pérdida de las condiciones alpinas y la llegada de un proceso de homogeneización de los pisos bioclimáticos, que facilita la migración altitudinal de las especies».

Los datos de la última década de observaciones, comparados con los censos realizados por Regino Zamora en la década de los 80 del siglo XX, los primeros con fiabilidad científica en Sierra Nevada, han servido para constatar los efectos del cambio global en Sierra Nevada y catalogar a la avifauna como testigos clave para conocer el futuro de la biodiversidad y el clima.

Muscicapa striata, papamoscas gris
Muscicapa striata, papamoscas gris / J. E. GÓMEZ
Guía de aves de Sierra Nevada

Conoce las especies que habitan el Parque Nacional y el Natural de Sierra Nevada. Datos, fichas, fotos... en Waste Magazine

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