La chicharra de las altas cumbres

Un insecto endémico desafía las máximas altitudes de la península Ibérica, Baetica ustulata, una especie bioindicadora del cambio climático

Baetica ustulata fotografiada por encima de 3.000 metros de altitud /J. E. GÓMEZ
Baetica ustulata fotografiada por encima de 3.000 metros de altitud / J. E. GÓMEZ
JUAN ENRIQUE GÓMEZ y MERCHE S. CALLE
Baetica ustulata

Kingdom: Animalia /Phylum: Arthropoda

Clase Insecta / Orden Orthoptera

Suborden Ensifera / Superfamilia Tettigonioidea

Familia Bradyporidae

Baetica ustulata

Catálogo Nacional de Especies Amenazadas. Categoría de amenaza Sensible a la alteración de su hábitat (Orden de 10 de marzo de 2000)

Endemismo de Sierra Nevada Presenta un gran numero de adptacioneas a la alta montaña, cuerpo voluminoso, melanismo y apterismo. Las poblaciones de este endemismo estan muy localizadas en una pequeña área de distribución.

Vive en lugares abiertos en el pastizal nevadense en los pisos bioclimáticos oromediterráneo y crioromediterráneo

Fundamentalmente en zonas de matorral almohadillado donde son abundantes Genista versicolor, Hormathophylla spinosa (Rascaculos), Thymus serpylloides, Senecio pyrenaicus granatensis. Tambien son abundantes debado de piedras y sobre Arenaria pungens

La principal amenaza a esta especie son las actividades relacionadas con la estación de esquí que reducen cada vez más la restringida área de distribución

Reportaje Chicharras de élite

Protegido por la UE, un insecto único de Sierra Nevada es clave en los estudios sobre el cambio climático

Vive entre las lascas de pizarra y se alimenta de plantas que también son endémicas del sistema montañoso granadino

Está en el punto de mira de científicos de todo el mundo. Es un pequeño insecto que forma parte del club más selecto al que podrían aspirar las especies animales que pueblan la Tierra. Una sociedad a la que solo se puede acceder por razones de exclusividad. Hay que ser único en el mundo. Se llama Baetica ustulata y vive en Sierra Nevada, donde los habituales de las altas cumbres le conocen como Chicharra de montaña. Igual que el hombre es la única especie (sapiens) que forma el género Homo, este insecto ortóptero es de la única especie (ustulata) que representa al género Baetica. Esa exclusividad ha hecho que sea uno de los muy pocos insectos protegidos por legislaciones interestatales como las europeas. Está incluido en los listados de protección de la Directiva Hábitats de la Comunidad Europea y el Convenio de Berna, además de la ley andaluza y estatal sobre especies amenazadas.

J. E. GÓMEZ

En Andalucía hay solo 15 especies de invertebrados con algún tipo de protección, de las que cuatro son moluscos, y el resto insectos, pero la mayoría son mariposas y libélulas. Ortópteros, como es el caso de la Chicharra de montaña, solo hay uno.

Se le puede encontrar en un hábitat formado por matorral de alta montaña, enebrales, sabinares y piornales de alta montaña, canchales y pastizales asociados a borreguiles de las altas cumbres de Sierra Nevada y en periodos de tiempo muy cortos, cuando ya no hay nieve.

Este insecto, que aunque no tiene primos con los que compararse, se asemeja a un grillo, tiene cuerpo de chicharra, largas patas traseras que les permite saltar, pero no tan grandes como los saltamontes, a los que sí se parece en su cabeza y la disposición de las antenas. Presenta colores marrones, rojizos y amarillos, que le ayudan a camuflarse por completo entre las rocas de pizarra de la sierra. Una coloración que le hace muy visible cuando se mueve entre plantas, también endémicas de Sierra Nevada, como Arenaria pungens y Genista baetica, de las que se alimenta, aunque la chicharra de montaña es una especie que también se alimenta de carroña y detritos.

Bioinidicadora del cambio climático

Se ha convertido en uno de los más importantes bioindicadores del cambio climático en todo el mundo. «Es una de las piezas clave en los trabajos que realiza el Observatorio de Cambio Global de Sierra Nevada. Llevamos cinco años siguiendo algunas poblaciones dispersas por todo el macizo y principalmente establecemos índices de abundancia que son revisados anualmente en diferentes cotas altitudinales y ambientes», dice el investigador y técnico de la Agencia de Medio Ambiente y Agua de la Junta de Andalucía, José Miguel Barea. Los últimos estudios realizados el pasado verano indican que «cada año encontramos menos cantidad de ejemplares», aunque lo realmente interesante es que las poblaciones que se encuentran a mayor altitud son más densas que las que hay más abajo, donde el número de individuos decrece anualmente. Ese dato indica que las temperaturas suben en el macizo de Sierra Nevada, lo que hace que las especies animales y vegetales intenten alcanzar cotas más altas.

La evolución del clima en Sierra Nevada afecta de forma directa a las especies que viven en el macizo, ya que con el incremento del calor, tanto animales como vegetales de alta montaña buscan zonas más frías, es decir, suben a cotas más altas. Si una especie se alimenta de una planta que cada vez crece más arriba, también tiene que subir para conseguir su alimento, y con ellas todos los que se encuentran asociados a la red trófica. Llegará el momento en que no tendrán suelo donde vivir.