EL VOLCÁN DONDE NADAN LAS SIRENAS

El extremo sureste de Iberia se alza sobre Alborán en forma de arrecife. Los acantilados de Cabo de Gata mantienen colonias de alcatraces, vieron las últimas focas monje y reciben la visita de frailecillos mágicos

Rocas volcánicas forman el arrecife de las Sirenas, el punto más al sureste de la península Ibérica /J. E. GÓMEZ
Rocas volcánicas forman el arrecife de las Sirenas, el punto más al sureste de la península Ibérica / J. E. GÓMEZ
JUAN ENRIQUE GÓMEZ y MERCHE S. CALLE

La grava es de color bronce con rocas moldeadas por el fuego magmático del interior de la Tierra. Son los sedimentos del gran volcán que dejó escapar su savia roja mientras su cráter emergía de las aguas del antiguo mar de TetIs, precursor de Alborán, mientras precipitaba su unión con las aguas del viejo Mediterráneo. La poderosa lengua de lava creó las montañas, mesetas y humedales del sureste ibérico y dibujó los relieves únicos donde acaba la tierra y vuelve el imperio marino, los acantilados de Cabo de Gata, paredes verticales sobre las que un viejo faro aún señala los caminos del mar y abajo, entre dos aguas, se antoja la presencia de las seductoras cantoras de torso de mujer y cola de pez que parecen vislumbrarse entre las agujas rocosas del arrecife de las Sirenas.

Es un paraje que podría haber sido extraído de mundos de fantasía, pero en el que se hicieron realidad historias de aventureros, conquistadores, viajeros y piratas que durante siglos lo utilizaron para acceder a las tierras del sur peninsular, pero también es uno de los muy escasos puntos del litoral donde aún es posible observar la evolución de los ecosistemas originales del litoral volcánico mediterráneo y la singular biodiversidad que los habitan. Conservar la esencia de esos espacios naturales y sus características es la clave de una serie de actuaciones que a través de programas europeos como EL Life Indemares, que con la coordinación del Ministerio para la Transición Ecológica a través de la Fundación Biodiversidad, catalogaron los espacios marinos a proteger e incluir dentro de la Red Natural 2000, y que en la actualidad, con el Life Intermares, también a través de la Fundación Biodiversidad, intentan establecer modelos de gestión compartida de los espacios para conseguir mayores cuotas de conservación y protección de territorios tan exclusivos como el espacio marítimo-terrestre de Cabo de Gata y en particular zonas como el arrecife de las Sirenas y sus acantilados.

Las chimeneas volcánicas se alzan sobre la superficie y crean esa imagen particular que atrae a miles de visitantes cada año, pero entre las rocas, el mar se expande en caprichosas terrazas de aguas someras de escasa profundidad que se acercan a las minúsculas calas bajo el acantilado. Es hábitat de una gran cantidad de especies marinas habituales del Mediterráneo como fredis, sargos, doncellas, salpas, meros y abadejos; nadan las lisas en superficie y las lubinas se acercan desde aguas más profundas. Las paredes están pobladas de algas calcáreas, poríferos y corales mediterráneos, entre los que se refugian alevines de las especies pesqueras más comunes. Sobre las rocas volcánicas, no hace más de una década, era posible ver descansar grupos de focas monje, que tradicionalmente eran confundidas con sirenas, una especie ya considerada oficialmente como extinta en territorio español.

Sobre el arrecife, que a modo de alcazaba defensiva se sitúa de este a oeste, se alzan los acantilados más impresionantes del sureste ibérico. Desde las inmediaciones del faro que los corona, es fácil observar el vuelo de decenas de alcatraces que a final del otoño llegan desde aguas del norte de Europa para invernar en el litoral de Alborán. Las enormes aves de alas blancas planean sobre el mar mientras otean la superficie hasta divisar algún pez sobre el que lanzarse en un rapidísimo picado hasta zambullirse en el agua y alcanzar a su presa, en ocasiones a más de dos metros de profundidad. Comparten las repisas de las rocas con los pequeños, tímidos y escasísimos frailecillos, uno de los pocos lugares del sur donde es posible encontrarlos en sus migraciones de invernada. Con su grueso pico con bandas de color naranja, se desplazan entre las grietas rocosas antes de realizar cortos vuelos sobre la superficie, posarse buscar sus presas y bucear hasta capturarlas.

Cormoranes, gaviotas y charranes son parte de la fauna habitual de estos acantilados, donde la flora es muy escasa ya que ha tenido que especializarse para soportar la fortísima influencia marina. Junto a ellas aparecen grupos de flores amarillas de Asteriscum maritimus y las adormideras marinas. Las flores del cardo heredero se asoman entre las grietas. En el interior, resguardados de los vientos, el sustrato volcánico permite el crecimiento de uno de los mayores palmitales de la península. Palmitos, acebuches, lentiscos y coscojas cubren las laderas y vaguadas que caen sobre la cala del Corralete, al oeste del faro.

Antes de llegar al faro, en los llanos del pueblo de Cabo de Gata y la Fabriquilla, un gran humedal salino muestra el gran valor de tierras que fueron utilizadas durante siglos como saladares, lagunas en las que habitan centenares de flamencos, avocetas, gaviotas y charranes. Cabo de Gata es la puerta del sureste peninsular, el arrecife mágico donde habitan las sirenas.

El faro de Cabo de Gata se alza sobre el acantilado, en el que habitan y vuelan los grandes alcatraces. En arenas volcánicas crecen los jopos de lobo / J. E. GÓMEZ
BIODIVERSIDAD SINGULAR

En el espacio volcánico del faro de Cabo de Gata y el arrecife de las Sirenas, habitan especies de flora y fauna adaptadas a duras condiciones ambientales. Fotogalerías, Guías de especies, biodiversidad, en Waste Magazine

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