REFUGIO ENTRE LA SAL

Las salinas de Punta Entinas se convierten en el último reducto para la biodiversidad ante el impacto del mar de plástico

Flamencos en las salinas de Cerrillos, en Punta Entinas, Almería /J. E. GÓMEZ
Flamencos en las salinas de Cerrillos, en Punta Entinas, Almería / J. E. GÓMEZ
JUAN ENRIQUE GÓMEZ y MERCHE S. CALLE

El viento de poniente genera una imagen de agua rizada coronada de espumas ocres, un diminuto oleaje entre el que intentan mantenerse, agazapados, convertidos en una bola de color blanco con tonos rosados, decenas de flamencos que esconden su largo cuello entre las alas. En las orillas, pequeñas aves sortean las olas y buscan alimento entre los limos, mientras grupos de pagazas y gaviotas de Audouini sobrevuelan la lámina de agua. Todos ellos forman parte de la biodiversidad que habita en las antiguas salinas de Cerrillos y Punta Entinas, en un espacio protegido, catalogado como Paraje Natural y desde hace algo más de un año Zona de Especial Protección (ZEP) de la Unión Europea y la Red Natura 2000. Es un territorio relicto, casi único entre la línea de playa y el mar de plástico que se extiende entre Almerimar y Roquetas, un espacio protegido del avance inmobiliario y los invernaderos de la agricultura intensiva, donde aún se conservan parte de los ecosistemas originales de esta zona del sureste andaluz, un ejemplo vivo de lo que podría ser la costa occidental almeriense, una consecución de sistemas de dunas móviles, humedales litorales, lagunas alimentadas por arroyos y acuíferos subterráneos procedentes de la sierra de Gádor, afloraciones de aguas que como en las Albuferas de Adra, tornan en oasis pequeños espacios de un territorio árido.

Al este de Almerimar, un sistema de dunas móviles recorre la línea de playa, mientras que hacia el interior, se levantan una serie de cortados de conglomerados arenosos sobre los que se extienden miles de invernaderos. Ocultas bajo los acantilados y protegidas por la vegetación dunar, perviven diversas lagunas que cuentan con la calificación de reserva natural para proteger una rica biodiversidad, con especies catalogadas en peligro crítico de extinción como garcilla cangrejera y cerceta pardilla, un humedal en el que habitan más de doscientas especies de avifauna. Hacia el oriente, tras las lagunas y el faro de Punta Entinas, los saladares han dejado su actividad de salinas para convertirse en un refugio para miles y miles de aves, un lugar habitual para observar bandadas de flamencos, donde se desarrollan comunidades de estas aves que se mueven entre Cabo de Gata, los humedales de la costa de Granada e incluso llegan a Fuente de Piedra. Saladares donde crían multitud de charrancitos, aves protegidas que en otros lugares como las Marismas del Odiel, en Huelva, provocan el cierre de carreteras, playas y caminos para proteger su área de reproducción.

Salinas de Punta Entinas / J. E. GÓMEZ

Desde hace unos años, las salinas de Punta Entinas se han convertido en un espacio para la observación de aves al que llegan ornitólogos de todo el mundo y en el que se ha incrementado de forma considerable el llamado turismo de naturaleza, con visitantes que desde Roquetas y Almerimar se acercan a pasar unas horas de observación de la naturaleza. Llegar es fácil. En el extremo más oriental de Almerimar comienzan una serie de senderos que, paralelos a la playa, se adentran en el Paraje Natural, sobre todo en la zona de dunas móviles, pero si se quiere visitar las salinas y realizar observación de aves, hay que tomar la carretera que, paralela a la costa, se dirige hacia Roquetas. Tras recorrer la zona alta de los cortados, la carretera, entre invernaderos, llega a las inmediaciones de las salinas, donde varios caminos parte a la derecha de la carretera para internarse en las lagunas y salinas, el primero de ellos hacia el faro y el segundo se interna en la salina principal. Todos ellos son de uso peatonal. Un paseo que mostrará una parte de la biodiversidad que obtiene en ellas un refugio para sobrevivir.

Salinas de Punta Entinas

Es un ecosistema singular, situado entre el mar de Alborán y el mar de plástico de los invernaderos de El Egido, entre Almerimar y Roquetas. Un espacio cargado de biodiversidad y un refugio ideal para avifauna, residente y migradora.

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