Joyas de la costa de Alborán

Descubre la flora singular que crece en playas, acantilados, ramblas y montes del exclusivo litoral de Granada | Especies de plantas muy escasas, incluso únicas, intentan sobrevivir en ecosistemas costeros a pesar del avance de urbanizaciones y turismo

Azucena maritima, Pancratium maritimum, hasta hace poco era habitual en playas como las Azucenas, hoy solo se ve en espacios de reintroducción /J. E. GÓMEZ
Azucena maritima, Pancratium maritimum, hasta hace poco era habitual en playas como las Azucenas, hoy solo se ve en espacios de reintroducción / J. E. GÓMEZ
JUAN ENRIQUE GÓMEZ y MERCHE S. CALLE

Un intenso aroma dulzón llega desde la arena gris de la playa. La brisa marina lo expande hacia el interior de la primera línea de antiguas dunas consolidadas por el paso de los siglos. Los primeros rayos de sol de la mañana impulsan a las azucenas marítimas a abrir sus grandes flores blancas enracimadas sobre un tallo verde, grueso y fuerte. Lanzan su fragancia para atraer a insectos que se lleven su polen adherido en sus patas y lo depositen en el interior de las flores de otras plantas y que les ayuden a reproducirse. Crecen en una pequeña cala entre acantilados en la costa occidental de Granada. Estas azucenas marítimas, Pancratium maritimum, han sido introducidas por técnicos de la Junta de Andalucía con el objetivo de recuperar sus poblaciones perdidas por el avance inmobiliario y el incremento del turismo en la costa de Granada. Hace solo tres décadas, estas plantas crecían en grupos muy numerosos a levante de Motril, había tantas que le dieron nombre a la playa de las Azucenas.

El uso recreativo, turístico y agrícola de la línea costera granadina ha minimizado el valor de la biodiversidad que habita el litoral. Vecinos y visitantes de la costa no son conscientes de la gran riqueza y singularidad ecológica que posee un territorio donde, a pesar de los continuados atentados medioambientales, subsisten ecosistemas singulares en los que se desarrollan verdaderas 'joyas' de la naturaleza, casi todas ellas amenazadas de extinción. Playas, dunas, acantilados, ramblas, barrancos y roquedos, albergan centenares de especies de flora autóctona mediterránea, que aprovechan los efectos de los pisos bioclimáticos termo y mesomomediterráneo, de temperaturas templadas, sin excesivos fríos en el invierno ni veranos tórridos, para crecer y colonizar los ecosistemas que componen el territorio entre la línea costera y una altitud de 500 metros sobre el nivel del mar.

Entre los numerosos taxones que habitan en la costa de Granada, solo algunas de estas especies pueden considerarse como verdaderas 'joyas' botánicas del litoral granadino. El botánico Jesús del Río, técnico del programa de recuperación de la flora singular de Las Azucenas y numerosos estudios relacionados con la biodiversidad de Granada, señala 26 especies que se podrían calificar como singulares. Son las que cumplen con determinados requisitos como ser endémicas de este territorio; forman parte del catálogo de especies protegidas, están amenazadas con las categorías de 'en peligro de extinción' o 'vulnerables'; están incluidas en la Lista Roja de la Flora Vascular de Andalucía o se les puede considerar como raras en cuanto a su distribución biogeográfica o tienen poblaciones únicas. Son requisitos que señalan taxones tan exclusivos como Teucrium rixanense, una pequeña planta que crece exclusivamente en las laderas que caen desde los cerros de Castell (pico de Águila) hacia la Rijana, la cala de la que toma su 'apellido', que hasta hace unos meses compartía territorio con Málaga, pero se ha descubierto que las poblaciones malacitanas no son la misma especie que la granadina.

TEucrium rixanense; Ophrys bombYliflora; Lavatera oblongifolia, malva de la Alpujarra / J. E. GÓMEZ

En los acantilados de la costa occidental, entre Cerro Gordo y La Herradura, aún se conservan parajes en los que crece Cneorum tricoccom, con frutos rojos troceados en tres partes, una planta que ha sido reintroducida para evitar su extinción. Entre las rocas de esos cortados azotados por el aire salino son muchas las especies que han de adaptarse a durísimas condiciones y entre ellas, una de las joyas que se extiende por todo el litoral granadino, Maytenus senegalensis, un arbusto que junto a otra de las especies amenazadas, Lycium intrincatum, sirven de refugio a aves como currucas, perdices, cogujadas y roqueros. Es también el hábitat del romero blanco, una especie escasísima en peligro crítico de extinción que se puede observar en las laderas de los cerros que caen hacia Cantarriján. En las zonas áridas, descarnadas de roquedos litorales, aparecen poblaciones de Limonium malacitanum, un endemismotambién en peligro crítico, que solo crece entre Torremolinos y Almuñécar.

En puntos de mayor altitud se dan casos de extrema rareza biogeográfica, como una orquídea, Ophrys bombyliflora, ositos u orquidea abejorro, de la que solo se conoce una pequeñísima población en las laderas del Conjuro. También en zonas altas, pero expuestos a los aires marinos, poblaciones de boj, Buxus balearica, arbustos que forman verdaderas murallas verdes, refugio de fauna y otras plantas que crecen bajo su protección.

Son elementos básicos para conocer la esencia de los ecosistemas originales que formaban el paisaje de la costa de Alborán y que aún perviven a pesar del acoso creciente sobre el medio natural por parte de la agricultura intensiva bajo plástico y las urbanizaciones turísticas, que ya han provocado la extinción de plantas como Valantia lainzii y Linaria pedunculata, que habitaban entre Carchuna y Calahonda.

En cualquier playa de la costa de Granada, en la primavera, plantas como la margarita de mar tapizan de amarillo las arenas. Al llegar el verano, las excavadoras las arrasan para crear una superficie lisa y gris, que desgraciadamente es la preferida por el hombre civilizado.

Ecosistemas de viento y sal

Las plantas que habitan en la costa se han especializado en situaciones meteorológicas duras. Soportan también condiciones de alta salinidad.

Puedes consultar fichas y datos de las joyas botánicas de Alborán en Waste Magazine