Las huertas del milenio

Entre el Generalife y la Alhambra aún perdura el vergel de los sultanes y sus almunias | Conocer los huertos es adentrarse en el único espacio monumental andalusí cultivado sin pausa desde hace más de 800 años

Huertas del Generalife, al fondo las torres de la Alhambra / J. E. GÓMEZ
JUAN ENRIQUE GÓMEZ y MERCHE S. CALLE

Caminaba entre las vides que en agosto presentan sus grandes racimos de uvas a punto de madurar, mientras el rumor del agua de las acequias se extendía sobre los surcos. El Alarife (el arquitecto) recorría los parterres de su almunia situada en la ladera oeste del cerro de la Novia, Dar al Arusa, la antesala de los complejos agrícolas y de recreo que en el siglo XII se extendían hacia las zonas altas del actual cerro del Sol. Desde los bancales rodeados de almeces y coloreados con las flores de decenas de granados, el creador de la Yannat Al Arif (el huerto del alarife) contemplaba las murallas de la Alhambra, las torres que se llamaron de la Cautiva y las Infantas, de una fortaleza palatina inconclusa. Percibía el aroma de romeros, lavandas, mentas, melisas y yerbabuenas entre el frescor de los nogales, caquis y menbrilleros. Poco tiempo después, la almunia se convertiría en espacio para el descanso y solaz del sultán Muhammad II y comenzaría a llamarse Jardín del Alarife, el actual Generalife, que el poeta y visir Ibn Al Jatib calificaba como el lugar donde la sensación placentera era otorgada por la naturaleza y no por la monumentalidad de las edificaciones.

En la Granada nazarí, había una unidad entre huerto y jardín, el espacio cultivado ejercía la doble función de proporcionar alimento y placer. Aún se conservan las huertas ubicadas en paratas o terrazas en los espacios situados bajo los palacetes del Generalife y sus jardines del siglo XIX, sobre la vaguada por la que discurre la cuesta de los Chinos. Bancales que miran a la Alhambra y el Albaicín.

Huertas del Generalife / J. E. GÓMEZ

Únicas

«Tierras y estructuras agrícolas que poseen la singularidad de haber sido cultivadas sin interrupción desde que fueron creadas, las únicas huertas andalusíes asociadas a espacios monumentales que se han mantenido en labor hasta la actualidad», afirma Catuxa Novo Estébanez, jefa del Servicio de Bosques, Huertas y Jardines del Patronato de la Alhambra y Generalife, para quien es fundamental mantener su continuidad y conseguir que estén cada día más vivas y productivas, ya que se trata de un patrimonio tan valioso como los elementos arquitectónicos y artísticos del legado andalusí.

Catuxa Novo y Cristóbal Romera / J. E. GÓMEZ

Maribel Contreras y Félix Garrido / J. E. GÓMEZ

Franja verde

Desde las murallas orientales de la Alhambra se aprecia una franja verde y ocre en la que aparecen numerosos granados y frutales, entre ellos surcos donde crecen calabazas, esparragueras, berenjenas, hileras de tomates encañados que suben hacia el cielo. Son cuatro huertas que poseen la misma distribución desde hace siglos: Grande, situada frente a la torre de las Infantas; Fuentepeña, la más oriental; Colorá, que se asoma al Darro y el Albaicín y la conocida como Mercería, situada sobre los jardines del Generalife, junto a los Albercones que distribuyen el agua hacia todo el conjunto, aunque gran parte de las huertas se riegan con el agua de la Acequia del Tercio, ramal de la Real.

Las huertas de la Alhambra son elementos vivos, en plena actividad, donde cada día un numeroso grupo de hortelanos y jardineros trabajan para sacar adelante las cosechas. «Cada año conseguimos alrededor de 3.000 kilos de productos, desde patatas, tomates, berenjenas, pimientos, habas… hasta frutos como ciruelas, peras, manzanas, caquis, granadas…» afirma el hortelano responsable de las huertas, Félix Garrido, que comenta que esta producción se lleva regularmente a las asociaciones y centros de beneficencia que señala el Patronato. Félix comanda un grupo de trabajadores que escardan la tierra y realizan las tareas necesarias para llegar a una buena cosecha, incluso, cuidan de que las plagas no afecten demasiado a una producción ecológica, un equipo humano que consigue dar valor a los bancales nazaríes.

Recorrer las huertas, que puede hacerse mediante visitas guiadas, es conocer la esencia de la agricultura nazarí, de la aplicación de los conocimientos de los agrónomos de la primera mitad del milenio, pero también de la agricultura post colombina, ya que una parte de las huertas se dedica a productos que fueron más utilizados tras el descubrimiento de América, que revolucionó la agricultura en toda Europa. También hay espacios para la recuperación de especies, mejora e introducción de nuevos cultivos. María Isabel Morales Cebrían, responsable técnica de las huertas, muestra una plantación de pistachos e indica que es una especie que era muy utilizada en época nazarí, pero tras la reconquista, los cristianos no tuvieron en cuenta que al ser dioica (necesita una planta hembra, la que da los frutos, y otra macho para reproducirse) no podían eliminar las que no daban frutos, al hacerlo dejaron a las hembras sin posibilidad de reproducirse y la especie desapareció por completo. María Isabel Morales indica que intentan recuperar los pistachos en las huertas, donde se ha recuperado también la fabricación y uso de herramientas tradicionales, como las escobas de ramas de Mantisalca y el esparto para cuerdas y aparejos.

Vides del Generalife
Vides del Generalife / J. E. GÓMEZ

Vides

Entre nogales y ciruelos, en uno de los bancales bajos, hay una compleja estructura de cañas. Asemejan los emparrados que aún se utilizan en zonas de la Alpujarra y Marruecos para hacer crecer las vides. «Queremos recuperar el cultivo de la vid que era muy habitual e importante en la Granada nazarí», dice Catuxa Novo. «Hemos estudiado diversos sistemas, uno con los emparrados de cañas y otro que se llama rumpotino, que consiste en hacer que la vid se suba a los árboles y crezca con ellos», lo que ya han conseguido con almeces.

No hay huertas ni jardines sin viveros. Cristóbal Romera, jardinero jefe del Generalife, trata los plantones de salvias, hinojos, ajedreas, albahacas, nepetas, anémonas japonesas y decenas de especies aromáticas y ornamentales, autóctonas y foráneas, como si fueran sus hijos, más de 30 años generando la base vegetal de la Alhambra, la flora que constituye un conjunto de ecosistemas que logran crear una eficaz protección ante los efectos de la alteración climáticas y la antropización del entorno. Las huertas son, junto a los bosques y jardines, elementos clave para que la Alhambra siga siendo una gran isla ecológica en el centro de Granada.

Granados, vides y almeces

Las especies más extendidas en las huertas nazaríes eran y son los almeces, que rodean las paratas, vides y granados en todas sus variedades, de flor, agrios y dulces.

Datos y fichas de biodiversidad de las huertas del Generalife, las especies que se plantaban enla época nazarí, fotogalerías y vídeos en Waste Magazine