Donde descansan las nubes del Alborán

Desde los altos del Conjuro, el bosque mediterráneo tiñe de verde laderas que miran a oriente y occidente | Nieblas y brumas alimentan un territorio singular donde crecen alcornoques, pinos y jarales, el extremo sur de un deseado parque natural

Motril, el delta del Guadalfeo y la costa tropical occidental de Granada desde el cerro del Conjuro / J. E. GÓMEZ
JUAN ENRIQUE GÓMEZ y MERCHE S. CALLE

Aparecen entre la capa que tapiza los prados bajo los pinares. Son pequeñas flores de color pardo con grandes pétalos en los que sobresalen dos pequeñas protuberancias que asemejan las orejas de un osezno. Les llaman 'ositos' y en realidad son orquídeas de la especie Ophrys bombyliflora, a las que también llaman hierba de la avispa y orquídea abejorro. Es una población mínima, de muy pocos individuos, que aprovecha la humedad y el abrigo de pinos y matorrales en lugares recónditos. Tan escasa que solo puede observarse en dos puntos muy concretos, de menos de 10 metros cuadrados, en la totalidad de la provincia de Granada. Crecen en las umbrías del Conjuro y la sierra del Jaral gracias a los extraordinarios niveles de humedad que se registran en las laderas y barrancos que desde Motril, al oeste, y Castell de Ferro, al este, ascienden hacia las cumbres kársticas de la sierra de Lújar, un triángulo que día a día recibe la influencia de las corrientes marinas y donde, en todas las épocas del año, se producen concentraciones de brumas y nieblas, donde la rápida ascensión desde los acantilados del litoral hasta las cumbres de Lújar y la Contraviesa, con más de un millar de metros de altitud, suponen una barrera natural en la que es habitual ver densas nubes estancadas, que parecen descansar sobre la tierra antes de ascender e iniciar su camino hacia el norte.

La presencia continuada de nubes brumas y nieblas, genera un territorio alimentado por lluvias horizontales, por criptoprecipitaciones generadas por el agua contenida en las nieblas, un verdadero oasis en zonas de alta fertilidad, mientras a su alrededor imperan tiempos de pertinaces sequías. La condensación del vapor de agua generado sobre la superficie de Alborán encuentra aquí la barrera montañosa que lo convierte en brumas que devuelven el agua a la tierra y permiten que en el centro del litoral oriental andaluz, se desarrollen ecosistemas más propios del oeste de Andalucía y las sierras húmedas de Cádiz y Málaga.

El rey de la baja montaña de Lújar es el alto del Conjuro, el punto donde se sitúa el sistema de detección del Escuadrón de Vigilancia Aérea número 9 del Ejército del Aire, con 773 metros de altitud, desde donde descienden, hacia el oeste, laderas cubiertas de una densa masa vegetal de pinares de repoblación que se encuentran completamente naturalizados y forman un tupido bosque mediterráneo, mientras que hacia el norte y el sureste, se alzan los alcornocales más orientales de la península Ibérica (gran parte de este alcornocal intenta recuperarse tras el grave incendio que sufrió en 2015).

La sierra de Lújar retiene las nubes que entran desde el mar | Cortijo Alcántara | la costa tropical oriental desde el Conjuro / J. E. GÓMEZ

Los bosques del rocío

Entre Gualchos, Motril y Lújar existen numerosas rutas que conectan con los parajes clave de las sierras del Conjuro, el Jaral y Lújar. Desde la Garnatilla, anejo de Motril, pistas forestales llevan hacia la cuerda de estas sierras, mientras que en el lado oriental, en Gualchos, los caminos (carreteras) serpentean entre dos grandes parques eólicos hasta coronar las lomas desde las que se divisa la totalidad del litoral granadino, desde Almuñécar, al oeste, hasta la punta del delta de Albuñol, al este.

La forma más sencilla de conocer la esencia de los ecosistemas alimentados por las nieblas y las nubes apresadas en la montaña, es pasear por los senderos que discurren por el alto del Conjuro, caminar desde la confluencia de las dos vertientes hacia el área del Cortijo Alcántara, de titularidad pública. Un descenso de menos de dos kilómetros que se interna en los bosques alimentados por el agua del rocío. Un recorrido que se inicia a menos de un centenar de metros del cruce con las instalaciones militares, donde se inicia (o termina) el carril que baja hacia la Garnatilla, un sendero que fue utilizado durante siglos para conectar Motril con Lújar y que se convirtió en pista forestal con las repoblaciones de mediados del pasado siglo.

El matorral mediterráneo, donde aparecen numerosas poblaciones de jara blanca con sus grandes flores moradas, una especie que da nombre a la sierra que allí comienza su andadura hacia el norte, se adueña del paisaje de una ladera que cae hacia el delta del Guadalfeo, desde donde se divisa la totalidad del valle de Motril, la ciudad, el puerto y la línea del litoral que discurre hacia los acantilados de Salobreña y las calas de Almuñécar, donde la vista se pierde hasta la Punta de la Mona. En el camino descendente parece persistir la imagen y los sonidos de las recuas de mulos y asnos, que bajaban cargados de planchas de corcho recién extraído del alcornocal situado a solo unos kilómetros atrás.

El pinar es denso, pino carrasco y piñonero, que se alzan junto a lentiscos, coscojas y encinas que se mantuvieron a pesar de las repoblaciones forestales. A los lados del camino crecen hinojos, bolinas, matas de cantueso, aulagas, majuelos y torvizcos, elementos clave en los ecosistemas de bosque litoral mediterráneo. Es un paseo en el que suenan los cantos de carboneros y herrerillos, de aves forestales que aprovechan el alimento y refugio que les proporcionan estos bosques húmedos. Tras un gran cortafuegos se encuentra el área del Cortijo Alcántará, utilizado desde hace una década como aula de naturaleza y zona de descanso, donde sorprende que se mantenga una vieja alberca siempre llena con el agua de la fuente de la Víbora y un antiguo aljibe. Un paraje en el que el agua genera un ecosistema mixto entre vegetación de ribera y árboles frutales, con almendros, higueras y ciruelos, reflejo de tiempos de labor en lo que se podría considerar como un cortijo típico de los montes de Lújar. Tras conocer el entorno del cortijo Alcántara es posible volver al alto del Conjuro o, desde este lugar, descender hacia La Garnatilla (ocho kilómetros más abajo).

El Conjuro y las sierras al sur de Lújar, forman parte del espacio natural que podría convertirse en el Parque Natural de la Sierra de Lújar, un proyecto presentado por organizaciones ciudadanas de la costa granadina, que ha sido evaluado favorablemente por técnicos y administraciones, pero que no parece encontrar el impulso definitivo y convertirse en el sexto parque natural de la provincia de Granada.

Hay muchos días que al coronar las sierras del litoral, en la cuerda montañosa que separa la costa oriental de la occidental granadina, los senderos discurren sobre un manto blanco, el paisaje adquiere una inusitada dimensión, caminamos sobre las nubes recostadas en la montaña.

Es un recorrido fácil y corto. Puedes verlo en nuestro mapa de posición

Orquídea 'osito'

Su nombre científico es Ophrys bombyliflora. Es una verdadera joya vegetal de la provincia de Granada. Una orquídea habitual de los bosques húmedos de Cádiz y Málaga, en Granada solo se encuentra en dos pequeños reductos donde ha logrado sobrevivir a los cambios en los ecosistemas y a las sucesivas alteraciones climáticas. En las sierras de la Jara y el Conjuro aprovecha la humedad que aportan las brumas de Alborán

Datos, fotogalerías y fichas de biodiversidad de este espacio natural, mapa de la ruta, en Waste Magazine