Por 'La Cabra', la carretera del tiempo

La antigua ruta de las diligencias y el tortuoso camino de Granada a la Costa en los años 60 | Una inmersión en tierras de paisajes quebrados que muestran múltiples ecosistemas y atesoran la historia de un territorio único

El túnel de la carretera de la Cabra, uno de los puntos clave de este trazado / J. E. GÓMEZ
JUAN ENRIQUE GÓMEZ y MERCHE S. CALLE

Las ruedas crujen sobre las lascas de yeso y saltan ante las imperfecciones de un camino de tierra prensada por el paso de los carros. El martilleo continuo, cadencioso, rítmico, de los cascos de los caballos resuena y rebota en las paredes de roca viva, mientras el conductor del carruaje, una diligencia de transporte de pasajeros, confiado en la buena marcha de las caballerías, observa las evoluciones de un águila calzada, una rapaz que vuela paralela a la diligencia, casi a su misma altura. El carruaje discurre por un estrecho carril serpenteante, allanado a modo de terraza en las escarpadas laderas de la sierra de Almijara, a pocos centímetros del borde de un abismo que cae decenas de metros hacia el fondo de los barrancos, el águila calzada aprovecha las corrientes térmicas que ascienden desde el fondo para volar muy cerca de las caballerías, que a su paso hacen salir de sus escondrijos a aves pequeñas, e incluso lagartos, que podrían convertirse en la presa a llevar a los aguiluchos que esperan en el nido construido en la horquilla de una encina, barranco abajo. Es la primera década del siglo XX, en el interior de la diligencia, cuatro pasajeros se desplazan entre la ciudad de Granada y Almuñécar, 17 horas de viaje incierto por caminos de piedra y tierra, por el trazado ancestral que desde el medievo unía la capital con el valle del río Verde y el litoral occidental granadino.

En 1940 los caminos de tierra se agrandaron, las paredes fueron roturadas de nuevo, e incluso se abrió un túnel imposible a golpe de pico en la roca calcárea, las diligencias habían sido sustituidas ya por los primeros vehículos de tracción mecánica. En los sesenta el crecimiento del parque móvil era evidente. Las antiguas ventas de aquel camino de carros se reconvirtieron y una gasolinera, situada en el punto de mayor altitud del recorrido, tomó el nombre del puerto de montaña con el que los viajeros, de inmediato, bautizaron a la sinuosa calzada: 'Carretera de la Cabra', que hasta casi el final del siglo fue la vía más utilizada por los granadinos para pasar el domingo en la playa de Almuñécar, aunque eso significase más de tres horas de ida y otras tantas de vuelta.

Carretera de la Cabra / J. E. GÓMEZ

Paisajes

La llegada de las autovías, la A-44 y A-7, es decir, la que baja a la costa y la que recorre el litoral, han convertido a la carretera de la Cabra en una vía secundaria, pero no en desuso. Es el acceso a poblaciones como Arenas del Rey, hacia la comarca de Alhama, y en el valle del río Verde: Lentejí, Otívar y Jete. Ahora, entrado el siglo XXI, la vieja carretera es camino habitual de ciclistas y motoristas, que aprovechan su difícil trazado, y de quienes quieren disfrutar de un trayecto diferente, vivir la aventura de un verdadero viaje en el tiempo.

Recorrer la carretera de la Cabra es ralentizar los sentidos, dejarse llevar por la observación del paisaje y descubrir la secuencia de ecosistemas que ocupan un territorio extenso, que se puede considerar único, donde habitan especies endémicas, sobreviven bosques relictos, crecen pinares naturalizados tras las repoblaciones de los años sesenta, donde aún hay parajes en los que se podría afirmar que no existe una huella humana.

Desde las llanuras de Padul, en pleno piso bioclimático mesomediterráneo, la carretera, arreglada desde hace dos décadas, discurre en grandes rectas, sobre ecosistemas asociados a llanuras esteparias, zonas áridas donde crece matorral de degradación, salpicado entre zonas cultivadas con almendros y donde se encuentran los parques eólicos más importantes de la provincia de Granada. Es aquí donde habitaba (ya se considera extinta) la alondra Ricotí, que aún tiene un área de reserva junto a la carretera, que se interna en tierras dolomíticas, con canteras que explotan sus áridos, entre los que crecían poblaciones de una especie de flora endémica de las sierras béticas, Arenaria delaguardiae, que los vertidos de tierras junto a la carretera, para la ampliación de la vía en los años 2006 y 2007, ya habían mermado considerablemente y que nuevos vertidos la han hecho desaparecer por completo de esta zona, la sierra de la Almijara.

Tras los espacios áridos, la carretera, ahora A-4050, se interna en zonas de dehesa con vestigios de antiguos encinares que dejan paso a pinares de repoblación en las inmediaciones del cruce hacia Arenas del Rey. A partir de este punto, el pinar naturalizado se mezcla con vegetación original. Sobre conglomerados arcillosos aparecen afloraciones dolomíticas. Es el hábitat de flora muy especializada y escasa, jarillas amarillas como Helianthemum viscidulum, conocida como Perdiguera de Albuñuelas, y una verdadera joya botánica, Linaria amoi, pequeña, de flores rojo granate, muy escasa y con poblaciones mínimas que solo vive entre Granada y Málaga. Es el piso supramediterráneo.

Una señal marca el límite del municipio de Otívar, con ella comienza el territorio más tortuoso y singular. La vía se estrecha, los antiguos quitamiedos de piedra no evitan mirar hacia el fondo de los barrancos. El antiguo túnel abre su boca para sortear la ladera. Es el punto más conocido de esta vía que baja hasta las inmediaciones de la cabecera del río Verde, donde el matorral con la presencia de palmitos marca el inicio del piso termomediterráneo. Las cumbres del Parque Natural de las sierras de Almijara, Alhama y Tejeda, dibujan una línea quebrada en el horizonte, tan sinuoso como la vía, que accede a la zona donde la gasolinera de la Cabra, hoy abandonada, marca el cambio de paisaje. El mar se vislumbra en el horizonte y su brisa hace cambiar el ecosistema, puebla de verde las laderas que bajan hacia el valle del río Verde. La carretera desciende hacia Lentejí, Otívar y Jete, se convierte ya en una carretera comarcal de conexión entre poblaciones, donde aún perviven las viejas ventas para viajeros convertidas en modernos restaurantes.

Las plantaciones de aguacates y chirimoyos indican la presencia de ecosistemas del piso bioclimático inframediterráneo, único en Europa. Almuñécar está ya a un paso. Atrás queda un recorrido intenso, un recuerdo de las vivencias de aquellos pioneros de la automoción que subían y bajaban por carreteras imposibles. En la retina queda el paisaje y el intento de observar el vuelo del águila calzada junto a las laderas.

Un 'libro' de ecosistemas

La carretera de la Cabra es un compendio de ecosistemas y hábitats, desde humedales a dolomías, ramblas y sierras, barrancos y riberas, con cuatro pisos bioclimáticos.

Y joyas botánicas como Le conocen como Linaria amoi, a la que llaman linaria fucsia por el color de sus extrañas flores. Es una especie endémica de las sierras de Alhama, Tejeda y Almijara, que solo habita en pequeñas poblaciones en Granada y Málaga.

Puedes conocer la enorme biodiversidad de estos espacios naturales, con fichas y fotos de especies en Waste Magazine