Tensa tregua para el grizzly

Tensa tregua para el grizzly

Una jueza suspende la primera cacería pública de osos en Wyoming y Idaho en décadas. Hace solo un año gozaban de protección federal por peligro de extinción

ICÍAR OCHOA DE OLANO

Yogui y Boo-boo pueden seguir deambulando con despreocupación por el parque nacional de Yellowstone, de momento. Una juez federal de distrito acaba de suspender la primera cacería pública de osos grizzly que iba a celebrarse en los estados de Wyoming y Idaho en décadas. La magistrada quiere considerar si el Gobierno de Trump se equivocó, o al menos se precipitó, al levantar, el año pasado, la protección decretada en favor de estos animales en 1975, cuando su matanza generalizada había limitado su presencia en el santuario natural más antiguo del mundo a tan solo 136 ejemplares. Hoy rondan los 700.

Según el Servicio de Pesca y Fauna Silvestre (FWS, por sus siglas en inglés) -la agencia del Departamento del Interior de los Estados Unidos que se dedica a la gestión, conservación y preservación de la naturaleza-, en solo cuatro décadas han pasado de ser una especie agónica a convertirse en una seria amenaza para los humanos -en especial, para rancheros, ganaderos y automovilistas-, dado que su presencia se ha extendido más allá de los parques. Por ello, los biólogos federales justifican una caza limitada que, aseguran, no pondría en peligro la continuidad de la población.

En pie, frente a ellos, tienen a los conservacionistas, quienes defienden que su supervivencia sigue sin estar garantizada debido a múltiples frentes: el cambio climático, la pérdida de hábitat y, con ella, la de sus fuentes de alimento, la minería y, sobre todo, los accidentes de tráfico, que causaron la muerte de 56 ejemplares solo en el último año. Así, si en 2017 se unieron con las tribus nativas americanas para presentar acciones legales contra la decisión de la FWS de levantar la orden de protección de los grizzly, ahora han vuelto a la batalla con una nueva demanda que trata de paralizar la «cacería de trofeos».

La apertura de la veda para matar a 23 ejemplares generó siete mil solicitudes

Y, por el momento, lo han conseguido. La juez federal Dana Christensen ha bloqueado temporalmente toda actividad cinegética durante los próximos catorce días para estudiar la situación con detenimiento. «La amenaza de muerte para los osos que suponen las cacerías programadas es suficiente para justificar un retraso en el inicio de esas temporadas», ha declarado.

De momento, toca esperar. Si al término de estas dos semanas de tregua la magistrada opta por que la apertura de veda aprobada por la FWS siga adelante, se trataría de la primera que se organiza en Wyoming desde 1974 y la primera en Idaho desde 1946. En esos estados se ha permitido la eliminación de 22 ejemplares -una hembra o diez machos y otros 12 ejemplares, sin importar el sexo- y a un único macho, respectivamente. Por su parte, Montana (el tercer estado por el que se extiende Yellowstone) ha decidido preservar a su población de osos de los cartuchos, a los que no se enfrentan desde 1991.

«Dispárales con una cámara»

La mayor batida contra el grizzly en más de cuatro décadas, aprobada la pasada primavera por la Administración Trump, generó una expectación sin precedentes entre la comunidad estadounidense aficionada a la actividad cinegética. Tanto es así que la apertura de la veda para acabar con 23 osos provocó un aluvión de más de 7.000 solicitudes para tratar de conseguir una de las codiciadas licencias, a razón del equivalente a 517 euros. Con lo que no contaban los cazadores era con la repercusión de la movilización emprendida por un grupo de ambientalistas encabezado por mujeres y con su exitosa campaña 'Dispárales con una cámara, no con un arma'.

La iniciativa contó con la adhesión inmediata de las naturalistas Jane Goodall, legendaria por su investigación con los chimpancés, y Cynthia Moss, famosa por su trabajo de conservación en el este de África luchando contra los cazadores furtivos de elefantes. Ambas trataron de hacerse con uno de los permisos de caza para obstaculizar el proceso.

El que sí ha conseguido hacerse con una en el sorteo de licencias efectuado entre todos los aspirantes es Thomas D. Mangelsen, un fotógrafo de vida silvestre que, precisamente, firma algunas de las imágenes más famosas de los grizzlies de la zona. «Tenemos derecho a protestar de cualquier manera que consideremos necesaria», ha expresado el autor, quien dice estar dispuesto a «disparar como siempre, con mi cámara, y con suerte evitar la muerte de al menos un oso».

Entretanto, la plataforma One Protest lleva ya recogidas 228.000 firmas en Change.org, donde advierte de que «la caza acelerará el declive del grizzly» y reclama la restauración de su protección «hasta que podamos estar seguros de que la perturbación humana no supone una merma para su población».

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