'La revuelta de la España vaciada' tomará las calles para dejar de ser «ninguneados»

Teruel se agitó el pasado fin de semana con la manifestación mayor de su historia. Pedían médicos. / R. C.
Teruel se agitó el pasado fin de semana con la manifestación mayor de su historia. Pedían médicos. / R. C.

Plataformas de once provincias convocan para el 31 de marzo una manifestación en Madrid contra la despoblación. Llaman a su protesta «la revuelta de la España vaciada». Están hartos de verse «ninguneados»

JAVIER GUILLENEA

Los habitantes de la 'España vaciada' están hartos. Hartos de ir al médico y no encontrarlo, de subir con retraso al tren, de viajar por malas carreteras, de decir adiós a los jóvenes que emigran en busca de trabajo, de reuniones con políticos que dicen sí a todo, de los mismos políticos que luego no hacen nada, de ser ciudadanos de segunda, de ver el desencanto en el rostro del vecino, de no cruzarse con ninguno, de pasear por calles repletas de comercios en venta, de contemplar la agonía de los pueblos envejecidos. Están hartos de todo y han decidido rebelarse.

Mostrarán su hartazgo en Madrid el próximo 31 de marzo en una manifestación que convocaron ayer trece plataformas de once provincias afectadas por el abandono sistemático al que, según aseguran, se ven sometidas desde hace décadas. Todos estos colectivos se han agrupado bajo el concepto de la 'España vaciada', que no es lo mismo que la España vacía, tal y como recalcan sus portavoces. «Nosotros hemos estado llenos, pero nos han ido vaciando cazo a cazo», denuncian.

Su lema es 'La revuelta de la España vaciada' y no piden nada extraño. Solo que el Estado y los gobiernos regionales apliquen medidas urgentes para vertebrar y cohesionar los territorios olvidados. Quieren tener las mismas oportunidades que el resto de los españoles, como explican los portavoces de algunas de las plataformas convocantes.

«Nosotros hemos estado llenos, pero nos han ido vaciando cazo a cazo»

Teruel Existe

«Nos están dejando morir de manera lenta»

«Estamos en medio de cuatro polos de desarrollo y rodeados de líneas de alta velocidad, pero vivimos en la ruina más absoluta», se queja Manolo Gimeno, portavoz de Teruel Existe. En esta capital de 35.000 habitantes, cerca de 10.000 personas se manifestaron el pasado domingo para reclamar una Sanidad digna. Pedían, entre otras cosas, más médicos especialistas, sobre todo de reumatología y otorrinolaringología.

A priori no parece una petición desorbitada ni demasiado costosa. En todo caso, es más barata que el nuevo hospital de Teruel, cuya primera piedra se colocó en 1982. «Entre proyectos, contraproyectos, empresas y demandas se gastaron 1.200 millones de las antiguas pesetas y todavía no han puesto ni un ladrillo. Ahora quieren volver a colocar otra primera piedra porque hay un aparcamiento encima de la anterior», dice Gimeno.

No es lo único que está paralizado. El proyecto de la autovía Cuenca-Teruel revolotea en el aire desde hace nueve años y también se halla a la espera el corredor ferroviario entre Zaragoza, Teruel y Sagunto, cuya calificación por parte del Parlamento Europeo como infraestructura prioritaria ha estado pendiente de un hilo. Pero por lo menos eso sigue adelante, no como la central térmica de Andorra, cuyo cierre, previsto para junio de 2020, golpeará duramente a la economía de las comarcas de alrededor.

Teruel es «un desierto demográfico donde la gente sobrevive como puede». Manolo Gimeno no exagera: hay zonas con una densidad de población de un habitante por kilómetro cuadrado. La emigración y el envejecimiento están despoblando la provincia y no se atisba una solución al problema. «Nos están dejando morir de una manera lenta», resume el portavoz de la plataforma.

Soria ¡Ya!

«No suplicamos, reclamamos lo que nos pertenece»

Los miembros de Soria ¡Ya! se saben de memoria sus reivindicaciones. Más que nada, porque siempre han sido las mismas. «Nacimos hace 19 años y lo que pedíamos entonces es lo que pedimos ahora. Solo hemos logrado el túnel de Piqueras», explica Vanesa García, que pone voz a la plataforma. Esa lista que nunca cambia contiene demandas como la autovía A-11, un proyecto aún por culminar que ha cumplido más de veinte años de vida, así como un tren moderno, discriminación fiscal positiva para atraer empresas y un hospital digno en el que no falten, como en el de ahora, cardiólogos y anestesistas.

El pasado 28 de diciembre los sorianos, «hartos de que nos tomen el pelo», se echaron a la calle no para pedir, sino para exigir. «No lloramos ni suplicamos, reclamamos lo que nos pertenece por justicia. Estamos orgullosos de lo que somos y queremos quedarnos», afirma García. Es un deseo que no todos pueden cumplir. Soria es la provincia con menos paro de España, pero no porque haya empleo, sino porque los jóvenes emigran. «Tampoco hay paro en el desierto», ironiza la portavoz del colectivo.

Plataforma Cívica por Cuenca

«Nos encaminamos a ser un coto de caza y poco más»

Alberto Torrijos cree que Cuenca «es un despilfarro». Es lo que se le ocurre decir cuando habla de un territorio «del que se podría sacar algo» pero que ha quedado «abandonado a su suerte». «Está encaminándose a ser un coto de caza y poco más», se queja el portavoz de la plataforma, que se ha tomado el trabajo de calcular el PIB por kilómetro cuadrado de la Serranía Celtibérica, un extenso territorio del que forma parte gran parte de Cuenca, que tiene más de 60.000 kilómetros cuadrados repartidos por varias comunidades autónomas. Las cifras hielan la sangre. El PIB de la serranía es similar al de Afganistán o Senegal.

«Es un círculo vicioso. Si no hay gente no hay votos, y sin votos hay olvido», afirma Torrijos. Durante un tiempo los efectos de este círculo solo se dejaban ver en la periferia, pero ya han empezado a llegar a la capital. «Ves una tienda que cierra, la abre otra persona y a los seis meses vuelve a cerrar -ilustra-. Es deprimente».

Plataforma Viriatos (Zamora)

«A las diez de la noche no hay nadie en la calle»

«Hace un mes surgió un proyecto para industrializar Zamora y se ha paralizado. También se ha intentado que la capital sea declarada Patrimonio de la Humanidad pero ha salido que no, estamos llenos de presas y tenemos la electricidad más cara de España». Víctor Montes, del colectivo Viriatos, recuerda sus tiempos juveniles en los que jugaba a fútbol y en cada pueblo había un equipo. Todo eso ha cambiado. Ahora tienen que juntarse varias localidades para reunir gente. Y a veces no lo consiguen.

La sensación de desamparo en una provincia donde a ocho kilómetros de la capital no hay internet aumenta cuando Nuria Cornejo, otra integrante de la plataforma, describe el ambiente en la ciudad de Zamora. «Al mediodía se oyen los pájaros porque no hay gente y a las diez de la noche no se ve a nadie por la calle; es una población fantasma». Viriatos juzga la situación tan alarmante que está intentando solicitar la declaración de zona catastrófica para la provincia. «Es como si un maremoto se hubiera llevado a la mitad de la población». El único e inquietante consuelo, añade Cornejo, es que «de aquí a diez años las cosas estarán mucho peor».

Jaén Merece Más

«Es como si nos estuvieran desmantelando»

Hay lugares donde abundan carteles con el lema 'Autovía no', pero es porque tienen demasiadas. En Jaén sucede todo lo contrario. «Desde hace varias décadas nos deben cuatro», explica Juan Manuel Camacho. El portavoz de Jaén Merece Más se queja de «la inacción política» que conduce al despoblamiento a una provincia que en su día quedó excluida del AVE. «Geográficamente estamos muy bien posicionados, pero lo desvían todo a Sevilla», se lamenta.

Algo parecido sucede con el proyecto de una ciudad sanitaria que desde hace veinte años está llamada a sustituir a un vetusto hospital «que se cae a pedazos». Jaén aún espera mientras que en Málaga ya hay planes para edificar nuevas instalaciones. Son detalles que, según Camacho, reflejan la realidad de «una provincia olvidada donde no hay industria, infraestructuras ni inversiones». «Es como si nos estuvieran desmantelando», concluye.

Cáceres se Mueve

«Las calles comerciales están muertas»

Últimamente se habla mucho de Extremadura por el estado ruinoso de sus trenes, y no es para menos. Con unas vías del siglo XIX y un solo carril en muchas zonas, poco puede ofrecer el trazado ferroviario no solo para llevar pasajeros, sino también para transportar mercancías. Y así no hay quien prospere.

«Hace años hubo un repunte, pero ahora estamos cayendo en picado», asegura Eduardo Conde, de la plataforma Cáceres se Mueve. Su descripción no difiere mucho de lo que ocurre en otras provincias «vaciadas». Los hospitales se deterioran a la espera de proyectos que no acaban de cumplirse, no hay industria, los jóvenes se van en cuanto pueden y en Cáceres capital «las calles comerciales están muertas». «Si vas a una tienda de ropa faltan tallas y si buscas en una librería el libro más común del mundo, te lo tienen que encargar», describe Conde. «Esto se está despoblando, todo el mundo se va de aquí», añade. Si se van en tren no lo tendrán fácil.

La otra Guadalajara

«Cada entierro es un puesto que no se va a relevar»

Guadalajara está dividida en dos. Una, la de la capital y el corredor de Linares, es próspera. La otra, la de la comarca de Molina, ve en directo cómo desaparecen los pueblos. La zona boyante es la que se ofrece como ejemplo del buen funcionamiento de las instituciones. La otra, donde «cada entierro es un puesto que no se va a relevar», forma parte de una realidad «que se ha querido esconder -dice Diego Sanz, representante de La otra Guadalajara-. Es como si fuera una enfermedad que se ha querido ocultar, como algo vergonzoso para las autoridades».

Mientras prospera una parte de la provincia, la otra reclama buenas comunicaciones y un plan serio de industrialización. La plataforma se lo ha pedido a políticos y administraciones de todo signo ideológico y solo han conseguido «comprensión y buenas palabras». Últimamente ni eso con el actual presidente de Castilla-La Mancha, el socialista Emiliano García-Page. Han solicitado mantener una reunión con él en tres ocasiones. Todavía están esperando.