El mayor secreto de Putin

Putin monta a caballo por la región siberiana de Tuvá. Arriba, Sochi, donde tiene su residencia preferida. /R. C.
Putin monta a caballo por la región siberiana de Tuvá. Arriba, Sochi, donde tiene su residencia preferida. / R. C.

En las apuestas destaca Sochi, a orillas del Mar Negro, lugar favorito de los jerarcas desde Stalin | El líder ruso nunca avanza cuándo ni dónde pasará sus vacaciones.

RAFAEL M. MAÑUECO

El presidente Vladímir Putin no es de esos jefes de Estado que suelen tomarse las vacaciones en un periodo concreto del año. La residencia de descanso oficial de los primeros mandatarios rusos es Bocharov Ruchéi, en la ciudad balneario de Sochi (Mar Negro), pero Putin suele utilizarla también para reunir a su Gobierno, a sus colaboradores o para recibir visitas de dignatarios extranjeros. Pero opciones para relajarse tiene muchas y no sólo dentro de su propio país. Se cree que tiene inmuebles a su disposición en España, Suiza, Cerdeña, Niza e incluso en un castillo en Baviera. En general, no obstante, prefiere Rusia para descansar y Sochi en primer lugar.

A veces es difícil diferenciar si está en Bocharov Ruchéi (Arroyo Bocharov) realmente de vacaciones o simplemente ha trasladado allí temporalmente su Administración. El líder ruso nunca anuncia con antelación qué planes tiene para sus vacaciones, tal vez por motivos de seguridad o para improvisar y hacer lo que más le apetece.

Bocharov Ruchéi se considera la 'dacha de verano' del presidente, pero Putin suele frecuentarla también en otras épocas del año. Le encanta esquiar y junto a Sochi se encuentra la estación de invierno de Krásnaya Poliana. En verano le gusta más pescar, hacer submarinismo o montar a caballo. También hace judo, aunque este deporte lo practica en todo momento, no sólo en periodo vacacional.

El mandatario se suele llevar todo el Gobierno a Sochi; en cambio, su familia no le acompaña

Sochi fue uno de los principales centros vacacionales de la Unión Soviética. Stalin tenía allí una de sus residencias. Ahora, y pese a sus minúsculas playas pedregosas, la élite rusa cree haber convertido la región en la Costa Azul del Mar Negro. La ciudad combina rancios balnearios de la época soviética con esplendorosas mansiones y edificios de viviendas de lujo.

La dacha de Sochi fue construida en 1934 y remozada en años posteriores. Está emplazada en un parque boscoso, en el valle del arroyo Bocharov, cuyo nombre lo adquirió del terrateniente que poseía esas tierras en la época zarista. El complejo, que incluye varios edificios auxiliares, sala de prensa y una gran cantidad de habitaciones de invitados, fue inicialmente concebido como balneario para altos mandos del Ejército Rojo.

Allí descansaba el mariscal Vasili Bliujer cuando fue detenido, el 22 de octubre de 1938, por agentes del NKVD, en el marco de las purgas estalinistas. Murió a los pocos días en Moscú, en las lúgubres mazmorras de la cárcel de Lefórtovo, a consecuencia de las torturas. A partir de 1960, la mansión de Bocharov Ruchéi tuvo como inquilinos a los dirigentes soviéticos Nikita Jrushov y Leonid Brézhnev e incluso al líder yugoslavo Josip Broz Tito.

La Granja del Mar Negro

Tras la desintegración de la Unión Soviética, en 1991, la dacha se convirtió en residencia oficial de verano de los jefes de Estado rusos por decisión de Borís Yeltsin, el primero de todos ellos. A Putin le agradó desde el primer momento, sobre todo por el idílico entorno y las vistas marinas. El formidable edificio de corte estalinista es cómodo y está bien equipado, pero no es especialmente bonito. Dispone de un muelle de amarre para embarcaciones de recreo. El presidente ruso acostumbra a salir a navegar en su yate.

En esta residencia Putin ha recibido a mandatarios como George W. Bush, Angela Merkel, José Luis Rodríguez Zapatero, Recep Tayyip Erdogan o Bashar al Assad. Cuando el jefe del Kremlin se traslada a Sochi se lleva consigo incluso al Gobierno. Pero, en el plano familiar y tras divorciarse de Liudmila, a Bocharov Ruchéi parece que acude completamente solo. No ha trascendido que ni siquiera sus hijas le hayan acompañado allí últimamente.

Pero la dacha de Sochi no es ni con mucho la única que utiliza el máximo dirigente ruso para su asueto. Hay más de 20 mansiones y palacios desperdigados por toda Rusia para disfrute del jefe del Estado. Por ejemplo, en San Petersburgo tiene el rehabilitado Palacio de Constantino, construido en el siglo XVIII, y muy cerca, a orillas del lago Komsomolski, un lujoso chalé. A su disposición tiene también una casa en Adigueya, en un paraje escarpado y montañoso del Cáucaso, y otro gran palacio en la costa del Mar Negro, en Praskovéyevka, no lejos de Sochi. Se trata de una magnífica construcción inspirada en la Granja de San Ildefonso y con un jardín versallesco.