Falsos mitos y remedios para los piojos

Falsos mitos y remedios para los piojos
AFP

Existe mucha desinformación y creencias populares en cuanto a la eliminación de estos parásitos, cada vez más resistentes

JOSÉ I. CEJUDO

El piojo es un parásito que siempre nos ha acompañado pero que parece preocuparnos sólo ante la vuelta al colegio de nuestros hijos. Y esto, precisamente, es también un falso mito de cuantos rodean a estos insectos que pueden aparecer en nuestra cabeza en cualquier momento, también como adultos. Y no, el vinagre no sirve para nada. Tomen nota de esta serie de recomendaciones que aporta Rosario Montero, la granadina fundadora de 'Kids and Nits', franquicia especializada en la eliminación de piojos donde se opta por un sistema de aire caliente impulsado a alta velocidad y aire aspirado como método natural.

Aunque las más de 3.000 especies de piojos documentadas nos han acompañado desde hace siglos y siglos, los químicos aplicados contra ellos en los últimos años han vuelto sus cepas cada vez más resistentes, algo que hace desaconsejable su empleo y menos de forma indiscriminada, lo que reduce su eficacia. «Llevamos tantos años usándolos que el piojo es cada vez más inmune, y no le hacen nada a la liendre, que se debe quitar con lendrera. Si estas se dejan, eclosionarán a la semana siguiente», advierte Montero.

La fundadora de 'Kids and Nits' es clara también respecto al vinagre: «No sirve para nada». «Es un remedio de la abuela que estaba muy bien cuando no existían productos capilares, pero es ácido acético que no le hace nada al piojo y que estropea el pelo porque se come las cutículas. Sólo aflojan la sustancia con la que se pega la liendre, pero no compensa el daño que se provoca», valora. Entran en ese mismo saco otros 'potingues' como la mayonesa o el colutorio. «La mejor manera de cazar el piojo es compactar el pelo y evitar que se mueva, algo que se consigue con crema suavizante», añade Rosario Montero.

Otro falso mito relacionado con los piojos es su vínculo con la suciedad o incluso la pobreza. «Al piojo le da exactamente igual si el pelo está limpio o está sucio. Existen varios tipos, y el piojo del cuerpo no tiene ni idea de cómo está el pelo. La teoría de mantener el pelo limpio no tiene sentido, porque el piojo va al pelo ya esté limpio o sucio, tintado –algo que camufla el parásito- o canoso. Si hay pelo, puede haber piojo», razona la especialista, quien añade que «lavarse mucho el pelo puede ser malo para la piel en función del producto».

Rosario Montero se opone además a los repelentes de piojos. «No existen, aunque se vendan, porque el piojo no tiene olfato ni vista. Sí hay preventivos que lo debilitan una vez llegan a la cabeza y los enferman para que pongan menos huevos», aclara. Por supuesto, estos no saltan ni vuelan ni se crían en la cabeza, sino que se contagia, y nunca desde animales.

Contagios por 'selfi'

La fundadora de 'Kids and nits' subraya una nueva situación de riesgo para el contagio: los selfis. «El contagio tiene que ser de pelo a pelo por contacto directo, nada de piscinas ni árboles; de ahí que los selfis sean propicios para el intercambio», señala. Montero recomienda acudir al colegio con el pelo recogido y pasar la liendre una vez a la semana para anticiparse a los piojos.

Se tiende a pensar, a su vez, que sólo tiene piojos una persona que se rasca mucho la cabeza, y son precisamente quienes no se la rascan quienes más posibilidades tienen de sufrirlos. «El picor no lo provoca el bicho dándose paseos sino que es una reacción alérgica a su picadura, tan terrible que puede impedir el sueño. Quienes no tienen esta reacción tienen contagios mucho más graves porque se dan cuenta tarde», especifica Rosario Montero.

Desde 'Kids and Nits' se asegura, además, que en verano se producen muchos más contagios que durante el curso escolar. En Granada atendieron, en concreto, 572 episodios desde junio hasta lo que va de septiembre. «Durante el curso tenemos más cuidado porque nos llegan avisos y nos fijamos más en el niño por estar con otros críos, pero durante el verano pasa el mismo o más tiempo con otras personas y bajamos la guardia, por lo que los contagios se multiplican más por la falta de atención que por el hecho de que las altas temperaturas acorten el tiempo de eclosión de la liendre», justifica Rosario Montero.