Cómo detectar el impétigo y el síndrome boca-mano-pie, habituales en guarderías

Cómo detectar el impétigo y el síndrome boca-mano-pie, habituales en guarderías
AFP

Ambas enfermedades resultan muy contagiosas entre niños y se recomiendan precaución y descanso sin salir del hogar

JOSÉ I. CEJUDO

Se tiende a hablar y a veces con razón de las guarderías como un nido infeccioso entre niños. Resulta inevitable. Es por ello que resulta fundamental ser precavido y conocer la sintomatología propia de algunas de las enfermedades más frecuentes en estos espacios. Dos de estas llamadas 'enfermedades de guardería' son el síndrome boca-mano-pie y el impétigo. IDEAL ha consultado al pediatra granadino Rafael Huete para conocer mejor la forma en que la infección aparece, el tratamiento que debe proporcionarse y cómo pueden prevenirse.

La conocida enfermedad boca-mano-pie se encuadra junto a la varicela herpes zóster y el molusco contagioso en el grupo de exantemas víricos infantiles. «Es muy contagiosa, la causa más frecuente es el virus Coxsackie A y B junto a algunos enterovirus y se caracteriza por la fiebre y una erupción vesicular tras un periodo de incubación de unos cinco días», describe Rafael Huete. En ocasiones, añade, puede existir «fiebre baja, malestar general y faringitis uno o dos días antes del inicio del enantema, en el caso de la boca». Y es que las lesiones orales son las más frecuentes, marcadas por «pequeñas máculas rojizas que evolucionan a vesículas hasta ulcerarse con una duración de uno a cinco días».

En estos casos, el exantema aparece poco después del enantema, en dos o tres días. «Es maculopapular, de un groso parecido al garbanzo y de un tamaño similar a la lenteja, al comienzo y vesicular al cabo de unos días y suele afectar a la porción dorsal de manos y pies, aunque también pueden aparecer lesiones cutáneas en cualquier otra localización, sobre todo en las nalgas en niños pequeños», apunta el pediatra Huete. «Esa distribución y el citodiagnóstico nos pueden ayudar a descartar una varicela o un herpes. La fiebre aparece más o menos en la mitad de los casos», detalla. El tratamiento en estos casos es «sintomático y localmente algún antivírico en cuadros abigarrados», y si bien los pronósticos suelen ser excelentes, sí se han comunicado casos de miocarditis, neumonía y meningoencefalitis.

El impétigo, por su parte, puede considerarse la piodermitis más superficial, ya que afecta a la porción ubicada bajo el estrato córneo. El pediatra Rafael Huete distingue a IDEAL entre sus dos formas clínicas, el impétigo contagioso y el impétigo ampolloso, de los que hoy en día se cree que están causados ambos por el estafilococo áureo, una bacteria, en la mayoría de ocasiones. «El contagioso manifiesta la infección por pústulas en la parte superficial de la piel que al secarse produce costras mientras que en el ampolloso se fabrica una toxina que provoca la formación de una ampolla sin inflamación, similar a la del síndrome de la piel escaldada, muy común entre niños de corta edad», diferencia.

Según precisa Rafael Huete, el impétigo tiende a aparecer principalmente «en los meses cálidos y en climas húmedos que provocan una mayor exposición cutánea de la epidermis por el sudor, que facilita la infección». «Clínicamente, el impétigo contagioso cursa con la aparición de pústulas muy superficiales y frágiles que en unas diez o doce horas se rompen dejando una erosión superficial que acaba cubriéndose por una costra amarillenta que recuerda a la miel, por lo que se denomina melicérica, normalmente alrededor de la boca. El proceso es contagioso y es frecuente que se inicie como brotes entre hermanos y en la escuela o guardería», señala. «El ampolloso por su parte se inicia con la formación de ampollas flácilas que luego dejan una erosión que se cubre con una costra no melicérica sino marronácea», continúa Huete.

En los episodios del impédico el proceso es, como lo califica Rafael Huete, autoinvolutivo. «No suele dar a infecciones más severas ni a alteraciones del estado general salvo en niños inmunodeprimidos, aunque se puede complicar con una afectación renal en forma de glomerulonefritis aguda, haya habido o no tratamiento con antibióticos», informa. Otra variante es el ectima, de carácter profundo y causada por el estreptococo pyogenes, «que le da mayor gravedad con lesiones ulceradas dolorosas que pueden acompañarse de fiebre y linfadenitis aunque no debe confundirse con el ectima gangrenoso». El tratamiento en casos de pocas lesiones se basa en el descostrado diario, antisépticos y antibióticos tópicos mientras que si las lesiones fueran múltiples habría que añadir antibióticos por vía sistémica.

¿Cómo prevenir?

Aunque tanto la enfermedad boca-mano-pie como el impétigo son ambos «muy contagiosos», existen una serie de precauciones que pueden tomarse para evitarlos. «Hay que lavarse las manos muchísimas veces y no dejar que los niños asomen por la guardería cuando lo hayan cogido», recomienda el pediatra Rafael Huete. Los síntomas pueden ser difíciles de apreciar, ya que pueden ir acompañados de fiebre o pérdida de apetito o no. «Cuando haya aparecido el síndrome, se debe permanecer una semana sin acudir a la guardería en caso de la enfermedad boca-mano-pie al tratarse de un virus y dos en caso del impétigo, más engorroso. Se debe descansar y, entre familiares, nunca besar alrededor de la frente y la boca así como mantener vaso, tenedor y cuchara personales», aconseja. Para ninguno existe vacuna, aunque sí otros tratamientos cuando se agravan.

Fotos

Vídeos