Polémica por las nuevas hostias consagradas elaboradas con yuca

Polémica por las nuevas hostias consagradas elaboradas con yuca

La propuesta de un sacerdote brasileño de fabricar hostias con yuca, más resistente a la humedad que la harina de trigo, divide a los teólogos de la Iglesia católica

MARCELA VALENTE

La sugerencia del sacerdote brasileño parecía inofensiva, incluso políticamente correcta. Propuso que en la Amazonía, donde la humedad degrada la hostia hecha con harina de trigo, se elabore el pan con la molienda de yuca, un arbusto original de Sudamérica. Pero la iniciativa tocó una fibra sensible dentro de la Iglesia Católica. Se trata nada menos que de la materia que -según la fe- se transforma en el cuerpo de Jesús durante la liturgia eucarística.

El religioso que lo propuso no es un neófito. Es el padre Francisco de Assis Costa Taborda, un jesuita de 80 años que dedicó su vida al estudio de los sacramentos y la inculturación (la armonización entre cristianismo y culturas populares). Taborda es teólogo graduado en la Pontificia Universidad de Rio Grande do Sul y doctor por la Universidad de Mûnster, Alemania. Actualmente enseña Filosofía y Teología en la Universidad de Belo Horizonte en Brasil.

LA RECETA

La hostia de harina de trigo
La hostia es un pan que se fabrica a base de harina de trigo y agua, sin levadura
Si bien hoy existen empresas que las confeccionan y distribuyen en cantidad, subsisten conventos -sobre todo de religiosas- que todavía las elaboran de forma artesanal. De esa manera se cumple con la recomendación vaticana de que en la fabricación de la materia intervengan personas honestas, expertas y con los instrumentos adecuados.
Elaboración
Una vez realizada la mezcla de harina y agua, sin ninguna otra sustancia, la masa casi líquida se vuelca sobre una plancha caliente a 170 ° y se la prensa con otra desde arriba a fin de que se cocine y se evapore el agua
Una vez obtenida la lámina seca y crujiente, se corta y se mantiene al aire libre cinco o seis días para que quede totalmente libre de humedad. Luego se procede a cortarlas con un molde que les otorga su tradicional forma circular. La receta se utiliza también para la elaboración de obleas de turrones. La preparación casera lleva 150 gramos de harina de trigo, 40 de azúcar, 15 cucharadas de agua y una pizca de sal. Se mezclan bien los ingredientes y se cocina al horno.

En vísperas del Sínodo para la Amazonía que se celebrará en octubre en Roma, Taborda recomendó discutir el eventual reemplazo de la harina de trigo por harina de yuca en esa región donde la oblea sagrada se vuelve una pasta pegajosa en temporada de lluvias. El cura sabe de lo que habla. Si él sugiere ese cambio -una concesión a la promocionada inculturación- será que la adecuación no ofende a Dios.

No obstante, la propuesta fue acallada antes de que cunda. El subsecretario de la Secretaría General del Sínodo de Obispos, monseñor Fabio Fabene, aclaró que el tema no aparece en el documento que se discutirá en Roma pero advirtió por si acaso de que «cambiar la materia de la eucaristía es competencia de la Congregación para la Doctrina de la Fe».

Taborda, que admite que el asunto es complejo, lo había planteado en una reunión preparatoria del Sínodo que se realizó éste año en Roma. Allí acudieron los obispos de los nueve países de la Amazonía y otros expertos para preparar los ejes del debate que quedaron reflejados luego en el documento 'Instrumentum Laboris' publicado en junio. El brasileño también había advertido la falta de curas en la región y la necesidad de promover la ordenación de hombres casados donde no hay opción. Éste último tema sí quedó plasmado en el texto que los obispos discutirán en octubre.

El Sínodo fue convocado por el Papa Francisco, interesado en llegar con el Evangelio a los pueblos indígenas del pulmón del planeta. Para ello consideró imprescindible el diálogo intercultural. Por eso el documento recoge las sugerencias de las comunidades, entre ellas la de estudiar «la posibilidad de ordenación sacerdotal de ancianos indígenas, respetados por su comunidad, aunque tengan ya familia estable».

Ritual adaptado

De manera más ambigua, el texto a discutir plantea también que las comunidades piden que los obispos «adapten el ritual eucarístico a sus culturas». La idea está expresada en forma indeterminada pero podría abrir el debate sobre cambios en la materia de la hostia.

En el Concilio de Trento, celebrado entre 1545 y 1563, la Iglesia católica fijó la doctrina sobre la comunión bajo las dos especies (el pan ácimo de harina de trigo y el vino) y confirmó el dogma de la transformación de esos elementos en el cuerpo y la sangre de Jesús.

Para algunos clérigos, cambiar la materia sería como crear una nueva religión. De hecho, en 2017, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos exhortó a «vigilar» la calidad de los materiales con que se elaboran las hostias y afirmó que no son válidas las que no contengan gluten, lo que condena a los celíacos a comulgar sólo con vino. «El pan que se emplea debe ser ázimo, de solo trigo y hecho recientemente», sentenció luego la Congregación. «No es materia válida» el pan elaborado con otras sustancias, afirmó. Más aún, se considera «un abuso grave» introducirle azúcar o miel.

Consultado por este periódico, el padre Javier González Grenon, profesor de Derecho Canónico de la Universidad Católica Argentina, explicó que se trata de «una verdad de fe. La hostia debe ser de harina de trigo. Es porque Jesús utilizó ese elemento en su última cena». Si el medio ambiente degrada la materia, no se la puede sustituir. «Hay que tomar medidas de conservación para que no se adultere», señaló.

Pero no todos piensan lo mismo. Estudiosos como Taborda consideran que el asunto merece ser discutido. También lo cree así el teólogo italiano Andrea Grillo, profesor del Ateneo Pontificio San Anselmo. «Una atención obsesiva sobre los abusos en torno a la materia física muchas veces es fruto de una teología eucarística frágil, demasiado limitada y unilateral», desafió.

Grillo remarcó que estudios recientes de teólogos africanos demostraron que en Palestina, en tiempos de Jesús, el pan era de harina de maíz. «¿Por qué un uso diferente de materia debería parecer un abuso?», se pregunta el italiano. Y advierte de que «un escrúpulo exagerado sobre la materia revela el peligro de un deslizamiento materialista» entre los custodios de la fe.