Polémica por los restaurantes dedicados a mafiosos

Polémica por los restaurantes dedicados a mafiosos
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Un bar y un restaurante temáticos dedicados al narcotraficante Pablo Escobar y al 'capo de tutti capi' 'Totò' Riinalevantan una polémica en París

Los seductores acordes de 'Tuyo', de Rodrigo Amarante, hipnotizan en cuanto se cruza el umbral. «Soy el fuego que arde tu piel, soy el agua que mata tu sed», susurra la voz del brasileño en un pasillo de espejos y luces rojas, donde dos empleadas vestidas con lo que parecen chalecos antibalas organizan el ropero. Atrás ha quedado la fachada de una falsa taquería, un decorado en el que los gorilas son de verdad y el mexicano que duerme bajo un enorme sombrero es tan solo un maniquí. Para acceder al Medellín, el polémico local de moda en París, hay que entrar por un frigorífico, también falso, como todo lo demás. En la puerta dice 'Chez Pablo'. Pueden adivinarlo, sí, se trata de Escobar. Y no, no intenten comprender qué tienen que ver los tacos mexicanos con el peor criminal que ha parido Colombia.

Pero el sueño de la posmodernidad produce monstruos, y el Medellín es un lugar en el que se baila y se bebe a mayor gloria de un narcotraficante sanguinario que, catapultado por la serie de Netflix 'Narcos', sirve de decorado para las cuentas de Instagram de sus despreocupados clientes. Como en el Corleone by Lucia Riina, que ha abierto recientemente sus puertas en la capital francesa y sobre el que planea la sombra de otro capo del crimen organizado, 'la Bestia' 'Totò' Riina, la historia y el sufrimiento se banalizan en un afán comercial.

Detrás de la barra del Medellín, 'Narcos' se difunde en bucle en una pantalla. Sobre las paredes, aquí y allá, citas célebres del criminal, como 'Prefiero estar en una tumba en Colombia que en la celda de una cárcel en Estados Unidos', o 'Medellín es una ciudad muy bonita, pero construida sobre un cementerio, esto está lleno de muertos, ¡fue una orgía de sangre!'. Una cruz con velas simula la tumba del narco. En el pasillo que lleva al baño, una inscripción de 'Se busca' con el organigrama del cartel de Medellín, la famosa foto de su muerte a manos de los agentes de la DEA y un retrato de Pablo Escobar, ahora tachado por una cruz debido a la polémica que ha generado la temática del local.

«El día de la apertura un tipo disfrazado de Escobar tiraba harina por todas partes»

«Es una explotación comercial de la guerra nefasta que vivimos los habitantes de Medellín en los años 80 y 90», denuncia a este diario la psicóloga Angélica Toro, quien recuerda que «solo en el año 91, en la ciudad de Medellín hubo 7.000 asesinatos ligados a la guerra del narcotráfico». Toro, medellinense, convocó el pasado mes de noviembre una protesta con otros paisanos a las puertas del bar, situado en la chic avenida Marceau de París. «Convencimos a algunas personas para que no entraran después de explicarles quién fue realmente Pablo Escobar, aunque otros se burlaron de nosotros», explica.

El grupo ha formado un colectivo, Stop Medellín París, y ha presentado una reclamación ante el Ayuntamiento del distrito. Por el momento, lo único que ha hecho el propietario del local como respuesta ha sido tachar el retrato de Escobar y escribir 'No a Pablo, sí a Shakira'. El bar de cócteles no es el único que usa la figura del narcotraficante para vender. En Choisy-le-Roi, en la banlieu parisina, Pablo Tacos Bar vende algo parecido a los burritos mexicanos bajo la silueta bigotuda de Escobar y un poco sutil 'Tacos o plomo'. En su web cuentan la historia de 'Pablo', un personaje que lucha contra la 'Frenchy Connection', una banda formada por un pimiento, un tomate, una mazorca y un trozo de queso malcarados. 'Pablo' gana porque, aseguran, «es un hombre justo y siempre sabe sacar el lado bueno de sus aventuras».

De origen portugués, Emmanuel es vecino del Medellín y viene a menudo. «No me planteo si está bien o no. Criminales como Pablo Escobar ha habido muchos, pero en esta zona no hay demasiados bares que tengan este ambiente latino. Todo lo demás que encuentras es hip-hop o música electrónica», confiesa mientras apura un chupito de tequila. El camarero que se lo ha servido viste un falso chaleco de la DEA del que cuelgan unas esposas. Delante de la cabina del DJ, un dúo de guitarra y caja interpreta 'Guantanamera'. Como la propia decoración del bar, que parece haberse concebido metiendo en una coctelera todo aquello que recuerda a una fantasía latinoamericana -vírgenes, velas, esqueletos, pistolas, cactus y tacos-, la lista musical es un pastiche. Poco después se arrancan por sevillanas.

«Es un decorado»

Emmanuel estuvo aquí el día de la inauguración, que recuerda como «una auténtica locura. Había un tipo disfrazado de Pablo Escobar que llevaba un saco de harina y la iba tirando por todos lados», cuenta entre risas. El supuesto Escobar llevaba incluso una pistola (falsa, claro está). Como el dueño del local, Emmanuel argumenta que «el tema del bar no es Pablo Escobar, sino la serie 'Narcos'», y es cierto que los retratos representan a Wagner Moura, el actor que caracteriza al capo en la serie. «Es todo un decorado, inofensivo, es para divertirnos», bromea una camarera. Desde Stop Medellín París se preguntan si sería aceptable un local en Francia a la gloria de algún terrorista y en el que los camareros llevaran, por ejemplo, cinturones falsos de explosivos.

Quienes llevan décadas soportando la explotación comercial de un drama que sigue sembrando víctimas en Italia son los damnificados de la mafia, como puso de manifiesto en España la controversia en torno a la cadena de restaurantes La Mafia se sienta a la Mesa, sobre la que sus dueños también aseguran querer evocar la estética de la saga cinematográfica 'El Padrino' y no a la mafia en sí.

La última en sembrar la polémica ha sido la hija de uno de los más sanguinarios jefes de la Cosa Nostra siciliana, Salvatore Riina, conocido como 'Totò' por sus allegados, al que se atribuye la autoría física o intelectual de casi 200 asesinatos, entre ellos los de los jueces Giovanni Falcone y Paolo Borsellino. Lucia Riina, la benjamina de 'la Bestia', anunciaba hace tres meses en sus redes sociales que empezaba «una nueva vida en París».

Desde entonces trabaja en un restaurante al que ha dado nombre, Corleone by Lucia Riina, un local de gastronomía siciliana, decoración discreta, asientos de terciopelo verde y precios acordes al barrio en el que se encuentra, a un paso del parque Monceau y no lejos del Arco del Triunfo. Ella asegura que el negocio no le pertenece, que tan solo es una empleada, a pesar de su firma, y el dueño, el empresario Pascal Fratellini, afirma que no ha intentado sacar provecho del nombre, pero en Corleone los vecinos consideran intolerable que se asocie la ciudad al apellido Riina.

Nadie en el restaurante quiere hablar de la polémica, y la propia Riina asegura que no buscaba «ni provocar ni ofender a nadie». «Solo quería poner en valor mi faceta como artista y ensalzar la cocina siciliana», declaró al diario 'Le Parisien' en la única entrevista que ha concedido. La hija del capo que murió en la cárcel en noviembre de 2017 pinta algunos de los cuadros que se exponen en el local, donde los camareros son italianos, así como muchos de los comensales. De fondo suena Andrea Bocelli y en la puerta, como en los menús, un león sujeta un corazón, el escudo de armas de la ciudad, lo que ha levantado ampollas en esta comuna siciliana, donde le recuerdan que Corleone ya no es 'Cosa Loro (cosa suya)'.