El director del banco que ha sido condenado por prestar dinero a los pobres

El director del banco que ha sido condenado por prestar dinero a los pobres

La historia de este Robin Hood bancario acabó cuando algunos de los beneficiarios de estos peculiares prestamistas dejaron de cumplir con las cuotas de devolución y las cuentas empezaron a no cuadrar

DARÍO MENOR

A Gilberto Baschiera se le partió el corazón en 2009. La crisis financiera ya llevaba un año haciendo estragos y cada vez eran más los clientes que se pasaban por su despacho quejándose de los problemas económicos que tenían. No debía de ser fácil en aquellos turbulentos años trabajar como director de la oficina de la Banca de Crédito Cooperativo de Carnia y Gemonese en Fornia di Sopra, un pequeño pueblo situado en los Dolomitas (la parte oriental de los Alpes italianos), en el que todos los vecinos se conocen porque no llegan a los 1.000 habitantes. Harto de decir 'no' a las peticiones de crédito de sus clientes porque no contaban con las garantías exigidas por el instituto financiero, Baschiera decidió un día de 2009 cambiar de estrategia: empezó a coger dinero de las cuentas de los ricos para prestárselo a los más necesitados. No tardó en correrse la voz sobre su modo de actuar tan poco ortodoxo y en siete años se acumularon créditos por un valor total de más de un millón de euros.

La historia de este Robin Hood bancario acabó cuando algunos de los beneficiarios de estos peculiares prestamistas dejaron de cumplir con las cuotas de devolución y las cuentas empezaron a no cuadrar. Fueron los propios empleados de la banca los que descubrieron el pastel y no les quedó otra alternativa que denunciar a Baschiera. La Justicia le condenó por estafa y apropiación indebida a dos años de cárcel, aunque se libró de entrar en prisión y se encuentra ahora en libertad condicional. El juez valoró su colaboración con la investigación y que en todas sus operaciones fraudulentas no se hubiera quedado con un solo euro para él. Aún así a Baschiera su buen corazón le ha costado el despido y la pérdida de su vivienda, que el tribunal le ha incautado para pagar las deudas.

«Pecado de humanidad»

Aunque a sus 49 años se ha visto desempleado y sin casa, este 'Robin Hood' cree que no actuó del todo mal. «Iba a devolver el dinero», contó al diario milanés 'Corriere della Sera', que destapó su historia la semana pasada. Explicó que decidió saltarse las reglas como una especie de rebelión ante el sistema bancario que «abandona a los jubilados con la pensión mínima y a los jóvenes sin recursos». Después de que se descubriera el pastel, Baschiera llamó por teléfono a todos los clientes a los que les había quitado el dinero para explicarles el motivo por el que había actuado de ese modo. «He pensado siempre que además de tutelar a los ahorradores, nuestra obligación era socorrer a quienes estaban necesitados».

Su abogado, Roberto Mete, indicó que sólo quiso ayudar a los clientes en dificultades y a quienes se les denegaba un crédito. «Vive en un pueblo pequeño donde todos se conocen. Actuó así para hacer el bien», aseguró el letrado. En declaraciones a la BBC, Mete destacó que su defendido no utilizó el «sistema de financiación en la sombra» que creó para embolsarse dinero y sólo pretendió echar una mano a sus vecinos. «Él confiaba en que la gente a la que estaba ayudando iba a poder devolverle el dinero, pero algunos no lo hicieron». Si los beneficiaros de los créditos hubieran cumplido, es probable que el caso no habría salido nunca a la luz. «Los controles internos, que deberían haber impedido estos delitos, son ineficaces o incluso ausentes», advirtió en el diario 'Il Fatto Quotidiano' el economista Vincenzo Imperatore, que consideró que Baschiera había cometido un «pecado de humanidad». También criticó la incapacidad de los organismos de control bancario estatales y comparó la velocidad de la condena a este peculiar justiciero con las dificultades para procesar a los grandes ejecutivos bancarios cuyos errores le costaron al Estado millonarios rescates con dinero público.

Según el abogado, Baschiera no volvería a comportarse igual si tuviera la oportunidad: «Estaba convencido de que podía ayudar a la gente. Pero ahora está sin trabajo y ha perdido su casa». Son sin duda dos buenas razones para arrepentirse de haberse puesto el traje de Robin Hood.

 

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