La resaca de las bacanales de Berlusconi

Silvio Berlusconi se enfrenta a un juicio por pagar a 21 mujeres para que declaren en falso. Imane Fadil era una testigo clave contra él./
Silvio Berlusconi se enfrenta a un juicio por pagar a 21 mujeres para que declaren en falso. Imane Fadil era una testigo clave contra él.

La sospechosa muerte de la modelo Imane Fadil ha desenterrado el escándalo de las bacanales organizadas por Silvio Berlusconi

JAVIER GUILLENEA

De Silvio Berlusconi podrá decirse lo que se quiera y casi todo malo, pero lo que no se le puede negar es ese magnetismo que irradia, esa sonrisa esculpida en marfil entre los labios, esa apostura macarra de quien se piensa intocable, esa manera de andar que solo poseen quienes saben que siempre tienen preparada en la trattoria su mesa favorita, la del fondo a la izquierda, de cara a la puerta para evitar sorpresas inesperadas.

Tiene ya 82 años, pero como si no los tuviera. Entre estiramientos de piel e implantes capilares, Berlusconi, el tres veces primer ministro de Italia, luce como un chaval descarado que no deja de sonreír a la buena vida que se está pegando. Los billetes se le desparraman por los bolsillos, las mansiones se le acumulan en los llaveros y las más hermosas mujeres no le hacen ascos. O quizás sí, pero el bueno de 'Il cavaliere' es un hombre de recursos. Tiene dinero de sobra para pagar compañía. Y también su silencio.

Berlusconi ha comprado muchos silencios a lo largo de su ajetreada vida en los tribunales. En 2013 fue condenado a siete años de prisión por abuso de poder e incitación a la prostitución de menores, pero dos años después fue absuelto. En enero de 2017 se vio envuelto en un nuevo proceso en el que se le acusa de haber sobornado a varias mujeres para prestar falso testimonio. El juicio aún no ha comenzado pero, cuando lo haga, estará marcado por una muerte y muchas sospechas.

Imane Fadil, una modelo de origen marroquí de 34 años, se sintió indispuesta el pasado 29 de enero e ingresó en un hospital de Milán. Padecía fuertes dolores de estómago que no hicieron sino empeorar hasta que murió, el 1 de marzo, después de una larga y dolorosa agonía. Un primer examen de restos de líquidos biológicos como sangre y orina reveló niveles muy por encima de lo normal de metales como cadmio, antimonio, cromo y molibdeno, unas sustancias letales en dosis altas. A la espera del resultado de la autopsia, la Fiscalía ha abierto una investigación por homicidio voluntario, aunque no descarta otras hipótesis.

Todas las miradas se han vuelto hacia Silvio Berlusconi, que se ha apresurado a asegurar que él no conocía de nada a la chica. Es dudoso que diga la verdad, sobre todo porque Imane Fadil fue una de las mujeres que testificaron en su contra en el proceso en el que le condenaron a siete años. Ella y otras más participaron en los bunga bunga, las bacanales que 'Il cavaliere' montaba en su palacete de Arcore, a las afueras de Milán.

Le llamaban 'papi'

Aquellas eran unas juergas en las que no faltaba de nada y que también se repetían en Villa Certosa, la casa de veraneo de Berlusconi en Cerdeña. El entonces primer ministro hacía gala de ser un hombre generoso, de esos que no reparan en gastos con tal de que sus invitados se sientan como en casa. Para lograrlo se rodeaba de una corte de prostitutas y aspirantes a estrellas de televisión que hacían las delicias de los presentes. En las fiestas, en las que participaban políticos, empresarios y periodistas, las chicas se disfrazaban de monjas, policías e incluso del futbolista brasileño Ronaldinho, que hay que tener morbo, y bailaban sensualmente hasta quedarse en ropa interior o desnudas antes de pasar a mayores. Al todopoderoso mandatario le gustaba que le llamaran 'papi'. Todo muy familiar. Lo dicho, como en casa.

Las cosas comenzaron a torcerse el 27 de mayo de 2010, cuando una de esas mujeres, Karima El Mahroug, más conocida como 'Ruby robacorazones', fue detenida por la Policía acusada de haber robado a una amiga. Alertado por el arresto, 'Il cavaliere', que entonces se hallaba en París en una reunión de la OCDE, hizo gala de su sobrenombre y llamó a la comisaría para que pusieran en libertad a la chica. Lo tuvo fácil, le bastó con decir quién era y asegurar que tenían en su poder ni más ni menos que a la sobrina del presidente egipcio Hosni Mubarak y que no era cosa de provocar un grave incidente diplomático. 'Ruby' salió a la calle con todos los honores, pero el daño ya estaba hecho. Karima había nacido en Marruecos 17 años antes, era menor de edad.

Cinco meses después estalló el 'Rubygate'. La Fiscalía se puso a investigar y llegó a la conclusión de que Berlusconi había utilizado su poder para poner en libertad a la chica con el fin de cubrir un delito de prostitución de menores. En junio de 2013, 'Il cavaliere', que había dejado el Gobierno en noviembre de 2011, fue condenado a prisión tras un largo juicio en el que Chiara Danese, Ambra Battilana y la difunta Imane Fadil, tres de las invitadas a los bunga bunga, contaron lo que ocurría en las fiestas. El resto de las mujeres, entre ellas Nicole Minetti, amante de Berlusconi y diputada regional en Lombardía por Forza Italia, juraron que aquellas supuestas bacanales no eran sino inocentes «cenas elegantes», quizá un poco picantonas, pero sin sexo, solo con chistes y canciones.

El tribunal no se lo creyó. En su sentencia, consideró probado que Berlusconi mantuvo relaciones sexuales con 'Ruby robacorazones' «a cambio de ingentes cantidades de dinero y otras utilidades, como joyas». Las tres magistradas que juzgaron el caso señalaron que aquellas cenas formaban parte de «un auténtico sistema de prostitución» y acusaron al procesado de intentar comprar a los testigos. Tamañas aseveraciones habrían acabado con cualquiera, pero Berlusconi es un hombre hecho a sí mismo que no se hunde fácilmente. Apeló y en 2014 un tribunal le absolvió porque, pese a que la prostitución sí había existido, el condenado «no conocía la edad» de 'Ruby'.

La historia no acabó ahí. Nuevas duras pruebas aguardaban al exprimer ministro, que desde 2013 preside el partido Forza Italia. Después del primer asalto, el 'Rubygate' prosiguió su camino con dos procesos más, el 'Ruby bis', que llevo a la cárcel a dos amigos de Berlusconi -el presentador de televisión Emilio Fede y el agente de famosos Lele Mora- por favorecer la prostitución, y el 'Ruby ter' (de tercera), una causa que se mantiene abierta en Milán. En ella se le acusa de haber pagado diez millones de euros a 21 chicas para que dieran falso testimonio sobre los bunga bunga.

Testigo clave

Durante las investigaciones, Imane Fadil, convertida en testigo clave de la acusación, aseguró que el exprimer ministro compró el silencio de las mujeres con sobres de dinero, alquileres pagados, coches y joyas. Las aludidas, empezando por la propia Karima El Mahroug, que no tiene más que buenas palabras para su protector, lo negaron todo y así, entre declaraciones y aplazamientos, el caso fue languideciendo hasta que en diciembre de 2018 entró en escena Egidio Verzini, uno de los exabogados de 'Ruby'.

Bueno, más que entrar, lo que hizo fue salir, porque el letrado, que padecía cáncer, murió con suicidio asistido en una clínica de Suiza, no sin antes dejar una especie de testamento en el que, libre ya de las amenazas de la vida, revela que Berlusconi pagó cinco millones de euros a 'Ruby' para mantener su boca cerrada. Este testimonio ha servido para revitalizar un caso que ha despertado de su letargo para volverse taquicárdico con la sospechosa muerte de Imane Fadil.

La mujer fallecida había mostrado en varias ocasiones su temor a ser envenenada. En 2012 contó que un intermediario sirio había intentado comprar su silencio por encargo de Berlusconi. Cuando ella se negó, el hombre le aconsejó que mantuviera la boca cerrada. También había anunciado su intención de publicar un libro titulado 'Encontré al diablo' para contar lo que realmente ocurría en los bunga bunga. El manuscrito ha sido incautado por la Policía por orden de la Fiscalía.

En una entrevista concedida al periódico 'Il Fatto', Imane Fadil narró detalles de aquellas «cenas elegantes» en la mansión de Silvio Berlusconi, en las que ella vio «presencias extrañas, siniestras», y en las que «había chicas desnudas que bailaban mientras otra, solo con un tanga, se agitaba en el suelo». «Allí dentro está el Mal, yo lo he visto», dijo meses antes de morir.