La procesionaria, una amenaza mortal para los perros

La procesionaria, una amenaza mortal para los perros

Los canes que olisquean o chupan estas orugas, altamente urticantes, pueden llegar a morir

ROCÍO R. GAVIRA

La conocida como procesionaria del pino es un lepidóptero, ‘Thaumetopoea pityocampa‘, con un ciclo vital en tres fase: huevo, larva (oruga) y adulto (mariposa). Aunque es en primavera cuando se cruzan con los humanos y las mascotas, la procesionaria siempre está ahí. “Abunda en los pinos de Europa del sur y central, pero también aparecen en cedros y abetos”, dice Marisa López Leyva, veterinaria en Granada. Quizá hayan visto a las procesionarias descendiendo por el tronco de los pinos, como si fueran un único gran gusano. Nuestros perros, que todo lo olisquean, querrán asomar también el hocico a esa cosa curiosa, ignorando que pueden llegar a perder la vida.

En esta época del año, entre febrero y abril, la procesionaria abandona su nido (esas bolas blancas que forma en la copa de los pinos) para pasar de larva a crisálida. Las orugas bajan por el pino en fila india -de ahí el nombre de procesionaria- guiadas por una hembra, con el fin de enterrarse en el suelo donde termina su desarrollo y volar en julio como mariposas.

Mientras las orugas circulan por los pinares, comienza el problema para los perros. Son extremadamente venenosas: producen urticarias y alergias en personas y en animales. “Las orugas tienen miles de pelillos que son como dardos envenenados -la sustancia que libera se llama histamina- que sueltan al sentirse amenazadas”, explica Marisa López. La procesionaria provoca varias lesiones en los perros: babeo, el animal intenta rascar desesperadamente la zona afectada, hinchazón de la lengua, la boca, el esófago y el estómago. “En la lengua aparecen unas manchas rojizas o moradas -continúa la veterinaria-, como ampollas y se le caen trozos de la lengua por necrosis, aunque esto no es inmediato”. En caso de que el perro ingiera estos gusanos o la zona afectada de la lengua sea muy grande, “el animal puede morir”, advierte López Leyva. Y cuidado con los shar-pei, son especialmente sensibles.

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