«El poder es una cárcel de la que nunca sales»

Olga Cuenca, o Ty Trias, en su estudio de Madrid con las obras que está preparando para su próxima exposición./VIRGINIA CARRASCO
Olga Cuenca, o Ty Trias, en su estudio de Madrid con las obras que está preparando para su próxima exposición. / VIRGINIA CARRASCO

Olga Cuenca fue una de las mujeres más influyentes de España hasta que se hartó de la vida que llevaba y se convirtió en Ty Trias, una «artista emergente».Ahora por fin es feliz

JAVIER GUILLENEA

Una revista de arte publicó el lunes una información sobre Ty Trias, una «artista emergente» que en enero celebró en Madrid su primera exposición en solitario y ya está preparando la segunda. Su obra, muy variada, incluye fotografías, pinturas, esculturas y vídeos en los que deja entrever el rastro de su intensa vida. A sus 59 años, Ty se muestra encantada de que la llamen emergente y cuando lo dice ríe abiertamente. La suya es una risa expansiva, de esas que parecen recién llegadas al mundo, de las que dan ganas de volver a escuchar por si contagia.

- ¿Antes se reía así?

- Cuando era niña sí.

- ¿Y luego?

- Luego ya me entró la obligación, el deber, y dejé de reírme. Tiene usted razón, he vuelto a reír.

- No me la imagino así en una reunión a punto de cerrar un importante acuerdo.

- Para nada, era todo lo contrario.

- En las películas siempre están serios.

- Era lo que se ve en las películas, la dureza de ese trabajo.

- ¿Tenía que ser dura?

- Es que no te queda otra, de verdad. Es muy difícil. Lo que se ve en las películas es lo que hay.

- ¿Ha tenido que dar muchas puñaladas en su vida?

- Espero no haberlo hecho con intención. He intentado trabajar siempre mucho y hacerlo lo mejor posible y luego es verdad que las cosas salen como salen, pero no había intención. Surgen adversarios que no son enemigos, pero una cuenta tienes que ganarla. En cualquier caso, si lo he hecho lo siento, no es lo que hubiera querido.

A principios de año un periódico digital se preguntaba en un artículo qué fue de Olga Cuenca, la mujer que cofundó y presidió Llorente & Cuenca, que con el tiempo se convirtió en la mayor consultoría de comunicación de España. En 2011 entró en el Top 100 de las mujeres líderes del país, un honor que repitió al año siguiente. Estaba en la cumbre, en lo más alto, tenía el mundo en sus manos, la vida le sonreía. «Pero estaba cansada, ya no podía seguir ese ritmo», dice.

Olga lo dejó. Vendió su participación en la compañía y desapareció del mapa. Cuando regresó lo hizo transformada en Ty Trias. «¿Que si me siento liberada? Estoy muy feliz viviendo plenamente la vida que he escogido y haciendo algo que realmente me llena», responde la que fue una de las mujeres más influyentes de España y ahora es una artista emergente. Olga Cuenca ha vivido varias vidas y de ellas habla por primera vez.

«De niña quería ser artista, a mí me habría gustado hacer Bellas Artes pero no fue posible». El peso de la tradición en una familia con varias generaciones de médicos pudo más que los deseos y Olga se matriculó en Medicina. Cuando acabó la carrera, se especializó en Psiquiatría en Francia y se dispuso a recorrer la senda familiar, pero una llamada cambió su vida. «Una empresa me planteó encargarme del área de comunicación sanitaria y yo acepté aunque ni sabía que existiera un trabajo así», recuerda.

La artista y la psiquiatra dieron paso a una experta en comunicación que en 1995 fundó junto a José Antonio Llorente una consultoría con la que emprendió el camino hacia el éxito. «Tengo la sensación íntima de que todo me ha costado mucho. Me siento afortunada de lo que he conseguido pero detrás hay muchísimo esfuerzo. Al pensar en ello no me digo qué éxito he tenido sino qué duro ha sido», explica.

Cuando empezó su ascenso, ser mujer no era una buena credencial para triunfar en el mundo de los negocios. «En mi generación, y en la de mi madre todavía peor, hemos luchado muy duro para tener un reconocimiento profesional», afirma Olga.

- ¿Fue complicado?

- No ha sido muy fácil, aunque no solo para mí sino para todas las mujeres. Yo solo tengo un hijo y esa fue una elección difícil, pero no podía con todo. Eso es así, tienes que elegir. No es fácil, aunque volvería a hacerlo.

- ¿Qué obstáculos tuvo que vencer?

- Cuando todo se hace de la misma manera, como en un club, hay una forma de hacer las cosas y todo lo nuevo resulta complejo. Tú opinas y, si lo haces delante de varios hombres, lo que dices no se tiene en cuenta o se tiene en cuenta si la comentas en particular con otra persona que avala tu opinión. Es difícil que consideren tus puntos de vista, que crean que es correcto lo que haces, y ya no te digo si eres muy creativa o muy innovadora. Es como si continuamente tuvieras que estar demostrando que vales, y eso es agotador.

- ¿Es como si cualquier idea suya tuviera que estar tutelada por un hombre?

- Exactamente y, además, ojo si no te tutela, porque entonces estás en el abismo.

Olga Cuenca no cayó en el abismo y, si lo hizo, fue en otro. La compañía que presidía dio el salto y se convirtió en una poderosa multinacional con oficinas abiertas en tres continentes. La influyente empresaria cerraba negocios, daba charlas, acudía a recepciones, recibía premios y se fotografiaba con la realeza junto con su entonces compañero sentimental, José Antonio Llorente. Era un sueño hecho realidad, algo que nunca llegó a imaginar aquella niña que quería ser artista. Pero faltaba algo.

«La compañía o la vida»

- ¿Era feliz?

- Pues no mucho. Era la compañía o la vida, no había otra.

- ¿Merecía la pena?

- El problema es que cuando estás en el circuito, cuando ya has entrado, es muy difícil descolgarse porque tienes muchos compromisos y muchas responsabilidades. Te dicen que es fantástico, extraordinario, que eso es el éxito, y tú en el fondo piensas 'pero si no hago más que trabajar'.

- ¿No hacía más?

- Yo vivía para trabajar y cuando trabajas tanto descuidas los afectos. Nosotros hicimos de una 'start up' pequeñita una multinacional, yo podía estar un día en Pekín y luego en Buenos Aires o en México. Así es imposible tener una vida que funciona.

- ¿Se duerme bien con tanta responsabilidad?

- Solo piensas en el trabajo y cuando tienes operaciones en tres continentes podrías estar trabajando 24 horas. En esa vorágine nunca es bastante, puedes hacer un vuelo de once horas de Madrid a Buenos Aires, llegar casi sin dormir justo antes de las ocho de la mañana para mantener entrevistas todo el día, comidas, cenas... Hay gente muy resistente pero yo no lo soy tanto.

«Llega un momento en el que te das cuenta de que todo eso no solo no tiene fin sino que no se va a arreglar, que no va a mejorar», afirma Cuenca. Tras su ruptura con José Antonio Llorente y sus intentos infructuosos por «trasladar otro tipo de forma de actuar a la compañía», abandonó la empresa que había creado y se sumergió en el anonimato para reinventarse. En 2012 dejó atrás el poder que había tardado 17 años en amasar y se preparó para emprender una nueva vida.

- Usted ha sido poderosa.

- Un poquito.

- ¿Qué se siente?

- Si no tienes el poder resulta muy difícil hacer las cosas, no puedes hacer lo que quieres hacer. De hecho, cuando dejas de tenerlo nadie te sigue. El poder es lo que permite que las cosas salgan adelante.

- Llegar al poder es complicado. ¿Y conservarlo?

- Llegar cuesta mucho trabajo y mucha dedicación, pero conservarlo es mucho más difícil porque es algo que tiene que ver con lo que los demás quieren y no con las ideas que puedas aportar. Al final dedicas más tiempo a mantener el poder que a hacer tu trabajo.

- ¿Le ocurrió eso a usted?

- Totalmente, te lleva el 80% de tu tiempo. Llegó un momento en el que me dije que no podía estar permanentemente gestionando solo el poder para que no me quitaran de en medio.

- Habla del poder como si fuera una cárcel.

- Es que lo es. Es una cárcel de la que nunca sales.

La única manera de conseguirlo es apearse en marcha, que es lo que hizo Olga. Ahora ella también es Ty Trias, una artista que está preparando para su próxima exposición una instalación con esculturas de madera que recrearán un bosque. Los árboles, que representarán a la vez seres humanos arraigados a la tierra, ocuparán el centro de un espacio rodeado por fotografías. «A mí me interesa mucho la luz con todo lo que lleva, con sus sombras. Lacan, uno de los grandes psicoanalistas franceses, dice que hay que ir a lo profundo para ver la luz».

- ¿Usted ya ha estado en lo profundo?

- Sí. Ahora estoy en la luz, por eso me río.