El negocio de los trasteros alquilados se dispara en España

Un hombre apila cajas y enseres personales en su camarote a renta, en un centro de autoalmacenaje. En casa no le caben. :: mireya lópez/
Un hombre apila cajas y enseres personales en su camarote a renta, en un centro de autoalmacenaje. En casa no le caben. :: mireya lópez

El consumismo, la obsesión por guardar y el encarecimiento de la vivienda sitúan a España en el tercer lugar de Europa con más negocios de trasteros de alquiler

ICÍAR OCHOA DE OLANO

España no es un país de minimalismos, ni menos aún de ascetas. Nos gusta adornarnos, comprar, tener, guardar y, en ese 'todo entrar y nada salir' que rige la dinámica de nuestras pertenencias, acumulamos a menudo más de lo que físicamente podemos asumir. Los señuelos letales del consumismo chocan de bruces contra las dimensiones de las viviendas, cada vez más caras y, en consecuencia, más pequeñas y peor dotadas de espacio adicional de lo que muchos quisieran. Como resultado, nuestros enseres amenazan seriamente con engullirnos. O, por lo menos, con echarnos de casa. ¿Exagerado?

- Si pudiéramos husmear en alguno de los 426 centros dedicados al alquiler de trasteros que operan en España, ¿qué objetos encontraríamos una y otra vez?

- Ropa (sobre todo en los cambios de temporada), muebles (que no se quieren tirar y no se sabe qué hacer con ellos), artículos de deporte (esquís, palos de golf, bicicletas), archivos, herramientas...

Quien responde es Carles Viladecans, gerente de la Asociación Española de Self Storage (lo traducen como «almacenamiento de autoservicio»), donde se concentran medio centenar de las 220 firmas que se dedican ya en el país a este floreciente negocio. Todas ellas gestionan 426 'guardatrastos' con una superficie global de unos 910.000 metros cuadrados. Imaginen 110 campos de fútbol, uno detrás de otro, convenientemente compartimentados en habitáculos de 1 metro cúbico, 10 o 200. En toda Europa, tan solo dos países superan esta apabullante oferta. La primera posición la ocupa, de largo, Gran Bretaña, con nada menos que 1.505 servicios y cerca de 4,5 millones de metros cuadrados, y la segunda, Francia, en donde 480 negocios de autoalmacenaje brindan 1,1 millones de metros cuadrados para conservar cachivaches, según revela la memoria recién redactada por la federación continental de estas empresas, relativa a 2018.

El sector no para de crecer. En los últimos tres años lo hace en España a un ritmo «superior al 15%», lo que ha permitido que la facturación supere los 60 millones de euros en el último ejercicio. «El encarecimiento del mercado inmobiliario, tanto el de alquiler como el de venta, y el consumismo provocan que la gente no pueda adquirir pisos tan grandes como quisiera. Tiene que prescindir de metros cuadrados y a la vez está abocada a contratar un trastero, porque no le cabe todo lo que tiene, bien sea porque compra mucho, la familia ha aumentado, ha fallecido algún pariente que le ha dejado cosas, se han mudado a un lugar más pequeño, etcétera. Este fenómeno ha alumbrado los llamados trasteros urbanos, que se han empezado a habilitar en el centro de las ciudades. A menudo, en los bajos de las viviendas», expone Viladecans.

Pero no siempre fue así. La industria del 'self storage' nació en los Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial, se expandió a Europa en la década de los ochenta y llegó a España a finales de siglo pasado. Su vocación entonces era principalmente empresarial, por lo que los primeros negocios se instalaron en lugares bien comunicados de la periferia de las metrópolis. Hoy, las pymes y los autónomos siguen constituyendo una de las dos patas que sostienen el negocio.

«Los trasteros funcionan en muchos casos como alternativas a las oficinas comerciales de los centros de las ciudades. Las cierran para ahorrarse unas rentas casi siempre caras. Mandan al personal a trabajar desde sus casas y el material lo guardan en nuestros centros. Pasa también mucho con los técnicos de mantenimiento. La seguridad y la flexibilidad que les ofrece este servicio son totales. Hoy pueden tener 10 metros cuadrados y mañana pasarse a los 20», explican Naia y Nagore Maruri, dos hermanas gemelas, ambas ingenieras de telecomunicaciones, que hace siete años dedicieron dejar sus respectivas trayectorias profesionales, una en Madrid, otra en Barcelona, para embarcarse en el mundo del 'self storage'.

Las propietarias ahora de Bilbox, un edificio industrial de tres plantas y 5.000 metros cuadrados para camarotes, ultiman un segundo negocio en la capital vizcaína, esta vez de 8.000 metros cuadrados, con tecnología punta y servicios prácticamente a la carta. «Los particulares, que son el 40% de nuestros clientes, van en aumento, así que no solo les ofrecemos trasteros para sus enseres. Si quieren, nosotros vamos a sus casas, desmontamos muebles, metemos las cosas en cajas y las traemos», promocionan. Un pisito de dos metros cuadrados para los bártulos sale allí a 50 euros al mes. «Nosotras decimos que esto es como un hotel para tus cosas: acceso libre las 24 horas, apertura mediante app, servicio de párking, alarma individual...».

Te organizo la casa

Pero la solución para compensar el desequilibrio entre lo que poseemos y donde vivimos no pasa inevitablemente por recurrir a estos centros. Pasa por llamar a Alicia Iglesias, o eso sostiene esta bióloga asturiana reciclada en 'coach' de Organización. Es decir, en devolver el 'Orden y la limpeza en casa', como se titula su exitoso blog. «Yo tengo un cajón donde guardo siete pantalones doblados en vertical. No caben más, luego si entra uno, sale otro. Otro ejemplo. Alguien tiene cuatro vajillas. ¿Puedo gestionarlas? No. Pues me quedo con una». Más o menos, eso es lo que les espera si le invitan a su casa.

«Le aseguro que la gente que recurre a los trasteros para meter allí sus cosas no pasan por allí ni una sola vez al año. Un tipo de clientes que me llega es el de 'ayúdame a ordenar mi trastero'. La mayoría se sorprende de las pertenencias que encuentran. Es educacional, viene de la escasez de la guerra civil. Nuestro abuelos intentaban guardarlo todo y nos lo han transmitido», cuenta Iglesias. «Pero si, aun así, alguien se empeña en contratar un trastero, mi recomendación es que haga un inventario de todo lo que lleva allí», agrega.