El peligro del saludo tradicional para tu salud

Recomendado. Estornudar o toser en la parte interna del codo es mejor, desde el punto de vista de la salud pública, que en la mano, porque a través de esta se van propagando virus y bacterias a otras personas y objetos. :: R. C./
Recomendado. Estornudar o toser en la parte interna del codo es mejor, desde el punto de vista de la salud pública, que en la mano, porque a través de esta se van propagando virus y bacterias a otras personas y objetos. :: R. C.

El saludo más habitual es una vía de contagio de enfermedades. Algunos hospitales americanos establecen ya zonas libres del apretón de manos. «Lavárselas es la forma más barata y eficaz de prevenir infecciones», recuerdan los expertos

INÉS GALLASTEGUI

En la cultura occidental, rechazar una mano tendida es una grave descortesía. Sin embargo, este saludo formal que hunde sus raíces en la Edad Media, cuando los caballeros extendían la diestra para mostrar que no iban a desenfundar la espada, quizá tenga los días contados. Nuestras extremidades superiores han demostrado ser la principal vía de transmisión de un montón de enfermedades, tanto por contacto directo como indirecto, a través de las superficies que tocamos con ellas, hasta el punto de que en algunos hospitales americanos el tradicional apretón está proscrito. Por si fuera poco, con este gesto bienintencionado también podemos esparcir material biológico con nuestro ADN que podría acabar -con un poco de mala suerte- en un arma homicida.

En un cuerpo humano cualquiera hay tantas bacterias como células, entre 30 y 40 billones, la mayor parte de ellas en el tracto digestivo -desde la placa dental y la saliva en la boca hasta la microbiota intestinal- y en la piel. En esta capa protectora conviven la flora bacteriana residente, que siempre acompaña al huésped, y la transeúnte, causante de enfermedades, que se adquiere por contacto y se elimina fácilmente con el lavado. Y las manos, una de las partes más expuestas de nuestra anatomía y con las que exploramos el mundo, son una fiesta para los gérmenes.

¿Sabemos dónde ha estado esa mano que se acerca amistosamente hacia nosotros? Un individuo que no se lava después de ir al baño -y no son pocos: el 49% de las mujeres y el 63% de los hombres, según algunos estudios- puede transmitir bacterias que viven en el intestino al tocar a otra persona, manipular alimentos o rozar superficies en lugares públicos. Otro tanto ocurre con los virus.

El doctor Francisco Guillén, director del Servicio de Medicina Preventiva en la Clínica Universidad de Navarra, recuerda que antes se usaban con los pacientes con gripe precauciones para evitar la transmisión por gotas -que se producen al hablar, toser o estornudar y pueden alcanzar un metro de distancia-, como la mascarilla, pero desde hace unos años se ha comprobado que el contacto es una importante vía de contagio.

¿Cómo se produce esa cadena de transmisión? Cuando un griposo tose o estornuda tapándose la cara con la palma o el puño, el virus pasa a sus manos y después, a cualquier cosa que toque con ellas. En la piel, la 'influenza' apenas sobrevive unos minutos, pero en superficies inertes -los picaportes, las puertas, las barandillas de las escaleras o el botón de un ascensor- puede durar hasta 48 horas. Después, solo hace falta que la persona que ha tocado al enfermo o el objeto donde ha quedado el microbio se lleve los dedos al rostro. «Algunos estudios han revelado que lo hacemos una media de 23 veces a la hora», recuerda el doctor Guillén, secretario de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene.

Los hospitales son un entorno propicio para la transmisión de microorganismos patógenos, ya que los sujetos ingresados son más vulnerables, bien porque su sistema inmune está deprimido, bien porque tienen una puerta de entrada a las infecciones -una herida quirúrgica, una sonda o una vía-, o ambas cosas. Con el agravante de que cada vez hay más bacterias multirresistentes a los antibióticos. «Un 6% de los pacientes adquiere una infección durante su estancia en un hospital», subraya el catedrático.

De ahí el esfuerzo de los centros sanitarios por extremar la limpieza de las superficies y la higiene de sus trabajadores. «El lavado de manos es la medida más barata y eficaz para prevenir infecciones», argumenta Amelia Fernández Sierra, directora de la unidad de Medicina Preventiva y Salud Pública del Hospital Virgen de las Nieves de Granada. El personal, subraya, debería lavarse las manos antes y después de cada tarea, para protegerse a sí mismo y a los enfermos. En algunos servicios, eso significa 30 o 40 lavados en una jornada. El programa de la OMS para contabilizar el número de veces que un sanitario debería desinfectarse y el número de veces que efectivamente lo hace revela que esta rutina no está lo bastante implantada entre los profesionales españoles.

Y no se trata de enseñarle el agua a los dedos con un par de vueltas bajo el grifo, sino de un frotado minucioso con una técnica muy precisa para eliminar los gérmenes de todos los rincones. Si no hay fluidos orgánicos, el agua y el jabón pueden ser sustituidos por una solución hidroalcohólica, que acelera el procedimiento (apenas 30 segundos), es menos agresiva para la piel y no precisa toalla (las de tela son otro foco de contagio). Cada vez más centros sanitarios colocan expendedores de alcogel en las habitaciones. Y los visitantes y acompañantes de los enfermos deberían utilizarlos también, recuerda la doctora Fernández, quien advierte contra el uso de guantes si no se cambian con la frecuencia necesaria.

Choque de puños

Como no tiene mucho sentido tomar tantas precauciones para luego arruinarlo todo saludando a diestra y siniestra a colegas o pacientes, chocar los cinco es un gesto bajo sospecha en ciertos entornos sanitarios. Algunos hospitales de Estados Unidos han establecido zonas libres de apretones de manos, señalizadas con carteles, en unidades especialmente vulnerables -como las UCIs pediátricas- o en época de epidemia de gripe. Hace unos años, un tal doctor McClellan descubrió que en el saludo con choque de puños se intercambiaban cuatro veces menos bacterias que juntando las palmas. El tradicional intercambio de 'besos sociales' -en realidad, mejilla con mejilla- podría ser menos contagioso, propone Amelia Fernández. O unas palmaditas en el brazo, sugiere Francisco Guillén.

Pero los gérmenes no son lo único que se pasa con el tradicional saludo. En la última reunión de la Academia Americana de Ciencias Forenses, la investigadora Cynthia Cale reveló que un apretón de manos de 10 segundos puede transferir el ADN de una persona a un objeto que nunca ha tocado. En sus experimentos, en un 7% de las ocasiones el saludo entre dos personas tenía como resultado que un cuchillo empuñado por la segunda conservaba la huella genética de la primera.

¿Invalidan estos juegos de laboratorio las pruebas utilizadas en investigación criminal? Los expertos creen que no. «La llamada transferencia secundaria está descrita desde hace muchos años, y se debe a la potencia que la actual tecnología de análisis del ADN tiene en el campo forense», explica José Antonio Lorente, catedrático de Medicina Legal de la Universidad de Granada. En la vida real, la probabilidad de que minúsculos restos biológicos de una persona aparezcan en lugares donde nunca ha estado o en objetos que jamás ha tocado a causa de una formalidad es muy baja y la cantidad de material genético, pequeña. Pero quizá acabemos todos saludando como los japoneses -para quienes el contacto físico con desconocidos es una intolerable invasión de su espacio privado-, con una leve y aséptica inclinación de cabeza.