«Patrullo cada día»: la chica que lleva años ahuyentando carteristas en el metro

Eliana posa, silbato en mano, antes de iniciar una de sus jornadas de patrulla ciudadana por el subsuelo barcelonés./
Eliana posa, silbato en mano, antes de iniciar una de sus jornadas de patrulla ciudadana por el subsuelo barcelonés.

Eliana Guerrero reivindica su figura: «Había que hacer algo»

IRMA CUESTA

Quizá porque haber nacido en la ciudad colombiana de Medellín, apodada Metrallo en 'honor' del narcotraficante Pablo Escobar, le marca a uno para siempre, Eliana Guerrero es como es. Incapaz de ver cómo los carteristas hacían todos los meses el agosto en el metro de Barcelona, lleva ya una década patrullando el subsuelo de la ciudad y ahuyentado a los ladrones. ¿Sus armas? Un silbato, un cartel con la palabra «carterista» escrito en cuatro idiomas y un montón de octavillas que informan a los viajeros de los métodos más comunes utilizados para birlar monederos y otros objetos de valor. A su cruzada en defensa de los viajeros desprevenidos se han sumado ya decenas de ciudadanos hartos de la inseguridad que, según denuncian, se respira en la ciudad condal.

- La pillamos con el silbato en la boca. ¿Cómo ha ido la tarde?

-Bien, muy bien. Hay mucho trabajo que hacer y siempre resulta gratificante. Especialmente ahora, que no soy yo sola. Nos organizamos en patrullas de ocho personas y recorremos las líneas más conflictivas del metro.

- ¿Qué le llevó a patrullar el subsuelo? ¿Le dieron un tirón y juró venganza?

- No exactamente, pero casi. Un día vi cómo unos carteristas robaban un estuche a una pareja de turistas mayores y luego lo abandonaban en las escaleras. Lo recogí, lo abrí y vi que dentro había un bote de insulina. Los carteristas me lo arrancaron de las manos y lo tiraron al suelo, rompiendo el bote. Sentí una rabia y una impotencia enormes y decidí que había que hacer algo.

- Usted se dedica profesionalmente a la venta de pisos. ¿Cómo se organiza? Y no me diga que además tiene marido, hijos...

- No, jaja, pero tengo pareja y perro. La suerte es que él, que es alemán, ingeniero y trabaja en el nuevo Audi, lleva un tiempo muy liado. Así no se nota tanto la ausencia de uno.

- Ya, pero es una hora de patrulla al día, como mínimo, dos o tres los fines de semana...

- Y más no porque en la inmobiliaria tengo bastante lío. Nuestra filosofía es huir de esas comisiones que te dejan seca. Cuando compré mi local, me sablearon 9.000 euros y decidí que tenían que hacerse las cosas de otro modo. Y aquí estamos. También en esto...

- Seguro que en tantos años plantándole cara a delincuentes le habrán dado más de un susto...

-La verdad es que me he pegado varias veces con los ladrones, y en una de las broncas me rompí varios dedos de la mano, pero eso no es lo habitual. Normalmente me escupen, me enseñan los genitales o me insultan. Una vez me siguieron hasta casa y me amenazaron, pero nunca ha pasado de ahí. Saben que robar les va a suponer una multa, pero agredir es otra cosa más seria.

- Da la impresión de que está jugando con fuego y de que le va el riesgo.

- Lo que ocurre es que no me asusta. Cuando vivía en Colombia realicé las pruebas para ingresar en el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), el servicio de inteligencia y contrainteligencia colombiano. Después de un año, me quedé a las puertas. Luego me vine a España. Mi hermana estaba aquí y yo decidí que era un buen lugar para trabajar y vivir. Estoy encantada; recuerdo las primeras semanas... Me parecía imposible salir de una discoteca a las dos de la mañana y llegar a casa de una pieza.

Acto de rebeldía

- ¿Le reconocen su empeño en acabar con los robos, su valentía?

- Lo mío no es un acto de valentía, sino de rebeldía. Hay que rebelarse porque no podemos entregar Barcelona a cuatro carteristas. Para mí resulta muy gratificante ir a la cama sabiendo que has conseguido evitar que alguien pierda su pasaporte o su dinero por la acción de unos desalmados.

- ¿Es cierto que ahora requieren también sus servicios fuera del metro?

- Sí, resulta increíble. Me llaman para que patrulle en algunos eventos grandes, en los que también es muy habitual que los ladrones aprovechen para coger lo que no es suyo.

- Se está usted profesionalizando...

- Después de aquella primera experiencia me fui a la Tienda del Espía y me compré de todo, incluída una cámara oculta. Los primeros meses conseguí bastante información y ayudé a desarticular más de una banda. Con el tiempo, además, vas aprendido. Hace mucho que constaté que las estaciones más peligrosas son Drassanes, Sants, Catalunya y Passeig de Gràcia, y que los viernes es el día en que hay más carteristas sueltos.

- A estas alturas, imagino que se ha convertido en la peor de las pesadillas para los cacos que operan en Barcelona.

- Es cierto que a muchos de ellos ya los conozco, incluso me han llegado a ofrecer dinero para que deje de frustrar sus robos. También han tratado de hacerse mis amigos.

- Y usted, implacable.

- ¿Cómo vas a recibir dinero de los robos? Es dinero sucio. Cada uno debe ganarse la vida con su trabajo. Nunca con el esfuerzo de otro.